Las princesas de Ahora

En este mundo que gira en torno a un horario rotundo. Ese tic tac que no para.

Con unas ganas locas de no perder ya un segundo.

Cabe destacar que la mujer avanza a pasos agigantados y el hombre que la acompaña, la respeta y más la ama.

Por eso mi escrito de hoy es en honor a cualquier mujer. A la entereza, al saberse grande. Y también, a la pareja que así la valora, y se lo demuestra.

 Por supuesto que no existe el hombre perfecto, pero ¿y quién lo busca?

Tal vez aún haya quien sueña con ese príncipe azul, rojo o amarillo, que llegará y te despertará con un beso.

Pero, probablemente cuando despiertes y pasen los años, desearás volver a dormirte y sin verlo todo negro.

Porque, al final, de los sueños se despierta una solita. Y se cumplen junto a alguien y se comparten. Pero jamás permanecer, por ser simplemente acompañante.

 Espero y deseo que realmente seas de las princesas de ahora.

De esas que te despierta el sonido de grito de guerra de la canción más cañera, y te ayuda a empezar el día con energía.

Que te levantas y ladras o, simplemente, ni diriges la mirada, hasta que un buen desayuno te desbloquea.

De las que te da igual quien te vea con aquella camiseta vieja de deshilvanada, con esos pelos alborotados o con unas horribles ojeras, recién levantada.

 Y es que el mundo se comía a la mujer cuando se dignaba simplemente a opinar de algo, y ahora, la mujer que no opina, no es persona. No debería haber quien nos reprima.

Porque las princesas de ahora no tenemos miedo a nada, lo que ha de venir vendrá, lo que ha de suceder, se superará y lo que hay que disfrutar, no lo hay que desperdiciar, ya que hoy estás  y, si no, mañana estará otra.

 Me gusta pensar que cada vez más, tenemos la libertad, la autonomía, la capacidad y la gracia divina de ser y creernos el género fuerte.

Porque lo somos.

Porque una pareja a nuestro lado, nos ha de complementar, no nos ha de anular.

Y cada vez más, la princesa actual vive, lucha y corre con tacones, sin tacones, en falda o pantalones, pero se luce más bella y resuelta por  conseguir cuánto persigue y desea, por sus propios méritos, sin más.

Por supuesto que no existe la mujer perfecta, pero ¿Y quien la busca?

Si al final, al hombre le acaba atrayendo la más loca, la más risueña, la que no tiene complejos, y no conoce rival, la que se rie de ella misma, cuando llora sin sentido, la que expresa cuanto piensa sin vergüenza, la que se cuida porque sí, la que corre una mañana y a la noche sigue así, la que huye de estereotipos, pero luce siempre feliz. La que tiene estilo propio y se gusta sin sufrir.

 ¿sabeis lo qué opino?

Que, todas somos princesas de ahora.

Tenemos ese arte, esa gracia y esa seguridad junto a un sexto sentido, que muchos desean, y al final eso es lo que enamora.

Ella, Luna llena

Cuentan las ancestros, que una noche, ella, luna llena,  quiso acercarse a la tierra, y sin darse cuenta, quedo enredada en las ramas de un árbol. Apareció un lobo que comenzó acariciarla con su hocico. Así estuvieron jugando toda la noche. Al alba ella volvió a su cielo y él a su bosque.

Ella no pudo evitar robarle su sombra, no quería perderle.  Él cada luna llena le aúlla, reclamando lo que es suyo…..

Leyendas que en la sombra se entretejen, para el entretenimiento de aquellos que la rinden pleitesía.

Fotografías de Javi Gazapo y Marijose.

20 MINUTOS

Nunca pensé que llegaría a subir a ese tren.

7:39 Atocha (andén)

Ella abandonó unos segundos su móvil, mientras las lágrimas resbalaban por sus mejillas. Reparó en mí un instante. En sus jóvenes manos, subí dos escalones, entré…

Ni un minuto de retraso.

Ojeó rápido las páginas, pero de repente el led de su móvil parpadeaba nuevamente, me deja en el asiento y vuelve a su wasap

 

7:47 Villaverde bajo

Tanto escribir, apenas se dio cuenta de que ya había parado el tren y era su estación. Abandonó el asiento precipitadamente, y yo quedé tendido y sólo en aquel asiento del vagón de nuevo.

El hombre del traje me mira desde su asiento, pero no se atreve a cogerme. Con un ademán despistado, eludiendo las miradas del resto de los pasajeros, finalmente da cuenta de mis páginas apresuradamente.

 

7:55 El Casar

Espero que esta vez, este caballero me lleve con él. Me doble entre sus manos con la avidez a medio saciar, para dar cuenta de la lectura en otro momento más relajado.

Pero finaliza la lectura y de nuevo me abandona en el asiento…

Noooo, ¡no lo hagas!

 

8:03 Pinto

El joven que escucha música heavy con sus cascos también cae rendido a mis encantos. Me toma en sus brazos, el sí, seguro que esta vez, me deja permanecer a su lado. ¡Buena señal!, me enrolla en una suerte de canuto y da pequeños golpes a los respaldos de los asientos antes de dirigirse a la puerta de salida.

Estoy tan contento, que los saltos entre respaldo y respaldo, no permiten que se enturbien mi tersura y mi perfume a tinta fresca.

 

8:10

Desciende los dos escalones que le separan del andén y camina ligero hacia la salida de la estación, pero en uno de los bancos lo ve…

Apesadumbrado y maloliente, sucio y con un bocadillo recién rescatado de una papelera cercana, sacia su hambruna de horas sin nada que echarse al cuerpo.

El joven se conmueve, saca unas monedas de su bolsillo y me desembaraza del canuto en el que me había reliado.

-¿Me dejas el periódico chaval? Si es que ya lo has leído, claro…

-Toma quédatelo y ten un buen día, ¡hasta luego!.

El hombre de las manos sucias me está mirando al revés, ainss que me temo lo peor, este no me va a valorar como merezco.

Descuidadamente separa en dos haces mis hojas, las aplana en el banco donde se haya sentado y coloca el trozo de bocadillo restante encima de la sección de Horóscopos.

No, ¿dime que no va a hacerlo? –ruego, pido clemencia silenciosa…

Y arrebuja mi cuerpo en torno a ese bocadillo grasiento, lo está haciendo…

Un día más.

Nunca llegaré al final de la línea, aquí se acaba mi trayecto.

Después de haber sido fruto de la lectura de varios pasajeros, podría haber seguido de mano en mano todo el día, como otros días lo hago.

Pero hoy no, de nuevo envuelvo un bocadillo, y probablemente esta noche cuando con la primera helada nocturna recupere el bocadillo de su bolsillo y se tome el último blocado, terminaré calentando sus manos unido entre otros compañeros al fuego de una hoguera callejera.

Efímera la vida de este que les habla y que tiene nombre, 20Minutos, periódico gratuito para los ciudadanos, un servidor.

 

 

@Carlaestasola

para El Poder de las Letras

A %d blogueros les gusta esto: