Reino de silencio y de paz

 

 

Me subyugó aquella dulce fragancia y me dejé llevar por el olor a incienso que se difuminaba y se esparcía por el aire hasta llegar a mí. Abrí muy despacio la puerta tallada en roble que daba acceso al interior de aquel santuario y dejé que las sensaciones me guiaran y despertaran mis sentidos como si estuviera bajo el influjo de un hechizo.

 No puede evitar embriagarme en el placer de respirar la mágica esencia y sucumbir al halo de misticismo que envolvía el ambiente de aquel espacio de ensueño. Era un reclamo, una llamada que no quise rehuir a introducirme en el mundo de paz que habita en mi interior, una llamada a la calma, al sosiego, a la oportunidad de integrarme en mí, sin mente, sólo yo conmigo con la sensación de ser sin pensamientos.

Sigilosamente me fui adentrando en el reino del silencio, lugar en el que las almas perdidas, las almas errantes en busca de respuestas encuentran refugio en el sereno mirar hacia adentro. Allí dan rienda suelta a su corazón,  aplacan las furias que inundan su vida, inmovilizan la mente y paralizan los pensamientos,  liberan con el llanto el dolor, la niebla en ese momento se disipa  y se pierde la consciencia.

Me emocioné al contemplar la sencillez de tanta belleza, colores blancos, suaves verdes dulces azules y bellos colores crema. Suelos cubiertos de exquisitas alfombras y tapices que me traían a la memoria el recuerdo de cuentos orientales, de países lejanos y exóticos y que eran los únicos elementos que adornaban el interior. Brillos de sol se filtraban por los dorados ventanales a través de los cuales una suave brisa intentaba un sutil flirteo con el sol. Espacio diáfano de puertas abiertas que daban salida al esplendoroso jardín con el que mis ojos quedaron extasiados contemplando la variada y frondosa vegetación que allí crecía. La hermosura de aquel lugar se apoderó de mis sentidos y mi alma se embargo de miles de sensaciones y emociones, todas distintas y todas bellas.

Las notas de una cadenciosa y armónica melodía se propagaban por todas las estancias sin poder adivinar de dónde venía tan bella composición. Mis sentidos fueron sumergiéndose poco a poco en la armonía y la paz que fluía en el ambiente. Se adentraron en mí penetrando en cada poro de mi piel, en todas mis fibras, en cada una de mis células, hasta llegar a mis órganos internos que quedaron impregnados de la fragancia de aquella experiencia única.

Sentí que podía volar si me lo proponía, mi cuerpo se convirtió en materia ingrávida y podía levitar y subir y flotar y subir y subir hacia lo más alto del firmamento como un cometa sin sujeción. Libre por el mundo, por la vida, por el aire, por el mar. Podía ser una pluma y deslizarme con la suavidad que me permitía mi cualidad y sutileza. Cerré los ojos y me transporté en la magia de aquel viaje que no requería plan ni tampoco era necesario llevar equipaje, simplemente ser en esencia.

Imagen de la red

About Marina Collado

Me gusta todo lo relacionado con el arte, la cultura, literatura sin ser experta . Me encanta leer y escribir y estoy en este mundo de las letras de forma accidental.

2 comentarios en “Reino de silencio y de paz

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