Buenos días Dehesa

Toparse con las telarañas

que arrastró el viento

de uno al otro lado de

caminos no andados

en tiempos de lluvia,

se van enredando en mi frente.

Caminar entre jarales en flor

tiene sus inconvenientes

 

El sol se enciende

dando los buenos días

a la flor de la jara,

ésta le abre sus pétalos

mostrando las lágrimas moradas

de su alma.

 

Sus amarillos pistilos

humedecidos por el rocío,

se hierguen orgullosos

a las osadas abejas

buscando ser polinizadas 

 

En ese recodo del camino,

a la izquierda,

se ocultaba una vigía inesperada,

sus orejas blancas

y enorme panza

anuncian un parto pronto,

la naturaleza se afianza.

 

El camino se angosta

cada vez menos explorado

el sol levanta a las sombras de la mañana

alejando la humedad de estos días,

escampa en la hierba

 

Sigo camino,

deshilachando telarañas

escucho al cuco

a lo lejos

marcando las horas y mis pasos.

Pían en las ramas del chopo

en su nido

los polluelos de la urraca,

demandan su maná

mientras su madre se afana a la caza

de insectos para ser engullidos.

 

Amanece en la dehesa,

mis pies se van cansando.

A lo lejos los cencerros

avisan que la manada se aleja,

 supongo mi amiga con ellos

 

No me apetece volver a casa,

más el sol arrecia

y  es largo el camino de vuelta.

Debería haber traído

mi sombrero de paja.

 

Mis pies caminan de memoria

cada una de las piedras de la senda

mientras el olor del jaral ameniza  la vuelta 

A paso no tan ligero,

se recrea,

para cuando me falten los trinos…

Allá en el asfalto

los caminos son más desagradecidos…

 

Me envuelve este impresionante silencio.

Escucho un lento arrancar de hierbas,

hojas de jara fresca y tierna,

mi compañera de camino

de nuevo, 

me mira,

tranquila,

a sabiendas que nada hay que temer

en el encuentro

… Me vuelve a mirar

quieta,

la miro

apenas medio metro nos separa

el mutuo respeto.


Queda en paz compañera,

cuídame nuestra dehesa

que mañana vuelvo

a buscarte entre la niebla

mientras el café de puchero

me aguarda, caliente

a las brasas de la chimenea

 

Ahora puedo irme tranquila,

la calma de este paisaje

hace siempre surgir mis poemas 

La lluvia de días atrás

los verdes preciosea.

 

Huele a jaral en flor

en la dehesa extremeña,

inolvidable perfume

para los ojos cerrados…

 

No es necesaria la vista,

para recorrer las sendas mi dehesa.

Ella me espera fiel

y yo sigo ansiando recorrer sus veredas

 

 

@carlaestasola

Cáceres, hace unos días. Mis paseos cada amanecer y atardecer si me acompañan las fuerzas.

Tenía miedo a perderte

Tenía miedo a perderte
tenia miedo a perderte

Estaba tripulando nuestro sueño
donde tus sentimientos me entregabas
abrazados dulcemente con cariño
pero por la espalda tú me engañabas.

Quería regresar de esta tortura
besarte, aferrarme a tu alma
un suspiro espero con ternura
y un te quiero que me calma.

Abrí los ojos y a mi lado estabas
no quiero repetir, sentí la muerte
me dijiste amor!, con que soñabas?
mi vida, tenía miedo a perderte.

El poder de las palabras

¿Qué ha pasado? ¿Por qué ya no te comportas conmigo como solías hacerlo? ¿Acaso eres tú quien me tiene miedo a mí ahora? No deberías tenerlo, me conoces bien, mejor que yo incluso, y sabes que soy incapaz de hacer mal a nadie. Entonces, ¿a qué es debido ese cambio?

¿Puede ser que haya sido yo la que ha cambiado? He tenido mucho tiempo para analizarte, para estudiar tu comportamiento. Me he visto presa en esa tela de araña que tú tejías tan sigilosamente. Era tan sutil tu trabajo, que cuando quise darme cuenta ya estaba enredada por completo. Cautiva en una telaraña de humillaciones y palabras de cariño, de ataques verbales y abrazos cariñosos, de “no vales nada” y falsos “te quieros”.

Y yo, sumida en mi confusión, odiándote en lo más profundo por todo el daño causado, y queriéndote con locura por todo el cariño mostrado. Conseguiste dejarme indefensa, anulada por completo, sin saber si quiera quién era ni, por supuesto, quién eres.

Lo único que sabemos es que algo en mí ha cambiado, tú también lo percibes. Por eso tu comportamiento también ha cambiado, porque sabes que no voy a ser tan sumisa, tan maleable, tan fácil de manipular. Que ya no tengo miedo a las consecuencias, que voy a ser fiel a mi esencia.

Tranquila, no guardo ningún rencor. Eso sería rebajarme a un nivel tan bajo como en el que has estado tú durante todos estos años. Con tantas carencias que necesitabas suplirlas con autoridad y malos tratos. Así que no, no guardo rencor. Te comprendo, aunque no lo justifique. El pasado, pasado está. Ahora mismo lo único que quiero es alejarte de mi vida lo máximo posible, no sea que vuelva a enredarme en tu tela de araña, que tan astutamente sabes tejer sin que nadie se dé cuenta.

Te deseo lo mejor. Escúchame bien. Lo mejor. Pero lejos. Muy, muy, muy lejos…

Dicen que las palabras tienen poder. Por eso hoy no solo las pronuncio, sino que las dejo por escrito, con la esperanza de que llegue el día, no muy lejano, en que se hagan realidad.

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