38 Segundos

 

Esta tarde es muy calurosa, estoy en rio de Janeiro me llamo Laura y soy azafata hemos aterrizado esta mañana procedentes de Italia, son muchas horas de vuelo y estoy muy cansada sin embargo avisaré a mi familia que estoy bien, en el hotel que estamos hospedados es muy bonito, me doy una ducha y a descansar que dentro de unas horas tenemos el regreso hacía casa.  Cuando salgo de la ducha, alguien pica a mi puerta de la habitación, es Marc el capitán del avión…

-Hola laura que tal estas? dijo Marc.
-Bien muy cansada, voy a dormir que luego nos queda el vuelo de regreso y son muchas horas ya lo sabes…
-No! saltó Marc   vámonos de marcha que estamos en Rio, David conoce un par de sitios que nos servirán copas y bailamos..
-Si David es la primera vez que viene aquí, lleva pocas horas de vuelo…dijo Laura
-Si, Si pero su hermano antes de venir le aconsejó estos sitios, ven vamos que nos divertiremos…
-No gracias de verdad voy a descansar, tu deberías hacer lo mismo…
-Bueno tu te lo pierdes, contestó Marc.. alejándose de la puerta
Laura cerró la puerta de su habitación, escuchando a Marc saltar y seguir picando a la puerta de mis compañeras a ver si alguien se animaba.
De repente sonó mi despertador… Madre mía ya es hora de volver-susurró Laura.
Laura se puso a recoger sus cosas de la habitación, habían quedado dentro de una hora que el taxi-bus venia  a recogerlos a la tripulación de la compañía para el regreso.
Salió de la habitación, y se dirigió al vestíbulo del hotel donde esperaban todos los demás, pero Marc y David no estaban, seguro que se han quedado dormidos pensó Laura. Al cabo de un rato aparecen el capitán y su compañero bajando por las escaleras pero no con muy buena cara.
-Que os pasa?-Preguntó Laura, no os dais cuenta que estáis hechos unos desastres..
-Ha sido una noche fantástica, hemos dormido una hora solo,pero no te preocupes estamos perfectamente-dijo Marc
-Y si se entera la compañía de que habéis salido?…
-No se va a enterar a menos que tu te vayas de la lengua verdad Laura?.-respondió Marc.
Laura se quedó muda y no contestó, toda la tripulación subió al bus para llevarlos al aeropuerto para el regreso a su casa.
Durante el viaje en el bus Laura apoyó la cabeza en el cristal, y se entretenía en ver todo lo que pasaba delante de ella las vallas publicitarias, le daba tiempo a leerlas todas… “No te vayas, quédate”, “Haz que el tiempo se pare,aquí en Rio”
“Duérmete y sueña que no te has ido”.
Curiosas verdad,todas dicen que no te vayas de Rio de Janeiro, normal esto es precioso.-pensó Laura.Llegaron al aeropuerto y pasaron el checking correspondiente al personal de la tripulación del vuelo IX-949.
Ya estaban todos dentro del avión,y empezaron a entrar los pasajeros, Laura se puso en la puerta para ir recibiéndolos y darles la bienvenida a nuestra compañía, se fijaba en todas las personas que iban entrando era normal después de las casi doce horas que dura el vuelo,le gustaba que la gente se sintiese cómoda.
Una vez embarcaron todos los pasajeros, el avión se dispuso a despegar, recibiendo las instrucciones de la torre de control, el vuelo IX-949 un Boeing 747 con 280 pasajeros alzó el vuelo dirección Italia.

A las pocas horas de vuelo el Boeing 747 desapareció sin dejar rastro en el océano Atlántico con 280 pasajeros, tardaron semanas en recuperar las cajas negras y los cuerpos de todos incluidos los de la tripulación.  En las últimas conversaciones grabadas el capitán de vuelo Marc Oldsen, dejó a los mandos a su compañero David Roberts, porque tenía sueño y quería descansar. El avión atravesó una tormenta tropical, y el inexperto David no supo reaccionar intentando controlar el aparato sin conseguirlo, a falta de 38 segundos antes de que el avión desapareciera, David despertó al capitán y solo se escuchó….

¡Estamos muertos!…..

Y otra voz de mujer que dijo… …. “No te vayas quédate”,  tenia que haber hecho caso…….

 

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Alma gemela.

“Siempre tan necios andáis
que, con desigual nivel,
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis.”

Suspiró al leer aquel fragmento del poema. Sin terminar de leerlo, depositó el libro sobre la mesita auxiliar y cerró los ojos, dejando que aquellas palabras resonaran en su cabeza una y otra vez. Era como si hubiesen escrito aquellos versos pensando en él.

Recordó las duras palabras de su madre un par de noches atrás. Ella, siempre tan dulce y cariñosa, siempre tan comprensiva con su único hijo, le reprochó que, a su edad, siguiera soltero. La mujer quería disfrutar de sus nietos y verlos crecer, pero temía que ese momento jamás se llegara a producir. Y, la única razón, era su necedad.

Él era un hombre atractivo, muchas mujeres se le ofrecían a diario, no importaba si eran solteras, casadas, divorciadas o viudas; todas estaban dispuestas a complacerle. Desgraciadamente, sabía por experiencia propia que aquello no le saciaba, no le divertía lo suficiente como para repetir con alguna de esas mujeres. Le resultaba tan fácil tenerlas, que el juego perdía la gracia y él perdía su interés por ellas.

De igual modo, las mujeres que se empeñaban en dramatizar y complicar la relación le atormentaban, sacaban lo peor de él. Esas mujeres tampoco le satisfacían, también lo sabía por experiencia.

Resopló con resignación, quizás no existía una mujer perfecta para él. Tal vez, él no tuviera nunca un alma gemela con la que disfrutar día tras día y al que querer con la misma devoción que se querían sus padres.

Unos golpes en la puerta de su habitación le devolvieron a su aburrida realidad. Se frotó la cara con las manos, tratando de deshacerse de aquellos pensamientos negativos y, tras carraspear para aclararse la voz, dijo alzando la voz:

–Adelante.

La puerta se abrió y la figura de su madre apareció ante él. Lleva un par de días esquivándola, aquella última conversación que habían mantenido le había trastocado más de lo que esperaba.

–Cielo, ¿estás bien? –La preocupación por su hijo era palpable en su voz.– No debes darle tantas vueltas, algún día encontrarás a la mujer perfecta para ti.

–Y, ¿si no es así?

–Lo será, ya lo verás –insistió, totalmente segura de sus palabras.

Abrazó a su hijo con ternura, le deseó buenas noches y se marchó dejándolo en soledad para perderse de nuevo en sus pensamientos.

Duele el amor

 

Una tarde a finales de otoño Aurora se encontraba más melancólica que de costumbre, sucumbió a la tentación conectándose a Internet. Mientras se preparaba un té muy caliente con unas gotas de leche, su eterno compañero de lectura.

Movió los dedos preparándoles para el ejercicio a los que los sometería toda la tarde, suspiró profundamente y comenzó su bautismo en las redes sociales. Poco a poco fue perdiéndoles el respeto avanzaba en Facebook sorprendida con la facilidad de su manejo entró a chatear, aquí receló, pues sabía que las personas lo utilizaban como engañifa y una malsana diversión pero también habría alguien que no mentiría, que necesitaría comunicarse, la soledad a veces pesa demasiado, hablaba con jóvenes y otros no tanto lo hacía con fruición, lo disfrutaba.

A la mañana siguiente se arregló, cogió su bolso y mirándose por última vez en el espejo salió a dar su paseo matinal por la pequeña ciudad marítima, donde quería pasar sus primeros años de una incipiente vejez.

Aurora sentía sobre sus hombros el peso de la edad, más amplia que de la que en realidad tenía, se acercó al paseo marítimo, aspiraba el aire húmedo y salino del mar.

Buscaba un banco donde sentirse próxima al mar, atrapada en el infinito por los azules maravillosos del agua y cielo mediterráneos, la luz cegadora acariciando sus ojos, entonces los cerraba dejando volar su imaginación.

Le gustaba crear un mundo de fantasía, lleno de romanticismo trasladarse a épocas pretéritas donde sólo la poesía y el murmullo del mar lograban llevarla, estaba tan feliz con sus ensoñaciones que temía abrir los ojos y destruir su mundo mágico.

Como si volviera de una regresión hipnótica, abrió sus ojos color avellana y a través de los cristales ahumados de sus gafas, miró el horizonte que la fascinaba. Hoy pensó hoy sería diferente, no volvería a casa como hacía otros días, hoy iba a ser su día especial, encaminó sus pasos hacia el casco antiguo de la ciudad.

Callejeando por las empinadas y estrechas calles admiraba su arquitectura de puerto pesquero, sus casitas blancas y azules con floridos tiestos en sus fachadas, recordaban otros tiempos más bulliciosos, cuando los pescadores regresaban con la preciada carga.

En una de las callejuelas subiendo las escaleras encontró una taberna que invitaba a entrar y saciar el hambre con un plato marinero. Con un rápido vistazo ojeó el local y se sentó al lado de la ventana donde el paisaje parecía haber salido de un cuadro de Sorolla.

En ese momento entró en la taberna un hombre fornido y alto con aspecto marinero, se sentó en la mesa de enfrente por un instante sus miradas se cruzaron, la imaginación de Aurora echó a volar.

Llegó cansada pero con aires renovados comenzó a chatear un Nick hablándole de la Toscana, cosa lógica si era su Nick, continuó con Florencia, monumental, pisar su suelo era trasportarse a unos tiempos pretéritos de caballeros e intrigas palaciegas, y de arte, sobre todo de arte, entonces se le presentó se llamaba Carlos le gustaba viajar como a ella.

Sin darse cuenta se fue adentrando en el mundo cibernético sus citas vespertinas con él sus charlas parecían no tener fin las despedidas se alargaban tanto que recordaban a dos adolescentes, cuando comienzan a descubrir el amor en toda su extensión. ¿Cómo podía suceder, si no se conocían? Aurora no daba crédito a sus sentimientos la estaban zarandeando como una vara de fresno y no podía resistirse, se sentía viva por primera vez en muchísimo tiempo.

Una profunda tristeza anidaba en su alma, siempre añoró el amor romántico quizás influenciada por la poesía de Bécquer, la de Quevedo, era tan actual, pero el amor ¿no es siempre el mismo? Pasa el tiempo, las personas, las épocas y el amor (los sentimientos) son siempre los mismos.

Pensó sino estaría enamorada del amor. La Primavera había irrumpido dejando atrás el frío del invierno algo parecido sentía en su interior, Carlos estaba consiguiendo poco a poco cimbrear su vida desde lo mas profundo de su ser, tanto, que le parecía estar viviendo en un mundo con su punto de irrealidad ¿eso era amor? ¿Pasión? o una ilusión desmedida, que le provocaba un extraño en ese aspecto era ingenua.

La luz del atardecer se apagaba a la vez   que sus parrafadas, eran horas y horas placenteras las preguntas cada vez más íntimas la descolocaban, le comunicó que viajaría desde Barcelona a Madrid ella asintió, era un buen lugar cualquier rincón de la ciudad era su casa.

A medida que se acercaba la fecha del encuentro se imaginaba a Carlos, muy alto, de ojos verdes y de complexión fuerte, era lo quel le decía, pero también tenaz, cariñoso.

Sin esperarlo esa tarde se rompió la magia Carlos no se conectó, en un principio ella no le dio mayor importancia, pero lo que parecía una eventualidad se fue convirtiendo en habitual, se desencantó tanto, tque un baño de realidad inundó su espíritu; una llamada telefónica de su amiga evitó que no se encerrara en casa a llorar a moco tendido.

Después recuperó los paseos a la playa y sus lecturas nocturnas. Pensó que “no podía ser bueno aquello que tanto la cambiaba.” Las luces del alba la encontraban sumergida en la lectura.

De pronto Aurora recordó que tenía que responder a un correo ¡OH! Sorpresa, en cuanto lo abrió Estaba llenito de emoticones florales y de besos era Carlos (había dado señales de vida)… Pidió tantas disculpas y de todas formas posibles, estaba tan coladita por él no podía resistir la tentación de no estar a su lado. Estaba tan enamorada que sin pensar en su orgullo, dignidad…Cegada como se hallaba cedió.

Las confidencias se hicieron más íntimas. Sus manos acariciándose sin tocarse las miradas penetrantes les erizaban la piel y esos besos que transmitían su deseo. Pero no era suficiente sus sentimientos empezaban a aumentar poco a poco en intensidad. Querían sentirse más cerca mientras charlaban escuchaban música, los sentimientos eran tan fuertes que traspasaban las pantallas de los portátiles, eran tan intensos que se notaba rejuvenecer, lo había convertido en una adicción cada tarde esperaban su dosis, su dosis de ¿qué? De una dulce dosis de fantasía otoñal.

Aparecían los temores las dudas ante la relación un tanto extraña que estaba manteniendo. Le faltaba confianza para lanzarse al abismo, el riesgo que entrañaba era mucho.

Durante el día no dejó de pensar en ello estando en estas y otras diatribas se conectó a Internet, Carlos no se conectaba su intuición le decía que eso era el principio de muchas tardes sin él…

A lo largo de los días se fue atemperando no sentía dolor mas bien decepción; llegó a la conclusión que Carlos era un inmaduro emocional y un ególatra. Todo era un sueño, no, no lo era la imperante realidad se lo mostraba tozuda una y otra vez, sólo había tenido un poquito de ilusión por unos días, qué andando el tiempo le harían sonreír por su ingenuidad.

Dispuesta a zanjar estas idas y venidas se colocó frente al ordenador para mandarle un correo para proponerle una cita. Quedarían en Madrid, si aceptaba se encontraría allí. Don Guadiana se anticipó al contestarle con otro correo, pudo en él más la curiosidad por conocer a la persona que tan coladita estaba por él que la incomodidad del viaje. Aceptó la cita que le propuso esta vez sí que la sorprendió, se lo dio todo planificado para su encuentro en Madrid y eso la descolocó pese a todo decidió continuar adelante.

Llegó la hora quedaron para comer la Puerta del Sol era su punto de encuentro, Aurora lo adentró por entre las estrechas calles del viejo Madrid buscaba una taberna con reminiscencias pasadas.

El gran ramo de rosas rojas con que la obsequió, la dejó anonadada, emocionada, tuvo que hacer un esfuerzo para que su voz no se notara temblorosa, y esbozando la mejor de sus sonrisas le agradeció tan buen detalle, Carlos se la devolvió, la comida transcurrió animada, su charla agradable le hacía bajar la guardia sin ser muy consciente de ello, fueron paseando hacia los jardines de Sabatini, admirando el Palacio Real sentándose frente a él. Carlos tomó sus manos las besó y un estremecimiento recorrió su cuerpo, sus ojos verdes se clavaron en los suyos como una espada de fuego.

De pronto sintió sus carnosos labios en los suyos, un profundo y largo beso que no tenía fin.

Despertó entre sus brazos, sus varoniles brazos, se acurrucó se hizo más pequeña si cabe, Carlos la abrazó muy fuerte, Aurora no quería tener que separarse de él…. Permanecer juntos abrazados detener el paso del tiempo, era feliz, inmensamente feliz nunca lo había sido tanto.

Ese día no salieron de la habitación del hotel, entre sus confidencias y sus demostraciones amorosas apenas necesitaron de otro alimento; las horas pasaron irremediablemente, en poco tiempo se encontraría volando hacia Barcelona, y ¿ella? ella qué. Se había enamorado perdidamente de él ¿sería correspondida? Apenas hiló este pensamiento cuando las palabras estaban brotando de su boca, él la miró sonriente y la atrajo hacia su pecho abrazándola muy fuerte, besándola con tal pasión que disipó todas las dudas que pudiera quedarle.

Fueron juntos hasta el aeropuerto de Barajas, su tiempo se extinguía y una furtiva lágrima rodó por el rostro de Aurora, permaneció allí aún cuando el avión de Carlos ya surcaba el cielo madrileño. Obscurecía cuando tomó el Metro hacia  casa. Su cuerpo estaba en el vagón pero su mente no había salido de aquella habitación de hotel.

Al salir del Metro apresuró el paso para llegar cuanto antes y tumbarse en la cama a rememorar las hermosas horas pasadas juntos. Se aferraba a ellas con tal fuerza como si fuera el final de su existencia. Extrañaba el tacto de su piel, su olor, sus besos y para que engañarse todo él desde el momento de su separación.

La pantalla se iluminó y su rostro también, allí estaba con sus palabras dulces con la mano en la cámara Aurora acercó la suya para sentirse cerca, lo más cerca posible, que la distancia les permitía.

Así estuvieron días, semanas que a Aurora le parecieron eternas, tenía una necesidad acuciante de volver a sentirle, de ser una nueva mujer entre sus brazos, Internet era tan frío…Se lo propuso a Carlos, pero esta vez sería ella la que fuera no Madrid sino Barcelona.

No reaccionó como ella esperaba las excusas e inconvenientes que le ponía eran increíbles, volvieron sus dudas los temores de otro tiempo, ahora le rompería en mil pedazos el corazón, cuánto tiempo resistiría ese impás.

Don Guadiana volvió a las andadas ahora estoy, mañana no, esta situación la desquiciaba que tipo de relación era esa. Sabía que la situación no podía alargarse era un desgaste que no llevaba a ninguna parte.

Volvió a recibir un correo de Carlos proponiéndole verse de nuevo en Madrid, su corazón no quería verle, pero como negarse ante su tenaz insistencia y ¿la tentación de su piel? No le dio tiempo a nada, Carlos estaba en Madrid azorada fue corriendo hacia él.

La furia de la pasión nublaba la razón  cómo la primera vez se respiraba la fogosidad de dos cuerpos entregados, desesperados hasta los últimos estertores del placer. De nuevo repetían lo mismo incluso no pisaron la calle sino para alejarse.

Esta vez no le acompañó sumida en sus pensamientos se dirigió a  casa y un sentimiento de culpa se apoderaba de ella; no pudo resistirse encendió el portátil, Carlos estaba allí desde su teléfono seguía engatusándola y ella perseguida…. ¿Hasta cuando?… ¿Hasta cuando?…   Estaba tan perdidamente enamorada de él, no sabía cómo iba a salir de esa espiral. ¿Que hacer?… ¿Que hacer?….Se repetía machaconamente en su cerebro. Desesperada, se tiró sobre la cama y llorando se durmió.

Cuando despertó, parecía que hubiera dormido una eternidad, el tren la acercaría a sentir de nuevo el olor a sal y la luz mediterránea.

Decidida a no ser un juguete en sus manos hizo acopio de sus fuerzas, se puso frente al ordenador y de un plumazo borró los emails, las direcciones, las fotos y las poesías  quitó todo rastro de Don Guadiana mientras lo hacía, unas silenciosas lágrimas resbalaban por su cara le dolía tanto…

Toñi

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