NOVIEMBRE Y LAS SENSACIONES

Noviembre se estrella en el hielo de mis constelaciones,
aquellas en las que encuentro mundos subliminales
donde habitar sin respuesta.

Racimos de sueños voy enfrascando
en mi vientre, los guardo con el perfume del azar.

Charcos de sed pretenden ser humedecidos con la irrupción de la lluvia.

Noviembre se eleva con la energía de un verano
que no parece llegar pero sabrá venir
para calibrar los fríos crudos que el alma intenta esquivar.

Me leí a mí misma hablándome sobre el orden del hogar,
acerca de esa búsqueda natural que pide reciclarnos. 

El nido se reestrenará.

El cuerpo estará más liviano.

El hogar es infinita y cíclicamente modificable,
a la par de la velocidad del sol al girar. 

Un nuevo amanecer vendrá, uno nuevo donde resugir
(donde inevitablemente fue caos)
para barrer todo aquello impuro e innecesario.

Y entonces será noviembre el cierre para abrir el ciclo que viene
desde lo ahora incierto,
aunque lo luminoso se vislumbre y anhele allí.

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