Dulce tentación 2.

 

Norah pasó el resto de la semana buscando información en Internet sobre Samuel Smith. No figuraba en ninguna red social a pesar que con los tiempos que corrían la gran inmensa mayoría estaba registrado en alguna red social, pero no era el caso de Samuel. Encontró algunos reportajes sobre él y su empresa en una revista de energías innovadoras y descubrió que Samuel Smith tenía treinta y dos años, tenía su propia empresa de energías renovables que había levantado de la nada y que le había convertido en un hombre rico, envidiado por los hombres y adorado por las mujeres.

–  ¿Todavía estás aquí? – Le preguntó Bill asomando la cabeza por la puerta del despacho. – Es viernes, vete a casa a descansar o sal de copas con tus amigas.

–  Ya me voy, he quedado con Amy para ir a cenar. – Le respondió Norah al mismo tiempo que se ponía en pie y recogía sus cosas para marcharse a casa. – Que pases un buen fin de semana, Bill.

–  Lo mismo digo, Norah. – Se despidió Bill.

Norah llegó a casa, se dio una ducha rápida y llamó por teléfono a su mejor amiga Amy mientras se arreglaba para salir a cenar:

–  ¡Por fin! – Respondió su amiga Amy nada más descolgar. – Estaba casi segura de que tendría que ir a tu oficina y sacarte del despacho, trabajas demasiado.

–  Últimamente me cuesta concentrarme, eso hace que tenga que pasar más horas trabajando. – Se excusó Norah tratando de quitarle importancia al asunto.

–  ¿Tiene algo que ver con el nuevo accionista Samuel Smith? – Le preguntó Amy divertida. – Tienes que reconocer que el chico está para mojar pan, ¡con él me saltaría la norma de no practicar sexo antes de la tercera cita!

–  Eso no tiene mérito, siempre te la saltas. – Le recordó Norah mientras cepillaba su larga y morena melena. Y añadió para cambiar de tema: – Estaré lista en veinte minutos, ¿qué te queda a ti?

–  Llevo una hora dando vueltas por mi casa esperando a que estés lista, te espero fuera en veinte minutos, tengo el coche en la calle. – Le dijo Amy antes de colgar.

Amy era la mejor amiga de Norah desde que iban a la guardería. Los padres de Amy vivían al lado de los abuelos de Norah y siendo vecinas se habían convertido en amigas inseparables. Cuando se graduaron en el instituto, Amy y Norah se mudaron juntas a un pequeño apartamento de la ciudad para ir a la universidad, donde vivieron hasta un año atrás, cuando ambas decidieron comprar una casa apareada en el centro de la ciudad y volvían a ser vecinas.

Una hora más tarde, las dos amigas entraban en una pizzería donde iban a cenar cuando eran universitarias y donde de vez en cuando acudían para recordar viejos tiempos. Además, las pizzas de aquel lugar les encantaban. Era un lugar de encuentro de universitarios, pero ellas seguían sintiéndose cómodas allí y muchas de las personas que por allí veían eran viejos compañeros de universidad.

Cenaron entre risas y confidencias. Después Amy propuso ir a tomar una copa a un pub que inauguraban a un par de manzanas de casa.

–  Es un pub exclusivo así que, ya que pasamos por casa para dejar el coche en el garaje, entramos y nos cambiamos de ropa. – Dijo Amy mientras aparcaba su coche en el garaje.

–  Si es un pub tan exclusivo, ¿crees que nos dejarán entrar el día de la inauguración? – Preguntó Norah algo preocupada.

–  ¿A un par de bombones como nosotras? ¡Por supuesto que sí! – Sentenció Amy animada.

Ambas se cambiaron de ropa, Amy se puso un vestido de finos tirantes de color verde a juego con sus ojos y unos zapatos de tacón plateados y Norah se puso un vestido de palabra de honor de color azul y unos zapatos negros con un tacón de aguja de diez centímetros.

Llegaron al pub y uno de los tipos de seguridad resultó ser un viejo compañero de instituto que las dejó pasar sin necesidad de esperar en la interminable cola que había formada. Entraron en el espacioso local y sus ojos tardaron un par de segundos en acostumbrarse a la tenue luz que allí había. Las paredes estaban pintadas de rojo y negro, la barra estaba a la izquierda, a la derecha estaba la zona chill-out y justo en el centro la pista de baile. Se dirigieron a la barra y pidieron un par de copas a uno de los camareros, pero cuando Norah se dispuso a pagar, una voz que provenía justo de su espalda y que ya había escuchado antes, le erizó el vello de la piel le dijo:

–  Las señoritas están invitadas a todo lo que pidan.

Norah se dio la vuelta despacio, esperando un milagro y no encontrarse allí a Samuel Smith, pero no tuvo suerte. Se miraron fijamente a los ojos durante un par de segundos hasta que Samuel, con una pícara sonrisa en los labios, le dijo a Norah:

–  Señorita Stuart, no esperaba encontrarla por aquí, pero me alegro de verla.

–  Yo tampoco esperaba encontrarle por aquí, señor Smith. – Le respondió Norah con el ceño fruncido.

Amy le dio un codazo a su amiga, no se podía creer que aquél Dios fuera el nuevo jefe de Norah, su amiga se había quedado corta al describirlo. Sin comprender por qué Norah era tan borde, Amy decidió intervenir antes de que a su amiga se le ocurriera soltar alguna burrada:

–  Soy Amy Walsh, una amiga de Norah.

Samuel estrechó la mano que Amy le ofrecía y le dijo sin dejar de sonreír:

–  Encantado de conocerte, Amy. Yo soy Samuel y éste es mi amigo Josh. – Se volvió hacia a su amigo y le dijo: – Josh, te presento a la señorita Stuart y a su encantadora amiga Amy Walsh.

Josh, un tipo moreno de ojos oscuros y penetrantes, saludó a ambas chicas y él sí que obtuvo la sonrisa y la simpatía de ambas. Amy y Josh entablaron una conversación sobre la liga nacional de fútbol y Samuel aprovechó el momento para acercarse a Norah y decirle:

–  Señorita Stuart,…

–  Llámame Norah, me estás empezando a poner nerviosa con el “señorita Stuart”. – Le interrumpió Norah molesta. – Gracias por la invitación, pero no era necesaria. Maldijo en voz baja cuando vio a Amy dirigirse hacia a la pista de baile con Josh y le preguntó: – ¿Puedo preguntarte algo?

–  Adelante. – La animó Samuel.

–  ¿Qué relación hay entre una empresa de energías renovables y una empresa de organización de grandes eventos? – Preguntó Norah.

–  Me intereso por el futuro de nuestro planeta, pero también me gusta divertirme. – Le contestó Samuel sin dejar de mostrar su perfecta sonrisa.

Norah y Samuel se bebieron dos copas más hasta que Amy y Josh decidieron dejar de bailar y regresar a la barra con ellos. Durante ese tiempo, Samuel y Norah apenas hablaron, se dedicaron a observarse y a hablar de cosas banales como del frío y de la nieve que se había instalado en la ciudad.

–  Ya va siendo hora de marcharnos a casa. – Dijo Norah.

–  Os acompañamos. – Se ofreció Samuel.

–  Gracias, pero no es necesario, vivimos cerca. – Le respondió Norah. – Nos vemos el lunes.

–  Hasta el lunes, entonces. – Le dijo Samuel fingiendo indiferencia.

Como dos caballeros que eran, Samuel y Josh las acompañaron a la puerta y pararon a un taxi para que las llevara a casa.

 

LOS RELATOS DE RAKEL

Las princesas de Ahora

En este mundo que gira en torno a un horario rotundo. Ese tic tac que no para.

Con unas ganas locas de no perder ya un segundo.

Cabe destacar que la mujer avanza a pasos agigantados y el hombre que la acompaña, la respeta y más la ama.

Por eso mi escrito de hoy es en honor a cualquier mujer. A la entereza, al saberse grande. Y también, a la pareja que así la valora, y se lo demuestra.

 Por supuesto que no existe el hombre perfecto, pero ¿y quién lo busca?

Tal vez aún haya quien sueña con ese príncipe azul, rojo o amarillo, que llegará y te despertará con un beso.

Pero, probablemente cuando despiertes y pasen los años, desearás volver a dormirte y sin verlo todo negro.

Porque, al final, de los sueños se despierta una solita. Y se cumplen junto a alguien y se comparten. Pero jamás permanecer, por ser simplemente acompañante.

 Espero y deseo que realmente seas de las princesas de ahora.

De esas que te despierta el sonido de grito de guerra de la canción más cañera, y te ayuda a empezar el día con energía.

Que te levantas y ladras o, simplemente, ni diriges la mirada, hasta que un buen desayuno te desbloquea.

De las que te da igual quien te vea con aquella camiseta vieja de deshilvanada, con esos pelos alborotados o con unas horribles ojeras, recién levantada.

 Y es que el mundo se comía a la mujer cuando se dignaba simplemente a opinar de algo, y ahora, la mujer que no opina, no es persona. No debería haber quien nos reprima.

Porque las princesas de ahora no tenemos miedo a nada, lo que ha de venir vendrá, lo que ha de suceder, se superará y lo que hay que disfrutar, no lo hay que desperdiciar, ya que hoy estás  y, si no, mañana estará otra.

 Me gusta pensar que cada vez más, tenemos la libertad, la autonomía, la capacidad y la gracia divina de ser y creernos el género fuerte.

Porque lo somos.

Porque una pareja a nuestro lado, nos ha de complementar, no nos ha de anular.

Y cada vez más, la princesa actual vive, lucha y corre con tacones, sin tacones, en falda o pantalones, pero se luce más bella y resuelta por  conseguir cuánto persigue y desea, por sus propios méritos, sin más.

Por supuesto que no existe la mujer perfecta, pero ¿Y quien la busca?

Si al final, al hombre le acaba atrayendo la más loca, la más risueña, la que no tiene complejos, y no conoce rival, la que se rie de ella misma, cuando llora sin sentido, la que expresa cuanto piensa sin vergüenza, la que se cuida porque sí, la que corre una mañana y a la noche sigue así, la que huye de estereotipos, pero luce siempre feliz. La que tiene estilo propio y se gusta sin sufrir.

 ¿sabeis lo qué opino?

Que, todas somos princesas de ahora.

Tenemos ese arte, esa gracia y esa seguridad junto a un sexto sentido, que muchos desean, y al final eso es lo que enamora.

Ella, Luna llena

Cuentan las ancestros, que una noche, ella, luna llena,  quiso acercarse a la tierra, y sin darse cuenta, quedo enredada en las ramas de un árbol. Apareció un lobo que comenzó acariciarla con su hocico. Así estuvieron jugando toda la noche. Al alba ella volvió a su cielo y él a su bosque.

ella, luna

Ella no pudo evitar robarle su sombra, no quería perderle.  Él cada luna llena le aúlla, reclamando lo que es suyo…..

ella,lunaLeyendas que en la sombra se entretejen, para el entretenimiento de aquellos que la rinden pleitesía.

Fotografías de Javi Gazapo y Marijose.

A %d blogueros les gusta esto: