Cuéntame tu historia

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Madre Tierra

Madre Tierra

 

MADRE TIERRA

Cuenta la leyenda que hace muchos, muchos años, la Madre Tierra era humana. Recorría con gracia los ríos, los campos, los bosques, los jardines y los valles, llenando todo de vida, de naturaleza a su paso.

En una de estas excursiones en las que Madre Tierra regalaba con cariño vida a la naturaleza por doquier, llegó a un bosque cargado de tristeza muerta. Sus árboles se habían secado, los pájaros ya no ocupaban sus ramas, no había vida entre los arbustos, solo restos de hojarasca. La mano de los humanos había hecho su magia, tan contraria a la suya, y había matado al bosque con sus descuidos, con su inmadurez, con la mayor arma que portaban entre sus manos. Una diminuta chispa y el bosque quedó incendiado.

Madre Tierra fue posando en cada árbol sus manos, pero ninguno vivía, no había perdón para tanto pecado. Y posando sus suaves rodillas sobre el suelo de tierra y piedras, lloró como solo sabe hacerlo una madre. Lloró por aquella criatura que ella misma había dado a luz al mundo, criatura poderosa que se había vuelto cruel, avariciosa, celosa, guerrera, envidiosa, pecadora. Lloró porque los humanos, que con tanto cariño había creado, se habían vuelto inhumanos.

Y tanto lloró y lloró, regando el suelo de lágrimas, que en aquel lugar brotó vida nueva bajo sus manos. Brotó un pequeño arbolito que ella convirtió en humano. Lo vio crecer ante sí y al instante se enamoraron. Juntos fueron de la mano, poderosos y confiados, acariciando los árboles, devolviéndoles la vida que los hombres habían sesgado.

Convirtieron el bosque muerto en otro bosque animado, al que acudieron con premura los animales a habitarlo. El bosque reía feliz, trinaban todos los pájaros, las ardillas daban saltos con las nueces en las manos. Y, terminado el trabajo, Madre Tierra y aquel árbol humano se enredaron en un beso, propio de enamorados.

En el hueco entre dos árboles, su amor dejaron sellado, se amaron humanamente, hasta quedar abrazados. La calidad de su amor, hizo que de ellos brotasen raíces muy vigorosas que a los árboles se enlazaron. Y allí quedaron prendidos, Madre Tierra y Hombre Árbol, para siempre enamorados, sellando su amor perpetuo, haciendo magia con las manos.

Los humanos en la tierra quedaron desamparados, siguieron matando a su antojo cuanta naturaleza se interponía en su paso. Gracias a Madre Tierra, que ama a su Hombre Árbol, el planeta aún no está perdido, tiene salvación entre sus manos. Si en cualquier lugar del mundo vemos brotar una flor, será porque los eternos amantes han vuelto a sellar su amor.

Desde el fondo de mi corazón

 

Desde el fondo de mi corazón bajo el cobijo de las estrellas del cielo

Tuve la oportunidad de apoyar en uno de los derrumbes de la ciudad de México. 

Al principio cargas cubetas con escombros, madera y ladrillos, después el corazón se encoge cuando empiezas a sacar muebles y juguetes que fueron de alguien.

Vi salir a una persona viva y caminando, y vi salir a otra que no sobrevivió.  

Ya empezando a alejarme de ahí vi a una señora llegar corriendo, una de las peores sensaciones de mi vida: verla asomarse a la esquina y ver su rostro mientras dijo “-¡Ay! Dios, si es mi edificio” (CLDLA)

 

Amaneces dentro de tu cama, tibia y con el aroma de la vida que has vivido hasta el día de hoy, sin imaginarte que en tan sólo unos segundos te cambian la existencia.

 

A veces tan sólo como un espectador que se mezcla con el dolor de los demás, a veces perdiendo la vida o todo lo que te quedaba, anocheciendo desnudo al amparo solo del cielo y las estrellas sobre tu ser.

 

Ellos, así lo vivieron.

 

Miles de personas que llegaron al amanecer con la certeza de sus planes, de su rutina laboral y de sus días en pacífico correr. Almas que estuvieron presentes, cuando,  alrededor de la una de la tarde el universo se movió contando acerca de su propia vida, de sus enojos y de su propio recorrer.

 

¡De cuántas personas la vida cambió!

 

Él, dentro de la nube que cubre el anonimato; al saberse seguro salió al escuchar el estruendo de un edificio mientras era presa del derrumbe.

Vio la fragilidad de la vida, la fortaleza de la gente que ayuda sin importarle su propia seguridad, levantó piedras y trozos de la vida perteneciente a almas que no conoció, puso al resguardo de la luz de la tarde cuerpos vivos y cuerpos vacíos, bañó sus ojos con lágrimas que pertenecían a las familias que perdieron un hijo, un padre, una madre, un nido ahora en ruinas.

 

Su vida, en segundos, se ha transformado para siempre, desde el fondo de su humano corazón.

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Él logró vencer la sensación del movimiento terrestre, y puso sus segundos al servicio de la ayuda, de la recolección, del deseo por que cada uno volviera a tomar su propia vida en sus propias manos.

Intentó volver a la brillantez de sus días, mas no contaba con toda esta tristeza viajando en los cielos; con la necesidad de volver al pasado y recobrar la paz.

 

Él, que tiene obtuvo el don de beberse los sentimientos y los fantasmas de la humanidad; hoy tiene dificultad para salir a las calles sin ser el receptáculo del vacío de todos aquellos que perdieron todo, menos el temor de sentir de nuevo la danza fatal de la Tierra.

 

Su vida, en segundos, se ha transformado para siempre, desde el fondo de su humano corazón.

 

Ella, que perdió su casa. La que soñó y construyó por décadas

Ella, la que besó a sus hijos por última vez antes de dejarlos en el colegio

Él, que se encuentra sólo entregando los cuerpos amados de vuelta a la luz universal.

Ellos, que aparentemente sólo cargaron cajas de víveres en un refugio

Ellos, que al repartir un trozo de pan regalan esperanza

 

Su vida, en segundos, se ha transformado para siempre, desde el fondo de su humano corazón.

 

Y es hoy, que lo único que puede hacer un enlazador de letras en recuerdo de aquello que fue la gente entre su gente, hace casi ocho mil minutos, es hacer mención y homenaje a los protagonistas de aquellos eternos segundos en que la tierra tembló.

 

Cuando vio palomas anunciando y cargando el temor y dolor de tantas almas, cuando lo único que pidió al universo fue la permanencia eterna de los seres que ama.

 

Hoy que su deseo es tenerlos rodeados entre sus brazos para expresarles todo el amor que lleva en su corazón en este momento y para siempre.

 

Mi vida, en segundos, se ha transformado para siempre, desde el fondo de mi humano corazón.

 

 

 

 

 

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