Renacer

Renacer

Desperté, sin realmente despertar y ya había olvidado mi nombre, mi figura y hasta mi propio olor.
El espejo me devolvió una incierta imagen y no me reconocí, así que era el tiempo de iniciar de nuevo … y ¡que claro era el principio!, pero que nebuloso el camino.

Entonces aprendí nuevas palabras, nuevas esperanzas y hasta nuevas formas de caminar.
Intenté recordar, pero sólo llegaban a mi breves escenas de aquella fuerza natural que me fue entregada al nacer, algo de otras vidas y un poco de mi esencia inicial; en cada escena muy poco de mi.

Por fin, en un claro mensaje enviado desde el mundo etéreo fui avisada para cambiar de raíz.

Abandoné tu persona y con ello la carga de vida que fuiste para mí.
Abandoné mis temores.
Abandoné mis dolores.
Abandoné lo que en realidad no fui.

Y de pronto recordé qué era lo que quería, lo que amaba, lo que soñaba y lo que me hacía vibrar.
Renaciendo en el otoño, como una nueva hoja entre mil.
Renaciendo a mi propia vida y a mi esencia inicial.
Aún no lo puedo creer, pero cada día tocó la prueba tangible de que al décimo lustro un ser puede renacer.
Asomarte a la ventana y vislumbrar un paisaje de esperanza y paz, en el que ni en cuerpo ni en espíritu estás tú.
Renacer y ser verdaderamente feliz

Ésa soy yo, la que el espejo me devuelve, me parece ahora tan fresca, tan bella y tan viva. Claro reflejo de mi alma nueva.

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