POEMAS

Prólogo

Y aquella noche se marchó
En silencio y abrigada
No fue nunca fiel ni decente,
Cuando el martillo golpeaba el esternón
Cómo un yunque improvisado
De un badajo resultón.
Entre las brumas de Paris
Escondía su nombre
Sobre catacumbas de dolor.
Sus piernas conocían toda la corte,
Todos los nombres, por decir.
Ese alma interesada
En ascender hacia las nubes
Sin ponerse colorada ni de perfil.
Como las gotas del rocío en la mañana,
Volatilizada al compás
De un sol de invierno ennegrecido,
La asaltaron sin mediar más palabras
Que: » levántese la enagua o la envisto
Con la espada hasta morir»
Y el mundo entero pasó cerca
De sus ojos dorados,
Y del susto comprendió
Que en esta vida no se vive
Sin pisar el freno alguna vez,
Que no es costumbre escaparates
Ni querer discernir entre lo bueno
Y lo absurdo y lo que queda por venir.
Por un segundo se vió muerta
Si no es por qué cielo la arrulló
Al enviarle un cazador a cazar al opresor.
En esas lides llegó la noche
En que por fin se embelesó
Con sus mejores galas de reina
Y se marchó para vivir.

Cuentos de la Luna.

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