Reflexionando y cuestionando (me)

A veces siento un leve dolor de estómago cada vez que me siento ante el teclado con el firme propósito de escribir. Mientras llega algún tema a mi cabeza, miro a mi alrededor, recuerdo paisajes. La mayoría de las veces mi mente hiperactiva se dedica a curiosear por las redes, la mayoría de las veces me pierdo y sencillamente se me pasa el tiempo que se suponía iba a dedicar a la escritura. Otras sin embargo, las menos, consigo adentrarme en mi misma y sacar lo que llevo dentro en ese momento, como hoy. Como tantas veces, dejo que todo salgo así a borbotones, lo he dicho muchas veces, pero para aquellos que me leen por primera vez, siempre he dicho que escribir para mi es como vomitar, todo hacia afuera, con dolor, con lágrimas muchas veces, me libero de todo aquello que me corroe por dentro, o al menos eso había pensado siempre. Recientemente soy consciente de que lo más desgarrador queda siempre dentro, y pellizca tus órganos hasta hacerte aún más daño que cuando lo expusiste, quizás por eso tengo la sensación de que algo no estoy haciendo bien.

Hoy, después de leer el artículo que publica El País sobre Javier Marías he sentido la sensación de ser una usurpadora, de que posiblemente no debería nunca haber escrito ni una letra. Hay que dejar a los “escritores de verdad” las palabras y marcharme de una vez de este mundillo en el que creo no pintar nada.

No os molestéis bajo ningún concepto en intentar acariciar mis oídos u ofrecerme mensajes de ánimo, porque no es lo que busco con este escrito, aunque muchos pensarán que si. Lo siento, volvéis a equivocaros como tantas otras veces.

Con la excusa de seguir escribiendo me he mantenido en lugares donde no quería estar, pero ahora que finalmente puedo observar con algo de perspectiva, y sopesando en la balanza lo que de positivo y negativo estos años me han aportado, no puedo por menos que sentirme angustiada.

He recibido insultos de gente que bajo cualquier propósito y sin siquiera haber leído una palabra de mis blogs, han aprovechado la oportunidad gratuita para atacarme diciendo que no se escribir. Algunos me han vapuleado y vilipendiado, se han contado miles de mentiras que un alto porcentaje de gente ha ido extendiendo en estos años, sin siquiera haberme conocido o hablado jamás conmigo.   Si, claro que tengo amigos, algunos incondicionales que me leen con asiduidad a los que agradezco enormemente sus minutos de tiempo, porque soy consciente de que el tiempo la única moneda de cambio más alta en esa inexistente entidad bancaria que poseemos a nivel individual cada uno de nosotros. Y eso si es impagable.

Tienes razón Javier quizás nunca debió ver la luz ni una letra de esta vecina de letras, que no colega, ni compañera, aunque si intrusa, para eso haría falta tener la entidad que ustedes los profesionales tienen.

Todos los amigos de letras que tengo me han animado siempre a publicar mi propio libro, y mi respuesta ha sido siempre la misma: “Nunca lo haré porque no me veo con la entidad suficiente a mi misma”. Quizás en el terreno epistolar tendría alguna cabida, pero desde luego, no me valoro tanto como para ver mi nombre en una portada, y mucho menos mi foto en una contraportada. Eso os lo dejo a los valientes, a los que sabéis de verdad lo que valéis.

Creo que mi problema parte de mucho más adentro de mi misma.

Conocí a una jovencita hace unos días, por una APP donde realicé una compra, de esta gente a la que no conoces, quedamos en un sitio cerca de casa e intenté antes describirme a mi misma para que me reconociera. Aparte de una señal física que era un abanico de un cierto color, me describí como una señora mayor, gordita y feita. Cuando la muchacha llegó con su enorme y flamante cuatro por cuatro azul marino, aparcó y me dio un abrazo, me regañó por la descripción que le había dado y me dijo que, de no ser por el abanico, nunca me habría reconocido. “¡Hay que quererse más!” añadió, mi respuesta fue que eso llevo toda la vida intentándolo y aún no lo he conseguido. Probablemente nunca lo consiga, pero lo intento.

Y no es falta modestia, de verdad, lo prometo. No me siento capaz a pesar de haber tenido la osadía de tener mi propio blog, y colaborar en otros, de seguir escribiendo, en eso coincidimos sin embargo Javier, siempre pienso que nunca más voy a escribir y luego surge algo… Y vuelvo.

Una vez en mis comienzos, ejerciendo cierta corresponsalía un eminente periodista del mismo campo hizo un comentario sobre mí, que creo si se ajusta a cómo realmente me siento. El dijo “No sabe hacer una crítica, pero es como la entrañable carta de ese amigo que ha hecho llegar todo lo vivido, como si yo mismo hubiera estado allí”. Gracias Diego, siempre recordaré eso.

Lo dicho Sr. Marías, tranquilo que algunos intrusos de estos que publican novelas o poemas con cierta alegría, no esquilmarán ni en un sólo euro sus derechos de autor, eso que los intrusos no cobramos, y en mi caso, nunca cobraremos, para seguir escribiendo cartas llenas de sentimientos a los que tienen a bien prestarnos un poco de su tiempo.

Por cierto el post que tenía preparado para hoy, no era este, pero ha surgido y ya de paso… Como escribo sobre lo que siento, este es el resultado. La otra historia es tan atemporal que puede ir en cualquier otro momento.

@carlaestasola

Madrid, y lo mucho que me deprime a 8 de Septiembre de 1017 a las 15:30

 

About Carla

7 comentarios en “Reflexionando y cuestionando (me)

  1. Me has impresionado Carla…espero que lo de dejar de escribir no sea cierto y forme parte de la ficción. Besazos todos preciosa, que tengas un bonito finde y por si no lo sabes, eres genial y tienes un gran don para la escritura y no tengo intención ninguna de regalarte el oído!!!

  2. Está escrito con las entrañas y por eso me ha gustado tanto. No piensa darte ánimos porque solo el que sale de dentro hace que uno se mueva.
    Un abrazo.
    Alberto Mrteh (El zoco del escriba)

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