Una carta de amor.

Querido Amor,

Despierto cada día con la esperanza de que al abrir esa puerta aparecerás hermoso, sonriente; de que me cogerás en tus brazos mientras me besas, esos brazos que eran mi casa, mi hogar, y me dirás un “te quiero” susurrante que hará que mi cuerpo se desvanezca en ellos de pura emoción.

Cierro los ojos y te veo, real, cercano. Me escuchas, me sonríes, pero no dices nada. Tus labios permanecen inertes; tus ojos, fijos en mí, me dicen que no querías marcharte sin mí, que tu amor por mí era real, cierto, eterno.

Ayer, loca por verte, preparé la cena para los dos. Puse un mantel blanco y, sobre él, dos copas, cubiertos y platos… Encendí aquella bonita vela que me regalaste por mi cumpleaños para celebrar que volvías. Era perfecto, mágico, el preludio de una hermosa noche de amor en la que el gozo sería la música que llenaría nuestro hogar; únicamente faltabas tú. Ansiosa, esperaba escuchar tus pasos para salir a recibirte. Pero no entraste, no abriste esa puerta que separa el mundo real de nuestro paraíso de amor. Horas después, adormecida, miré la llama de esa vela agonizante que casi moría sobre la mesa y me di cuenta de que nunca volverías, de que me has dejado aquí, sola, cuando me habías prometido que siempre estaríamos juntos.

¿Dónde fuiste, amor mío? ¿Adónde has ido sin mí? Si supieras que no puedo vivir sin ti, que dejaría de respirar sólo por poder volver junto a ti…

Recuerdo ahora, en mi lúcida soledad, cómo se me clavaban en el alma esos ojos tristes, ojerosos, cada uno de los días en los que, en espera de alguna buena noticia, se derrumbaba tu esperanza… El mundo se nos volvía poco a poco un lugar sombrío y, aún así, te agarrabas a él con la fuerza del que no quiere caer en un abismo eterno; te agarrabas a él con la certeza del que no quiere perder lo que aquí tiene. Si supieras, amor mío, lo importante que era para mí verte sonreír, la fuerza que me hacías sentir, el amor que se reflejaba en esos ojos profundos como el mar cada vez que me mirabas. Cada segundo deseaba pasarlo a tu lado; deseaba tomar tus manos entre las mías y nunca, jamás, soltarlas. Mi piel se encendía con sólo mirarte, igual que cuando éramos jóvenes y cortejábamos a luz de la farola que, solitaria, alumbraba nuestro puerto, allá, a orillas del mar. Fue entonces cuando decidí, bajo las estrellas que aquella noche se asomaron a ver el comienzo de la historia de amor más bella jamás contada, que pasaría el resto de mi vida junto a ti, sin pensar que el destino jugaría con la ilusión que ese día nació  en nuestro interior y que nunca jamás murió.

He vuelto a soñar contigo esta noche. Paseábamos nuestro amor mientras nuestros dedos se entrelazaban y el roce de nuestra de piel despertaba el deseo urgente de calmar la sed de pasión que ambos sentíamos. Nos mirábamos, nos abrazábamos, nos prometíamos una vida juntos. Entonces desperté, sola, herida en lo más profundo de mi ser.

Lloré, sí, lloré sin poder contenerme. Lloré por ti, por mí, por esa vida frustrada que ahora sería mi existencia sin ti. Lloré por esas eternas madrugadas en las que nos susurrábamos tiernas palabras de amor y que nunca volverán. Eran lágrimas un de amor amargo; lágrimas de dolor, pena y rabia al saber que vuelves a ser uno en lugar de dos; al saber que la promesa que un día nos hicimos llegó a su fin. Eran las lágrimas que desata la soledad cuando el amor de tu vida se ha ido para siempre. Eran mis lágrimas de amor por ti.

Cierro los ojos y te veo, tranquilo, sereno. Tus labios dibujan una sonrisa con la promesa de que nunca estaré sola.

Cierro los ojos y te amo.

Por siempre, para siempre.

 

Mañana…

perro durmiendo.jpgCubre una manta su cuerpo
enrollado como una oruga en su saco
esperando salga el sol en la mañana.

Botellines vacíos por el suelo
sudor y orines en la esquina.

Un perro le huele, le acerca el hocico,
le deja, mira hacia atrás mientras marcha,
lágrimas en sus ojos,
vuelve, le lame como puede, no hay hueco
busca su rostro con las patas,
retira la manta, le mira.

Le lame las heridas de la cara,
tiembla, nota el frío de su amigo,
se tumba, coge la manta entre los dientes,
se tapan, y esperan.

Llega de nuevo la noche, tiene miedo,
no se mueve.

Empieza el ruido, la gente gritando,
se pelean, botellas rotas, más cristales,
los odia.

Con las patas tapa sus oídos con sus orejas largas
les obvia.

Están junto a la basura, no hay luz,
tal vez no los vean y llegue mañana.

Comienza a llover, gime sin hacer ruido,
carreras, la gente esta loca….
silencio, por fin.

Se marchó la basura, detritos de la ciudad.

Hasta las ratas los temen.

No se que haremos mañana…..

Se acurruca bien juntito a su amigo
le da su calor, lo siente frío.
Espera escuchando, quizás vuelvan.

No, dormiremos un poco,
mañana……………..

Marijose.

Calles mojadas

 

Era finales de mayo y una fina lluvia golpeaba los cristales, Estel miraba hipnotizada como resbalaban las gotas formando riachuelos por el cristal hasta morir en el alfeizar de la ventana.

Los días lluviosos la ponían nostálgica y somnolienta a la vez, le costaba mantener los ojos abiertos. Deseaba que llegara la noche para acurrucarse en la cama.

Ella vivía en mundos imaginarios fruto de su fantasía que la llenaban de calma y manejaba a su antojo. Con increíble nitidez plasmaba en la mente paisajes y personajes de tiempos pretéritos.

Esa noche sin embargo no conseguía conciliar el sueño, las horas pasaban lentas y su mundo parecía dormido.

El ritmo de las gotas chocando en los cristales hizo que se levantara a oscuras por toda la casa hasta llegar a la terraza cubierta, desde allí observaba las luces de otras casas. Saltaba de una ventana a otra viendo las sombras o las figuras de sus moradores.

Poco a poco aquellas luces se apagaban, el reino de la oscuridad se adueñaba de la vida, solo algunas farolas iluminaban las calles mojadas.

De pronto toda una vivienda se iluminó y vio unas sombras que gesticulaban amenazadoras ello llamó su atención, contó dos hombres y una mujer cuando se enzarzaron en una pelea y un enorme cuchillo apareció en lo alto hasta que se hundió en el cuerpo femenino.

Se estremeció al darse cuenta que acababa de presenciar un asesinato. Asustada, temblando cual hoja mecida por el viento, se acurrucó en la cama e intentaba calmar su respiración al tiempo que su mente repasaba cada instantánea de los recientes acontecimientos.

Estaba segura de lo que había visto tendría que llamar a la policía y denunciarlo. ¿Pero qué datos les contaría? En realidad solo eran sombras, gestos y una mano amenazadora con un cuchillo, ni número, ni piso y quizás ni el nombre de la calle.

De madrugada y con el tintineo de la lluvia pudiera ser que estuviera adormilada. Esperaría a los informativos entonces se acercaría a la comisaría.

Los días transcurrían monótonos para Estel, la vida del barrio continuaba como siempre, sin rumores del suceso de aquella terrible noche. Se alegró de no seguir su impulso de acudir a la policía ello solo le hubiera causado problemas y hasta la llamarían loca.

Las vacaciones estaban a la vuelta de la esquina le apetecía sentir el mar, perderse en él o mejor aún estar entre sus dos inmensidades favoritas.

Los noticiarios no dejaban de informar sobre una inminente erupción del Etna, a ella le fascinaban los volcanes devoraba cada documental de televisión por si no fuera suficiente buscaba todos los reportajes de youtube.

En una reunión con los amigos hablando de los destinos de cada uno, Estel les comentó su idea de pasar unos días en Sicilia para observar al Etna.

Ante la extrañeza de ellos continuó con su explicación y sus motivos curiosos de admirar la fuerza de la Tierra para después visitar los restos de la antigua colonia griega.

Pedro, Ángel y a Carmen les encantó la idea, serían unas vacaciones verdaderamente estupendas y diferentes. A partir de ese momento los whatsapp no paraban de sonar.

Con todo previsto las chicas salieron de compras ya se sabe por lo de “así me dices como me queda”.

Llegó el día con los nervios a flor de piel pues las noticias que llegaban no eran tranquilizadoras, se subieron al avión que en pocas horas les llevaría a Italia.

Una vez en el hotel les calmaron al decirles que llevaba mucho tiempo así y que los vulcanólogos les informaban de la evolución del Etna para desalojar.

A la mañana siguiente al amanecer se levantaron y se fueron en busca del guía que les acercaría a los límites permitidos del volcán.

Su imagen majestuosa lo dominaba todo, las fumarolas y las pequeñas explosiones les estremecían a la vez que a ella le fascinaba, tenía ante sí la fuerza interior de la Tierra que hablaba por la boca del Etna.

Sentados en las piedras sin poder desviar las miradas del volcán ni articular palabra ante el fenómeno que tenían delante. El guía les sugirió bajar por el lado contrario al que subieron para que conocieran los pueblos que existían en su falda.

En el trayecto les contaba como en la mitología griega en el Etna se situaban las fraguas de Hefesto que trabajaba con cíclopes y gigantes. Debajo de la montaña dormía el monstruoso Tifón causante de los frecuentes terremotos y erupciones.

También se cuenta que en el Etna murió el filósofo Empédocles que saltó al volcán para probar que era un dios inmortal.

Les resultó una excursión de lo más provechosa en todos los aspectos desde luego la comida era fabulosa parecida a la española si no fuera por la cantidad y variedad de pasta que comen.

Fueron al hotel a recoger sus pertenencias para ir a la capital de Sicilia cuyo nombre deriva de los antiguos pobladores los sículos y sicanos. Una vez instalados en la nueva hospedería se dirigieron al centro de la ciudad para ir a visitar la villa romana del Casal. Es muy conocida por poseer los mosaicos mejor conservados de la época romana.

Al día siguiente se desplazaron a Siracusa lugar donde nació y vivió Arquímedes. Con su parque arqueológico llamado Neapolis, del que destaca su gran teatro griego, es el de más capacidad de Sicilia.

Después visitaron Taormina fundada por los colonos huidos de Naxos, su teatro griego destaca entre otras construcciones, lo que ahora se conserva es la estructura romana.

Ya se acababan las vacaciones y regresaron a Catania cuya historia les atraía al estar dominada por su “majestad”.

Bajo dominio romano en el 121 a.e.c. la erupción del Etna la afectó seriamente y quedó libre de tasas durante dos años. Fue saqueada por Sexto Pompeyo y recibió después una colonia romana bajo César Augusto. El anfiteatro data de la segunda mitad del siglo II a.e.c El principal material empleado es la piedra lávica. Tras la ocupación de los vándalos la ciudad es saqueada y el anfiteatro abandonado y expoliado. Desde el teatro se divisan unas vistas absolutamente fantásticas del volcán.

Saturados por tantísima información, tan agotados por el calor y las caminatas, con pocos euros en el bolsillo se acercaron a comprar unos imanes del gran protagonista de su aventura veraniega.

Sentados en el avión con destino a Madrid llenos de buen humor satirizaban sobre algunas peculiaridades del viaje que con la rapidez que se desplazaban no daba tiempo a comentar. El sueño se apoderó de ellos y al despertar estaban casi en el aeropuerto de Barajas.

La lluvia templada les recibía a modo de leve refresco. El lunes se verían de nuevo en el café de costumbre y durante un tiempo el tema de conversación les haría recordar al Etna y a toda Sicilia.

La semana continuaba con las tormentas al atardecer cuyos rayos y truenos cada vez eran más imponentes, la lluvia arreciaba junto con los granizos y de nuevo Estel se quedó sentada tras los cristales contemplando el tintineo de las gotas y los golpes de las bolitas de anís.

Avanzada la madrugada un golpe seco hizo que se asustara y fue hacia donde provenía, cuando dos hombres invadieron su hogar. Se defendía gritándoles: ¡Fuera de mi casa! Por toda respuesta recibió un golpe que le hizo perder el equilibrio. Una vez en el suelo comenzó a patalearla, a duras penas se escabulló para coger la amatista que adornaba el aparador.

La arrojó contra el hombre mientras el otro iba a la cocina, esto agravó la situación cuando se quiso dar cuenta estaba arrinconada y la luz se apagó. Entonces un relámpago iluminó la habitación y una hoja acerada se hundió en su pecho.

 

Toñi

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