Grabados quedan en la memoria del alma los últimos detalles de una historia que el destino tejió hábilmente con sutiles hilos de la más fina seda.

Arraigados en la memoria, sin espacio ni tiempo se almacenaron para ser desvelados en el justo momento en que la mirada se desliza hacia otros universos por los que camina el más puro sentir de la consciencia.

No muere el día sin que la noche amanezca de nuevo. Se detiene la maquinaria, se paraliza el movimiento de las saetas del tiempo por la inexistencia de señales que cuenten cómo discurren y se deslizan en intemporales modos los acontecimientos.

Arraigados y sellados quedan todos los detalles cuando justo en el último suspiro el mensaje se descifra y la ecuación se despejada.

Desamordazados, los silencios absorben las palabras no pronunciadas, como hojas otoñales alfombran sin prisas sentimientos y emociones que se reprimieron a lo largo de millones inviernos.

Despertará el alma serena al contemplar complacida que no murieron los recuerdos. Tatuados con tinta indeleble en el corazón se mantuvieron hasta el fin de los días como huella palpable de tu existir en mi existencia.

 

@Marina Collado