EL PODER DE LAS LETRAS,  RELATOS

Pesadilla

 

 

Sin salida, se encontraba en un callejón sin salida, sentía sus pulsaciones a un ritmo acelerado, su corazón latía con desenfreno y creía estar casi al borde de un paro cardíaco. ¿Cómo dar marcha atrás, cómo hacer para desandar el camino y retroceder, ir tan lejos como pudiera en el tiempo?

Se encontraba en un lugar difícilmente reconocible, estaba presa en un bucle de espesa neblina en el que no podía atisbar un mínimo de luz posible. Arañó, arañó con saña la cortina que sus ojos mantenía en la más absoluta de las cegueras ¿cómo encontrar la salida del vórtice del huracán que en sueños la perseguía?

Despertó sobresaltada dando un salto en la cama, de nuevo envuelta en sudor y lágrimas, la pesadilla se repetía y noche tras noche el miedo iba en aumento llegando al extremo de sentir verdadero pánico, temía a la oscuridad y cuando ya la tarde caía y la luz  del sol empezaba a agonizar su dispositivo mental la ponía sobre aviso de lo que se avecinaba y su cuerpo respondía con espasmos y crisis de terror y de ansiedad.

Se negaba a cerrar los ojos, se negaba a dormir por no volver a reproducir nuevamente su muerte en la pesadilla que la perseguía. Había probado toda estrategia posible para mantenerse en vela, para mantenerse despierta durante la noche y dormir durante el día, creyó en un primer momento que era producto de la oscuridad nocturna lo que provocaba aquellos sueños, pero pudo comprobar que no era esa la causa ya que, fuera de día o de noche, en cuanto entraba en estado de profundo sueño el terror hacía acto de presencia en su sueño. No, no quería dormir pero por más que se lo propusiera y se las ingeniara para mantenerse despierta, sus ojos cedían ante el cansancio y la modorra y el agotamiento la vencían.

Vivir en estado de terror era agotador y estaba entrando en una depresión profunda, su estado de ánimo era pésimo, el más mínimo ruido la sobresaltaba. Por momentos pensaba que estaba entrando en una especie de paranoia y que su mente la manipulaba como siempre lo había hecho para hacerle perder definitivamente el norte-si no lo había perdido ya-se decía para sí.

Soñar con su propia muerte quizá era un presagio de que la dama negra venía a buscarla para llevársela del mundo terrenal, sintió un tremendo escalofrío al pensar que fuera cierto, que su muerte se avecinaba y a través del sueño se lo mostraba con tal claridad que moría del mismo miedo que sentía al vivirla de manera tan auténtica y real. Sueños premonitorios, sabía que existían y que a muchas personas les pasaba, sueños premonitorios en que la muerte la besaba como aviso de que estaba pisándole los talones…qué podía hacer? estaba exhausta y sin fuerzas, si había perdido el juicio quizá lo mejor sería que la atiborrasen de psicofármacos y la dejasen en estado aletargado hasta la hora en que definitivamente la dama de la guadaña se la llevara consigo.

En los pocos momentos que tenía de serenidad pensaba en el motivo de su miedo, en qué era lo que más la asustaba del hecho de morir, ¿la muerte en sí o la incertidumbre de saber si realmente había algo más allá de la vida una vez el cuerpo quedara inerte? ¿dónde iría a parar su alma, si era cierto que existía el alma? En sus sueños no sufría dolor alguno, entonces si la muerte en sí misma no era dolorosa ¿qué era lo que la aterrorizaba de aquella manera?

No encontraba respuestas solo sabía que la idea de morir la aterrorizaba, su apego a la vida era muy grande. Se acercó despacio a su habitación y al pasar junto al espejo que tenía a la entrada se quedó paralizada, sorprendida como si fuera la primera vez que se viera reflejada a través de aquel cristal, aquella imagen no era ella, no era su cuerpo, no era su rostro, no era físicamente su ser sino el reflejo de una anciana en apariencia centenaria!!! No le dio tiempo de emitir el grito que pugnaba por salir de sus entrañas, súbitamente empezó a descomponerse en polvo dejando en el suelo una huella de ceniza humeante.

De repente, el sonido del centrifugado de la lavadora la volvió a sacar del sueño en que había quedado inmersa. Había ocurrido de nuevo, vencida por el cansancio no pudo impedir que sus ojos cedieran y la pesadilla volvió a atraparla. Temblorosa, envuelta en sudor y lágrimas profirió un alarido: ¡Otra vez no! ¿Cuántas muertes me quedan todavía por vivir?  

 

 

@Marina Collado

2 Comentarios

  • Mayte Dalianegra

    Las pesadillas son así de crueles, y la pobre protagonista de tu relato ya no podía más, pues moría cada vez que se dormía. Estupendo relato, querida Marina, redactado de forma impecable y con el suspense muy bien dosificado. Lo comparto en MeWe con sumo gusto. Besos y abrazos, mi preciosa amiga y gran escritora.

  • Marina Collado

    Sí que lo son y en este caso toda una tortura jajaj. Me alegra mucho que te haya gustado Mayte. Un millón de gracias, querida amiga por tus palabras de aliento y tu generosidad siempre para compartir. Deseo que estés pasando un muy bonito domingo. Beso todos, preciosa!!!

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