Piedrecitas de colores

Piedrecitas de colores

En los bolsillos de los pantalones de los domingos, llevaba piedrecitas de colores.

Cuando llegará a casa mamá le regañaría, pero no le importaba, aquella tarde de domingo había sido muy especial.

A ella le gustaba pasear por la playa cuando estaba desierta, acercarse a las rocas del acantilado y sentir en su rostro el agua salada que batalla entre esa línea imaginaria frontera del mar y la tierra.

Miraba al cielo y perdía su mirada en el horizonte, buscando siempre la luz, la atraía de una manera incomprensible para ella.

Se sentaba en la arena mojada sin importar manchar su ropa y se bañaba de sensaciones, de emociones que su cuerpo recibía con agrado.

Las nubes acompañaban de corrido aquella canción tarareada, parecían hacer nota sin ruido, bailando traviesas a su encanto.

En breve travesía la buscaban gaviotas que ella alimentaba, con la hogaza del pan de la merienda, que siempre reservaba para ellas.

Cormoranes se asomaban a mirarla, para ver el colorido de su ropa, pues siempre llevaba algo que brillaba en la distancia.

En la arena dibujaba con sus deditos, dos monigotes que de la mano unidos van,  después de observar un rato  su dibujo, comenzaba su traspiés.

A veces espaciaba el tiempo lo suficiente para que al llegar la noche el faro alumbrara su regreso a casa, saltando como si fuera a la rayuela por el haz de luz  que dibujaba en el sendero.

Dibujaba pececitos, caballitos de coral y con las algas tejía puentes de eternidad donde la distancia no existía para muy lejos poder llegar.

A veces escribía sus nombres, pero en seguida, como si tuviera miedo de que alguien los viera, los borraba con sus pies, entre sus dedos se agarraban las chinelas, no queriendo desprender.

Caminó mucho rato aquella tarde, tanto que sin darse cuenta al otro pueblo llegó, cargadita de piedrecitas de colores iba ya. Su mirada brillaba y su hermosa sonrisa  parecía estar besando la vida.

Sin miedo y con decisión se metió en los bolsillos las piedrecitas y a saltitos marchó tarareando su canción, aun sabiendo que al llegar a casa, doble ración de castigo tendría. Ropa sucia del domingo y hora tardía al regresar.

Cuanto tiempo hacia ya, toda una eternidad…

Marijose.- Una hermosa playa situada en el pueblo  Antromero cerca de Luanco, en Galicia. Las piedrecitas originalmente eran restos de botellas de cristal que en un sin saber por que, la gente dejaba allí. Después con el paso del tiempo y la erosión del agua del mar, parecían ser finas cuentas de cristal

 

2 comentarios en “Piedrecitas de colores

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