Nuestros gigantes

A veces sus ganas de leer eran compulsivas. Se despertaba en mitad del sueño, de madrugada, y corría a su estantería, una frase se había quedado dando vueltas en su cabeza, probablemente recordada de un libro leído hace años y rebuscaba nervioso para encontrarla y poder devorar de nuevo la página ansiada…

Los libros se amontonaban ya por todas partes, por supuesto en sus estanterías hacía mucho tiempo ampliamente desbordadas, no cabía ni uno más, en su mesita de noche formaban torres apenas inalcanzables y con poca estabilidad, amontonados en columnas varias por los suelos… Daban la impresión de que en cualquier momento podrían llegar a convertirse en un peligro, no ya para su propia seguridad, sino para la de sus vecinos… Al menos había logrado dejar de fumar, pero desde entonces los utilizó como el sustituto perfecto para calmar sus ataques de pánico constantes, por no poder controlar sus inmensas ganas de encender de nuevo un cigarrillo.

Leer se había convertido en su tabla de salvación, pero lo paradójicamente extraño de aquella adicción no era la lectura en sí, porque hacía mucho tiempo que tampoco lograba ser lo suficientemente fiel a ningún libro, al menos en su totalidad. Más bien buscaba, escudriñaba entre las páginas compulsivamente ¿buscando qué?, ni él mismo ya lo sabía.

Había desarrollado un espíritu de búsqueda que le impulsaba a acercarse a sus libros como quien se acerca a un oráculo. Cada vez que una pregunta se le pasaba por la imaginación, intentaba situarla en una escena en concreto, en una página que tuviera algo que ver con aquel pensamiento. En algo que quizás alguna vez leyó y le recordó la situación por la que estaba pasando.

¿Locura?, puede, pero no lo creo… Era más bien una búsqueda interior a través de las letras de otros…

Incluso había llegado al placer del juego con las letras. Se había empecinado en que las palabras de un libro, además de para contar la historia que el autor había tenido en mente en su día, podían servir como método de adivinación o consulta además. Y para ello recurría constantemente a cualquier página que con los ojos cerrados le marcaran sus dedos.

Pero finalmente este juego se había convertido en algo obsesivo, apenas surgía una duda, una ocasión para hacer algo, cualquier mínima interrogación en su mente, y allí estaba él, dirigiéndose a cualquiera de los cientos de lugares donde en su casa se amontonaban los libros. En cualquier parte quedaba parado, como una estatua, como esos perros de caza, pointer creo recordar que se llaman, y eligiendo uno sin pensar, el primero que llamaba su atención, abriendo sus tapas, y agarrando el montante de sus páginas desde la página final, lo hacía girar rápidamente para que sus hojas pasaran a la mayor velocidad posible. Se quedaba atontado viéndolas pasar. Entonces, cerraba sus ojos y con su mano izquierda frenando un poco el paso de las páginas, la posaba en una en concreto. Allí comenzaba su lectura, escudriñando entre las frases que se encontraban impresas, una señal, una palabra, una idea, algo entre líneas, que le ayudara a solventar la interrogante, o la situación que en ese momento le preocupaba.

Ni que decir tiene que siempre encontraba algo que pudiera adaptar a lo que su mente precisaba como respuesta.

Todos los que somos lectores, y no tengo que irme muy lejos para buscar un ejemplo, ¿verdad?, sabemos que eso es tan cierto como que todos estamos, o deberíamos estar un poco locos. Desde luego no tanto quizás como nuestro protagonista, pero la lectura de algo nuevo, siempre nos atrae más y más a medida que avanzamos en el libro que tenemos en nuestras manos.

Aquellos a los que nunca os ha pasado, o desconoceis el misterio de la lectura os invito a hacer la prueba.

Cualquier mañana de domingo acercaos a una librería. Mejor si es de segunda mano, y no os quiero hablar de mi famosa Cuesta de Claudio Moyano, mi pasión, porque entonces os volveréis tan locos como mi protagonista. Bien, una vez en la librería, observad los libros y coged aquel que más llame vuestra atención, sin pensarlo demasiado, a bote pronto, y sea cual fuere la causa. Porque está asimétricamente colocado, por su lomo, por su portada, por una palabra de su título… No vale que miréis el autor, ¿entendido?  Debería ser de hecho alguien de quien ni siquiera hayáis oído hablar. Abrid sus tapas y desde el final haced correr sus páginas, y como nuestra querido amigo, parad en una página determinada.

Comenzad a leer y aquí es donde os aseguro que os vais a enamorar, siempre pasa, no podréis parar la lectura, querréis saber más, apostaría cualquier cosa contra aquel al que no le ocurra.

Esa es la magia que nos ofrecen las palabras… Ese es el peligro, la combinación de las mismas resulta siempre atrayente, puede que no apasionante a veces, pero nos llevará sin duda a leer un poco más allá.

Y esa es la locura de quien se encuentra atrapado por ellas, como un caballero que con gigantes luchara, la maestría de Cervantes nos volvió “Quijotes” a todos sus lectores.

Puede que en algunas situaciones, paralizados por motivos inoportunos, no luchemos contra nuestros molinos de viento, y debiéramos tomar ejemplo y aprender de los molinos contra los que otros han luchado.

Sin volverte tan loco como mi personaje del principio, te invito a seguir leyendo, a que tú mismo te atrevas  y juegues con las letras en un momento dado. Si las amas, no dudes que ellas terminarán amándote, no conozco amante más fiel, te lo aseguro.

Mi gratitud a D. Miguel de Cervantes Saavedra, y a todos los escritores que vinieron después, en su nombre, en este aniversario que todo el mundo celebra,  por enseñarnos a amar su obra y a las letras.

Aunque fueras un anciano, y por si aún eres uno de esos cuerdos que no lo han hecho, nunca dejes de leer EL QUIJOTE.

A fe mía que no son gigantes, sino molinos, mi Señor!

Carla   @carlaestasola

Día 28/04/2016 a las 11:06

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14 comentarios en “Nuestros gigantes

  1. Carla me ha parecido precioso,es verdad que cuando lees solo unas palabras no puedes parar hasta el final un abrazo,la música super relajante.
    Y ahora entiendo que tengas tantos seguidores en twitter jajajaja, besos

    • Jajaja, gracias, pues ya me lo explicas porque a veces me supera twitter, y ni siquiera yo lo sé… Eres uno más de los que se lo preguntan, jaja… Gracias Pedro de verdad por dejarme expresar en tu casa, que es la nuestra… Por cierto ya encontré el justificador de textos, jajajaja … Abrazo fuerte sin tocas tu brazo chungo!

    • Cierto que hay libros para todo, algunos se saborean como bien dices, lentamente y otros precisan de la pasión rápida, todo depende de lo que te provoquen. Somos parte de la historia siempre, como espectadores, desnudamos a su autor en cada letra… Besos preciosa

    • Cierto que hay libros para todo, algunos se saborean como bien dices, lentamente y otros precisan de la pasión rápida, todo depende de lo que te provoquen. Somos parte de la historia siempre, como espectadores, desnudamos a su autor en cada letra… Besos preciosa

  2. Jajaja, gracias, pues ya me lo explicas porque a veces me supera twitter, y ni siquiera yo lo sé… Eres uno más de los que se lo preguntan, jaja… Gracias Pedro de verdad por dejarme expresar en tu casa, que es la nuestra… Por cierto ya encontré el justificador de textos, jajajaja … Abrazo fuerte sin tocas tu brazo chungo!

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