Santuario de paz y calma

Santuario de paz y calma

Entre las ramas, camuflada, en el alto de Caunedo, en ese valle de Somiedo, donde la vida es tierna y calma.

Respirando el aire límpido de la montaña, entre los bosques y los ríos, sorprendiéndome a cada momento con esos seres vivos, tan hermosos que allí habitan. Uno de los pocos santuarios de la naturaleza que aún existen.

Mi mirada se pasea, sin fijarse en ningún punto en concreto, el latido calmado almacena esa paz que te mece y te alimenta el alma.

De repente, un crujido, una rama que se parte y apareces.

¡Tú, sí.!

Hermoso, aun pequeño en edad, con curiosidad miras hacia donde me encuentro, esa pequeña atalaya, pues el aire cambió y me encontraste.

Intuías que no era un peligro, y en esas horas tardías en las que el sol comienza a agostar su brillo y su calor, disfrutabas de un gran banquete, tu solo en toda la avenida, no quise caer en la tentación de inmortalizarte con la cámara, preferí disfrutar observándote, delicia para mis emociones, que un gamo despertaba.

Un pequeño ruido, un arañar continuo e insistente, tras de mi, alertó mis sentidos y con mesura me di la vuelta.

Un gato montes me encontré, casi a mi vera. Tal vez olió la manzana que llevaba en el macuto o tal vez era su lugar de caza o de reposo.

Ahora si, me quede lo más quieta que pude, no quería ser presa involuntaria de sus arañazos o mordiscos, menudos son cuando se enfadan, tan hermosos mirarlos.

Él se acerco sin miedo alguno a mi macuto, pronto me quedaría sin él.

El ruido de un motor, escasos,  me salvó de ello, eso sí, le dejé la manzana que enseguida regreso y se comió a escasos metros de mi.

Y el cielo torna de tenues violetas que acarician la tarde, cantando a la noche que se acerca con presteza. Hay luna nueva, no debo retrasarme en el caminar de regreso, las luces del pueblo son escasas y los caminos zigzageantes, a veces embarrados y otras vallados de alambre o pequeñas puertas de madera que marcan las lindes de los terrenos.

Las vacas, los caballos, todo esta libre en un mundo de ensueño, donde tantas veces regresé para deleitarme y hacer que las emociones explosionen dando vida a la vida.

Marijose.-

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