Cómo vuelvo a vivir sin ti

Cómo vuelvo a vivir sin ti, cuando ahora te llevo tatuado hasta el último rincón de mi ser

Tanto esperar para tenerte

Para escucharte en mi oído, rozando mis vagos sentidos

Para poseer tus manos perfectas y tu grave voz

y cuando al fin tu cauce y tu canto

se unieron con mis sentidos
Te me escapas de las manos

Como el agua que corre sin detenerse en un río

Como efímeras notas de una sinfonía que no se escribió

Como el viento que implacable, arrasa el amor a su paso

Como el dolor que dejaste al dejarme sin tus brazos

 

Creo que tú sabías que sin ti me secaría

Que sin ti mi voz se apagaría
Que sin ti me moriría
Que mi andar se detendría

 

Dime ahora, ¡detente por un segundo y dime!
Mi súplica te implora unas palabras más.

Dime aquello que hoy ansío

Grita lo que no mostraste, lo que no ensayamos, los que no dijiste:

¿Cómo vuelvo a vivir sin ti?

 

Como antes ya no puedo

Mi memoria y mi piel no te sabían en existir
Pero ahora, ¿Qué hago ahora?

Si ya probé la vida contigo y me he quedado sin ti

 

No puedo respirar de tanto necesitarte

No quiero vivir de tanto desearte
No puedo pedirte que vengas a darme un poco, tan solo un poco de aire.

Si así lo hiciere suplicaría porque te quedaras sabiendo que ese milagro no se cumplirá

 

Me falta el aliento que dejé en cada beso que te di

No puedo pedirte que vengas
No puedo siquiera pedirte que pienses en mí

porque cada micra de tu pensamiento lo adivino

 

Y creo que esta vez sí podría morir de amor,

al saber que no ocupo ni un segundo de tu mínima obsesión

 

Dejé en ti mi último aliento
Lo dejé en el último beso y en la última danza de amor

No puedo respirar, más me mantengo un poco viva

Aferrada a la esperanza que al menos por un instante recuerdes que junto a ti existí

Aferrada a la idea de que tal vez por un instante vuelvas a pensar por un segundo en mí

 

Víctima

Víctima

Millones de miles de millones de alambres

De verjas,

De papeles y de ofensas,

De uniformes, de fronteras, de banderas y demás mierdas.

De dinero destinao

A que no molestes

A los ojos bondadosos de las fieras,

Eres el pecado de la raza humana,

Como todos los sin tierra.

Marcado

Por un solo dedo,

Marcado

Siguiendo tus huellas,

Marcado

Nunca te dejan,

 Marcado

 En la misma estación.

Te han parido al otro lado de la raya

En esa parte que no hay nada

Porque después del saqueo

Se aplica la ley de tierra quemada

Una patera y muchas ganas,

 Tantas como personas en el agua

El único fin

Llegar a la playa

De pie o tumbao

Víctima, víctima,

Víctima y qué.

Víctima, víctima,

 Se te ve en la piel

Víctima, víctima,

 Que caiga la red

Para impedir que muevas los brazos,

Para cortar tu vuelo de raso

No, no,

 No calienta igual

El sol bajo nuestro pie

Sólo la gente como tú,

 La desahuciada

Sabe del peligro de la jugada

Serás uno más de los miles que

 Se lleva cualquier plaga

No de mosquitos sino de mosquetones,

 De machetes y de hachas

D calavera bancas, de hambre y de miseria

Víctima, víctima,

Víctima y qué.

Víctima, víctima,

 Se te ve en la piel

Víctima, víctima,

 Que caiga la red

Para impedir que muevas los brazos,

 Para cortar tu vuelo de raso

No, no,

 No calienta igual

 El sol

 Bajo nuestro pie.

Barricada. Víctima

Micros varios

Micros varios.-

Vivir contigo es toda una peripecia, nunca sabes que va a deparar el mañana. El resto del mundo llora, pues nosotros reímos. Vivimos la vida sin más, da igual de pie que tumbados. Cómo el sol y la luna opuestos, así somos nosotros.

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Me has impuesto la venta del yate,  ¿No tienes ya bastante? He sido honesto contigo, en ningún momento te oculte  mi desliz.  Te has quedado con todo aquello que significaba algo para mí, ni tan siquiera me has dejado aquellos pantuflos color pistacho que tanto me gustan ¿Tú para que los quieres? Acaso ¿Te los piensas poner?  No vas a parar hasta dejarme sin nada ¿Verdad? Toma, llévate el tubo del dentífrico también.

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Enredados los jirones de su vestido alrededor de la cintura, aquella historia, estaba desbordando todas las expectativas, no dejaban de llegar curiosos para satisfacer naciente sensación. Aquella broma se había convertido en un festín de lujuria sin fin.  Ni  tan siquiera el purgatorio podía ser peor que aquello. Aquel lunático iba colocando una encima de otra a aquellas muchachas, pretendía formar un obelisco.

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En su país la natividad era una fecha muy especial, Durante el transcurso de los oficios religiosos,  se leían los libros del génesis. Aquellas celebraciones llegaban en ocasiones a ser multitudinarias.

Mediante la invocación al todo poderoso, se rogaba por la redención de los pecados de los mortales. Ellos no eran dignos de entrar a rezar en los templos. Dentro de los atributos de aquellos herejes, estaba el de robar al más necesitado y vestirse con sus ropajes. Aquello que acababa de leer en la biblioteca del Vaticano no podía ser cierto ¿verdad?

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No pudo evitar vomitar, tanto chismorrear sobre aquella moza y resulta que era su prima. Menudo chasco se llevó cuando su madre les presentó.Acababa de llegar de un largo viaje, su padre había muerto y le había dejado una gran herencia. El llano, aquella vasta extensión cuyo final nunca conseguía imaginar, las pocas veces que había visitado el lugar. Su musa estaba  ahora a su lado, y no era capaz de articular palabra. ¡Qué decepción! Dudo, pensó,  tal vez se equivoquen y si es una prima tercera o cuarta, y si no fuéramos realmente familia. Tal vez, fuera adoptada, ¿Por qué no?. Ella tal vez lo imaginó. Le cogió la mano y le dirigió firmemente hacía la puerta de la entrada de la gran hacienda. Al llegar allí le coloco mirando de frente a la puerta. ¡Mira! El escudo de nuestra familia, Cervero, que lindo apellido ¿Verdad?.él casi volvió a…

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Se mordía el labio para no gritar, la sangre gota a gota resbalaba por la comisura de su boca. La culpa era del  jefe de la guardia, él no quería realizar aquella incursión sobre el bosque de los dioses. Él atrajo los malos augurios. El Quebranto,  como le llamaban, había sido fiero en la lucha, estaba en el borde de la atalaya cuando ocurrió. Un relámpago iluminó el cielo y su espada prendió en llamas. Sintió un fuerte dolor en la pierna y perdió la noción del tiempo. El Maestre estaba allí cuando despertó.  Le obligó a beber aquel asqueroso brebaje que nunca le había gustado, una infusión de amapolas.  “Dormirás”.- le dijo, no sin antes advertirle que al despertar, donde ahora estaba su pierna, sólo encontraría una horrible cicatriz.

El maestre observaba a través del catalejo como el buitre volaba en círculos hacia ya un largo rato. La curiosidad le incitó a buscar el porqué. Dejó a un lado el pichel que utilizaba para beber aquel brebaje que le ayudaba a soportar los rigores del invierno sobre sus huesos. Un campesino rebuscaba sin descanso junto a sus perros. Carambola, una trufa. Vaya trofeo buscaba el pajarraco.

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En la ciudad de Sion la noche en que los herejes llegaron dejaron los sellos del mesías, junto con algunas malas artes que convirtieron la vida en aquel lugar en un caótico devenir. Solamente el nacimiento de aquel bebé que según la antigua profecía no debía llegar nunca a ver la luz, produciría en los habitantes de aquella fortaleza una calma desconocida hasta entonces que por supuesto precedería a la gran hecatombe.

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Era esclavo de su rutina, ni un sólo día de fiesta, jamás podía cerrar el portón  del cielo. el camino hacia la eternidad debía tener una continuidad  y sólo él podía y debía vigilar que el tránsito fuera el adecuado.

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Dorado era el reflejo de su anillo en el escaparate. Su rostro tenso mostraba una importante preocupación, para ella sólo era importante el dinero, pensaba que si algún día le faltara, sentiría la muerte ya cerca.  El iris de sus lindos ojos conjugaban con los destellos que en su rubio cabello producía la luz del sol. Su cuerpo atlético todavía dejaba al descubierto los atributos de una juventud que se iba alejando ya.  No se reconoció  al ver su imagen reflejada allí, quién era aquella extraña, pensó.

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Me miro y clavo sus ojos en los míos. Me retó, si lo hizo, no soy un pernicioso. ¡Qué hembra! Dije. Surgió la  chispa, como el pedernal en  aquel inesperado encuentro. Llegarías tarde, avisaste, tendré más tiempo. Pensé que sería rápido, pero la tarde se complico cuando aquella muchacha de cuerpo musculoso se colocó frente a mí en la carnicería. Ella se dirigió al dormitorio para ponerse cómoda, ignoraba que sorpresa la esperaba. No dijo nada, cogió el abrigo de nuevo y salió, sin más. ¡Vaya desengaño!

Marijose.-

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