Cataratas de decepción

Mis ojos ya no brillan con el fulgor del ayer.

Se han vuelto esquivos,

planos

tristes

vagos,

yo qué sé.

Hartos de tantas miradas sin vuelta;

de tantas miradas de mentiras llenas;

de tanto tanto que siempre les faltó.

Quemados de soñar tan lejos y no ver nada.

Rendidos, como vueltos hacia atrás.

Privados de la vida tras los cristales.

Rotos de promesas falsas de ir más allá.

Exhaustos casi

Casi muertos

Casi ahogados

sin llorar.

 

El juego de las miradas…

 

Cien días bastaron, desde que descubrí su existencia.

Desde el momento en que se cruzaron nuestras miradas, brevemente, entre aquella ventana que ocultaba la intimidad de su habitación.

Hasta el momento en el que se convirtió en un juego de miradas que se esquivaban mutuamente, y que solo por un segundo se encontraban.

Donde ella jugaba conmigo, enloqueciendo mi corazón en cada segundo; que tras descubrirme se escondía, apartándose de aquella ventana, para asomarse de nuevo, de manera fugaz, mostrando una leve sonrisa.

Otros, donde conseguía no sentirse observada y donde despertaba todo en mi interior. Pasé de enamorarme a desearla.

Quería ver aquella mirada, cargada de pasión, no solo en mis sueños, sino clavada a la mía sin temor a ser descubierto.

Besar sus labios un millón de veces, lentamente, para saborear el dulce elixir que llegaba a embriagarme, para llevarme a la felicidad.

Descubrir el contorno de aquel cuerpo dibujado tras su blusa de lino, que escondía toda su belleza.

Quería aprendérmelo como si fuera aquel mapa que traza el camino correcto para encontrar un preciado tesoro.

Recorrerlo, acariciándolo con las yemas de los dedos para sentir su piel reaccionando a mis caricias, hasta provocar el suspiro que hasta podría enamorar al silencio.

Envolverla en el día con cientos de miradas y poder descubrirla en la noche, en cada noche, por completo, como si nunca antes hubiese llegado a hacerlo.

Y allí estaba, en aquel vagón de metro colmado de gente, ella, quien tantas veces deseé, tratando de que no se percatara de mi presencia. Percibiendo el aroma de su perfume.

Y una vez iniciado el viaje, allí permanecí, hasta que ella, cuando el tren llegó a su primera parada, acabó por descubrirme.

Sentí cómo un suave roce se deslizaba por mi mano. Cómo sus dedos comenzaban a entrelazarse con los míos, hasta agarrarme fuertemente.

Y comenzó a girarse, lentamente, dibujando aquella sonrisa que tantas veces vi durante nuestros juegos.

Sentí cómo su mirada conectaba con la mía, esta vez, sin intención alguna de retirarla, llegando a lo más profundo de mi ser.

Percibí su perfume, envolviéndome por completo, demostrándome la cercanía de ambos cuerpos.

Eternos parecieron los segundos, hasta que fundió sus labios con los míos, regalándome su dulce beso.

Y tras separarlos lentamente, comenzó a recorrer con ellos mi rostro y mi cuello, suavemente, hasta lanzarme un leve mordisco en el lóbulo de mi oreja, para después susurrarme:

-”Ha llegado nuestro momento, te juro que será eterno”-.

Durante el trayecto hasta la siguiente parada, pudimos liberar todos aquellos besos, atrapados entre los cristales de su ventana.

Y bajándonos del vagón, nos mezclamos de nuevo entre la marea de gente para volver caminando allí, donde surgió aquel deseo.

Volví a verla, día tras día, asomada a aquella ventana, tras las noches en las que se fundían nuestros cuerpos, cuando la rutina de la vida diaria me obligaba a marchar. Con la certeza de que el resto de mi vida la vería despertar.

 

Sendero del rey

sendero del rey

Mirando el silencio camino al encuentro
el viento y la arena me abrigan
me cuentan historias
y el cielo me guía.

Dos luceros la vista de Dios
me señalan el camino
yo los sigo sol y lucero
perdido en mi mismo.

Palabras furtivas que huyen
de mi boca y de mis sueños
en mis manos un presente
en mi vida un futuro.

Los demás son mis hermanos
y acompañados vivimos desierto
pero el encuentro
será solo de sus ojos a los míos.

Estrecho distancias
por el designio convocado
pero el sendero del rey
es igual al de cualquier ser humano.

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