Respirar el aire

armonioso de una vela

que aglutina el vigor

de dos extraños

que un día no lo fueron.

Al otro lado se aglutina

como dulce viento

que salpica la mirada,

el vaivén de tu recuerdo.

Amargor: es el reflejo,

lo que queda en el alma,

un adiós,

un cariño que se aleja

por la acera del destierro,

del despiste,

cuando la cera se acaba

y la vela se apaga.

Autor: Gustavo García Pradillo