Peregrina.- Un balcón a la vida

Peregrina.- Un balcón a la vida

Quería explicar que estas letras las escribí hace ya cuatro años en una de mis mágicas vacaciones de semana santa. Bueno, de nuestras mágicas, mi niña y mi chico también.

Posiblemente volvamos en Semana Santa para terminar de recuperarme, lugar increíble donde perderse a vivir, donde el silencio reína pero la algarabía es constante, donde puedes perderte sin dar muchos pasos en otro mundo y sentir que el paso del tiempo no existe. Nada corre prisa. Se paro el reloj. Es maravilloso.

Es la hermosa historia de un pueblo que quedó despoblado para la construcción del embalse de el Grado. Diré que es un pueblo medieval recuperado, respetando su origen, la forma y materiales de las casas. La forma originaria del pueblo, en el que se ha habilitado el turismo rural pero con un gran respeto al pueblo y su historia, a sus alrededores e incluso al embalse.

Es un lienzo impresionante, levantarte por la mañana muy temprano despertada por la melodía de la vida. Recorrerlo en silencio, contando las baldosas, observando su deformidad, intentando desmembrar la historia de aquellos que antaño allí pisaron. Recorrer los senderos que rodean al pueblo, arena, bosque entretejido de todas las formas inimaginables. Encontrar unas cuevas y observarlas, internándote en ellas con la mirada e inventando por qué no historias de ayer.

Sentarte allí junto al embalse en las tenues horas y dejar que las pinceladas de colores tenues embarguen tus sentidos, mientras la melodía de la vida, los trinos se calman.

Ponerte las botas de montaña y subir alto, tan alto que creerás volar desde los restos de los castillos que custodian el embalse. Pararte a observar a escuchar a sentir la vida.

La sombra del quebrantahuesos, los buitres negros, el águila a simple vista sin necesidad de utilizar los prismáticos.

Encontrar la ermita reconstruida, con las pinturas y colores de antaño, un lugar en el que sentarte un rato a recuperar el aliento y volar la imaginación a otros tiempos, historias tantas que contar, que escribir, que escuchar.

Tumbarte a la intemperie en la noche, en la oscuridad total, dejar que las estrellas te den la mano y te acompañen de paseo, la vía láctea y…

En cuanto pueda jubilarme, quiero un lugar así para irme a vivir, donde nada turbe el alma y la paz se respire, donde todo sea quietud y belleza, las emociones despierten y mi siembra sea solo caminar por la vida.

Lo mejor de todo, antes de llegar al pueblo hay un aparcamiento, ahí se quedan los motores. Hasta el pueblo solo tus pies pueden llevarte.

Unas fotografías que tome allí, para que entiendan de que les hablo.

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Peregrina

Despiertas desorientada por el canto de las golondrinas, una orquesta esta ensayando frente al balcón de tu casa.

Armoniosa mezcla de sonidos dirigidos por un gran maestro, la naturaleza

El silbido de las alas al ascender, la corriente en el abismo rocoso mientras esquiva al molesto cuervo que enojado emite su graznado.

El croar de las ranas, mientras las moscas zumban a su alrededor, escapando de su mortal, pegajosa lengua.

El bla, bla, bla de las golondrinas al esbozar la montaña los primeros rayos de luz sobre las transparentes aguas del embalse

Aun desorientado abres despacio sin prisas las ventanas del pequeño mirador y entonces tus neuronas terminan de enlazar la vida.

Un balcón sobre el río Cigar

 Atrás quedaron las luces brillantes, regalos sin sentido, vidas ahogadas en un mundo irreal. Se prometió volver a casa en las siguientes navidades, pero no lo deseaba.

No, llevaba varias semanas pensando en ello, pero nada le ataban allí.

Nadie la entendió a ella, en ese mundo. La tacharon de loca y de cuantas cosas más cuando marchó a ese tan necesitado retiro.

Su jefe la despidió sin mas contemplaciones, solo había pedido unos meses, los necesitaba.

Sus amigos ya no los sentía cerca. ¿No serian como el resto de nuestra vida.un artificio creado por nosotros mismos, al servicio de nuestro ego?

Definitivamente, no iba a regresar.

Un halcón peregrino sobrevoló su cabeza, se posó en la torre de la iglesia, espero paciente, sin dejar de observar. Un ratón en vaivén sobre sus patas colgaba.

Ella no seria otro pelele de esa vida, de aquella navidad. Ella sentía que a diario esa vida en el mundo real la empujaba hacia el abismo.

Su mirada dejó de perderse en el horizonte, la vastedad de sus sueños se encogía a cada momento dejando de ser vida al igual que sus latidos.

Observo el cielo y no encontró la vía láctea. Se acostó temprano a dormir.

Aquella mañana la densa niebla lo cubría todo, eran cerca de las doce cuando comenzó a sonar la gran campana de la Iglesia.

La puerta de madera desgastada por el paso del tiempo permanecía cerrada desde hacía ya 10 largos años, cuando el último lugareño decidió recoger sus escasas pertenencias y marchar hacia la ciudad.

Las avispas habían anidado en las absides, nada accesibles cercanas a la puerta.

Eran junto con algún despistado caminante, aventurero la única señal de vida existente de aquel lugar.

Replico nuevamente la campana, podía escucharse en el pueblo cercano.

La peregrina, así le gustaba que la llamasen, estaba tan sorprendida que apenas podía ni tan siquiera pestañear.

Hacia relativamente poco tiempo que decidió quedarse a vivir allí.

Al principio eran unos días de descanso, necesitaba escapar del estrés que últimamente le generaba su trabajo.

La gran ciudad, la deshumanización en que cada mañana, debía sumirse, ese caos involuntario en que los negocios sumergen los sentidos y desaparecen las emociones.

A pesar de ser una persona tranquila, que practicaba doctrinas como el yoga, la meditación que ayudaban a sobrevivir en ese mundo que no la gustaba demasiado, ella pensaba que ya todo sería un completo y continuo desastre.

Semejaba el alma sin quebranto en un mundo de paz y armonía de lucha diaria.

La peregrina decidió no inmiscuirse en ninguna otra cuestión.

Su mente quieta y callada no pensaba ya en nada, no deseaba nada, en ese pequeño reducto sabía que estaría bien, ella sola sin más.

Antes de salir por la puerta de la iglesia, se volteo y miro al techo de la iglesia, donde la luz penetraba con fuerza entre los agujeros de aquella gran roseta que siempre tanto le había gustado. Semejaba para ella que no era creyente, una apertura desde la obscura dimensión del mal hacía la luz del sol, que quería y deseaba para todos aquellos que en algún momento fueron compañeros de camino, pero sobre todo para ella.

Y así continuo su camino, se fundió en el bosque, atravesó aquella pasarela que parecía no tener fin, amontonando las hojas del otoño, solo un pequeño remolino levanto el vuelo ante el bufido del viento.

Gotas de agua bailaban sobre su rostro y en la superficie de la pasarela.

Su camino, al fin lo había encontrado.

La soledad y el silencio, ese sería su camino.

Marijose.-

5 comentarios en “Peregrina.- Un balcón a la vida

  1. Marijose, qué bello paraíso describes, la poesía hace escuchar esa naturaleza y el relato, pues es hermoso y la determinación de la peregrina muy valiente; su camino el silencio y la soledad…
    Un gusto enorme leerte.
    Cariños para ti. ???

  2. Qué bien has descrito las sensaciones producidas por un lugar que da calma, paz y sosiego. Perdida en una nada que contiene todo lo necesario para mirar por “Un balcón a la vida.”
    Peregrina que encontró su camino acorde a lo buscado.

    Querida Marijose, bellas letras compusiste con tu experiencia, acompañadas armoniosamente con las impresionantes imágenes que me dan idea de lo que significa la soledad y el silencio en un entorno lleno de vida.
    Feliz camino, amiga.

    Besos.)

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