Dulce tentación 18.

Seis meses después de aquel fin de semana en Palmville, Norah y Samuel continuaban pasando juntos todas las noches, casi siempre en casa de él. Amy también se pasaba casi todas las noches en casa de Josh, así que las chicas seguían viéndose a diario. Gerard y Becky habían comenzado a salir juntos desde que se conocieron en Palmville y les iba muy bien. Elvira y Frank estaban encantados de ver a sus hijos enamorados y felices, igual que lo estaban los abuelos de Norah y los padres de Amy.

Era sábado por la noche y Norah quería salir a cenar con Samuel, pero él prefería cenar en casa y se encargó de preparar la cena.

–  Me apetecía ponerme un vestido sexy y provocarte toda la noche. – Le susurró Norah a Samuel al oído mientras él servía dos copas de vino.

–  Ve a ponerte un vestido sexy y provócame todo lo que quieras, pequeña. – Le susurró Samuel buscando sus labios para besarlos. – Pero no tardes, la cena ya casi está.

Norah salió de la cocina y regresó veinte minutos después vestida con un ceñido y corto vestido de color rojo con un gran escote hasta el ombligo en forma de pico y sujeto por dos finos tirantes atados al cuello con un lazo fácil de deshacer.

–  Pequeña, estás muy sexy. – Le dijo Samuel con la voz ronca. – Vamos al comedor, ya está lista la cena. – La acompañó al comedor y la ayudó a sentarse.

Norah se quedó asombrada cuando descubrió la romántica mesa que Samuel había preparado, con velas y un ramo de rosas rojas de centro de mesa.

–  No puedo creer que hayas hecho esto en tan poco tiempo, ¿lo tenías preparado? – Bromeó Norah mientras se sentaba en su silla. Esperó a que Samuel se sentara su lado y añadió: – Todo esto es perfecto, grandullón.

–  Tú lo haces perfecto, pequeña. – Le dijo Samuel besándola en la mejilla. – Quería que cenáramos en casa por un motivo, quiero que esta noche sea una de esas noches que recordemos cuando seamos ancianos. Y mira, he preparado tu plato preferido.

Samuel y Norah cenaron en el salón bajo la tenue luz de las velas, alternando cada bocado que se llevaban a la boca con suaves caricias y breves besos. Brindaron con sus copas de vino por su futuro y Samuel encontró el momento perfecto para preguntarle lo que tantas veces había deseado. Se sacó una pequeña caja cuadrada de terciopelo rojo del bolsillo, hincó la rodilla izquierda en el suelo, abrió la cajita para mostrarle a Norah el precioso anillo de oro blanco con un rubí tallado y engarzado en el contorno del anillo y le preguntó con voz firme pese al temor de oír lo que no deseaba:

–  Norah Smith, ¿quieres casarte conmigo y hacerme el hombre más feliz de la Tierra?

Norah no se lo podía creer. Los ojos se le llenaron de lágrimas de felicidad, estar con Samuel el resto de su vida era lo que más deseaba y que Samuel también deseara estar con ella la hacía sentirse la mujer más afortunada del mundo.

–  Cariño, será mejor que me des una respuesta antes de que me dé un ataque al corazón. – Le rogó Samuel nervioso.

–  ¡Sí! ¡Sí quiero casarme contigo! – Le respondió Norah arrojándose a sus brazos. Le besó con verdadera pasión y necesidad y añadió: – Me alegro de haberme quedado en casa, así puedo hacerte el amor en este mismo momento.

–  Mm… Pequeña. – Gruñó Samuel excitado. Atrajo a Norah hacia a sí y la colocó sobre su regazo al mismo tiempo que le susurraba al oído: – Voy a quitarte este vestido sexy para poder ver tu preciosa piel desnuda. – Le quitó el vestido deslizándolo suavemente hacia arriba mientras ella estiraba los brazos para ayudarle y el vestido ascendió sobre su cabeza y salió volando hasta caer al suelo. Samuel tuvo que recordar cómo se respiraba al ver a Norah completamente desnuda a horcajadas sobre él: – ¿Dónde está tu ropa interior, cariño? – Le preguntó Samuel divertido.

–  Ya que íbamos a quedarnos en casa, he pensado en darte una sorpresa. – Le respondió Norah riendo divertida mientras Samuel acariciaba su suave y desnuda piel.

Samuel retiró con el brazo todos los utensilios de cocina que había sobre la mesa y colocó a Norah sobre la misma, con la espalda pegada a la mesa y el trasero pegado al filo. Samuel se deleitó unos segundos observándola y después acarició sus pechos, mordisqueó sus pezones y tiró suave y placenteramente de ellos hasta que se pusieron duros. Acto seguido, deslizó su mano entre las piernas de ella y acarició su pubis antes de introducir dos dedos en su vagina para comprobar lo húmeda que estaba.

–  Me encanta encontrarte siempre tan mojada para mí. – Le susurró Samuel y añadió al mismo tiempo que acariciaba lentamente su clítoris. – Quiero probar tu sabor, pequeña.

Samuel se agachó y recorrió con su lengua cada recoveco del sexo de Norah, presionando el centro de su placer, rozándolo con los dientes, haciendo que ella sintiera una mayor intensidad y notando cada espasmo que aquel placer le producía. Hasta que Norah ya no pudo aguantar más y, agarrando a Samuel con ambas manos por la mandíbula, le dijo con urgencia:

–  Te quiero dentro, te quiero ahora.

Samuel le dedicó una sonrisa y obedeció las órdenes de Norah, que le miraba salvajemente con ese brillo en los ojos que ardían de pasión y deseo. La penetró de una sola estocada y con fuerza, como sabía que a ella le gustaba, y la vio arquear su perfecto cuerpo, buscando un mayor placer con cada una de las siguientes embestidas que Samuel le propinó. Samuel siguió entrando y saliendo de ella mientras acariciaba los pechos de Norah con su mano izquierda y con la mano derecha buscaba su clítoris para estimularlo con movimientos rápidos y circulares que rápidamente hicieron que Norah alcanzara el éxtasis del placer y acto seguido lo hiciera Samuel. Unos segundos después, en cuanto Samuel pudo ser capaz de respirar con normalidad y controlar su cuerpo, se terminó de quitar la camisa y se la puso a Norah por encima antes de cogerla en brazos y llevarla a la habitación, donde volvieron a hacer el amor.

Con Norah entre sus brazos y con su anillo de compromiso en el dedo, Samuel se sintió el hombre más feliz del mundo y le susurró al oído a Norah antes de que se durmiera:

–  Te quiero, pequeña.

–  Yo también te quiero, grandullón. – Le dijo Norah tras darle un beso en los labios.

 

FIN

Soledad

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Soñare contigo cada día
recordaré cada rincón de tu cuerpo
imaginaré tus caricias, sin tragedia
lloraré sin ti?

Puede que sin tus celos
sin tu egoísmo verdadero
desde el primer día que te conocí
esa es tu forma de querer?

Siempre daría la vida por ti
a pesar del daño que me hiciste
no puedo confiar en ti
me vas a volver a mentir?

Dime si merece la pena
cambiar sin apenas amor
solo por liberar mis sentimientos
que tal se está en soledad?

Desendencia de la hija única

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Y creció la hija única del pecado original (humanidad)
y a éste lo convirtió en abuelo.
Ella engendró sus propios hijos. Siete ángeles, los otros
siete demonios.

El castigo, lidiar con siete de ellos hasta la eternidad
ayudada por ángeles aliados, sus hijos buenos.
Así el transcurso de los días desde la creación
hasta el momento.

Lujuria
que rondas incitando la concupiscencia de la carne
mientras la Castidad lucha tenazmente para moderar los
placeres que contigo siempre llevas en exceso como todas
las demás.

Gula
que comes y bebes excesivamente sin frugalidad, aun
sin sentir hambre. Mientras la Templanza busca mantener un
equilibrio en la voluntad de los instintos, manteniendo los deseos
al límite de la honestidad.

Avaricia
con genes de exceso dentro para enriquecer materialmente
llevando consigo de esclavos al soborno, la acumulación y el robo.
Nunca seras como tu hermana la Generosidad que entiende y da
a los demás, tan altruista y filantrópica.

Pereza
la más metafísica de las siete. Muestra incapacidad de aceptar
y hacerse cargo de sí misma viviendo en el ocio sin trabajar.
Bendita Diligencia, virtuosa de un esmero poniendo entusiasmo a las
acciones y el trabajo. ¿Qué seríamos sin ti?

Ira
de ti no quiero ni hablar, porque nombrarte es invocarte y te pondré
en práctica contra ti misma.
Bienvenida Paciencia, que alejas al enfado y resentimiento, hijos de la ira.

Envidia
siempre deseando lo que es de los demás. Deseando el mal
del prójimo, para de un mal ajeno disfrutar,con animadversión e
insaciable deseo.
Pero la Caridad hará justicia con su empatía y amistad.
.

Por último la Soberbia.
Subestimando con su manto de orgullo y superioridad.
Líder de los demonios, altiva, arrogante, vanidosa.
Humildad que nos cobijas en tu manto con virtud
de modestia y sencillez. Que no te sientes importante
y puedes con tu fuerza, de la soberbia generar ausencia.

Angeles y demonios …
Pecados y virtudes…
Humanos y tendencias…

Xavier H.©

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