Noche de Halloween

Todo está oscuro, mi cabeza parece que va a estallar, y apenas soy capaz de pensar con claridad, trato de moverme, pero algo me lo impide, no puedo ver que es, pero entonces el sonido de una respiración ronca me hace terriblemente consciente que tengo a alguien enorme a mi lado que me mantiene pegada a un muro, trato de mover las manos pero me doy cuenta que están atadas, también los pies, y esa certeza me angustia tanto que mis pulsaciones se disparan. No sé dónde estoy, no sé qué ha pasado.

Quiero gritar, pero un sonido sordo sale de mi boca, también me han tapado la boca, ahora lo noto, es una tela dura, intento calmarme y concéntrame en saber más, ¿cómo he llegado aquí? El continuo martilleo que tengo en la cabeza lo hace difícil, pero no ceso en mi empeño, hago memoria, me concentro en algo que conozco, mi casa, recuerdo que me levanté temprano, tenía que trabajar, fui a la gasolinera, hablé con mi jefe para que me diera la hoja de trabajo y se despidió, y luego…luego, inspiró fuertemente, me cuesta pensar, retales de recuerdos cruzan mi mente, y ahí está, el recuerdo de un coche negro que veo por la pantalla de seguridad que tengo en mi mesa, me llama la atención, es un coche antiguo, un escarabajo, y de ahí salen dos personas disfrazadas, sí es el día de Halloween, y siempre hay personas que se disfrazan, uno va de payaso, y el otro lleva una mascara de screen con ropa negra, no me gusta nada más verlo, busco a mi compañero con la mirada, pero él no está, debe haber ido al baño, ahora estoy sola. Ellos se acercan y parecen reír en su fiesta particular, entonces entran, pero no se quitan las máscaras como yo espero, me entregan un billete, y con cachondeo el payaso me dice que ponga 20€ de gasolina y estalla en una estridente carcajada. Eso me cabrea, odio a los graciosillos y odio esta fiesta fastidiosa, cojo el dinero y le indico con seriedad que ya puede servirse, se da media vuelta e inicia el regreso a su coche, el otro se me queda unos segundos mirando sin decir nada, como intimidando, pero como estoy cabreada, le pregunto que qué mira, la gente no respeta tu sitio de trabajo. Screen se marcha sin decir nada.

Recuerdo que mi compañero se puso enfermo, debo suplirle y hacer doble turno. Luego, no recuerdo más cosas, por más que lo intento no recuerdo nada más. Me desespero y por un momento noto que lloro, no quiero estar aquí, ¿qué hago aquí? Trato de hacerme sitio y empujar a la mole que tengo casi encima. Parece que está dormido, o quizás inconsciente, porque le empujo con todas mi fuerzas y consigo que rote lo suficiente como para poder moverme, tiro con fuerza de las ataduras de mis manos, me hago mucho daño, pero consigo aflojar las cuerdas un poco, tomo aire con fuerza y tiro de nuevo, se afloja más, entonces trato de liberar mi mano derecha y la cuerda pasa rozando por toda la mano, abro y cierro varias veces la mano, sí, por fin me he liberado.

Apoyo las manos en el suelo para incorporarme y me siento apoyando la espalda en la pared que acabo de descubrir justo donde antes tenía la cabeza, sigo sin ver nada, pero mis ojos ya se han acostumbrado a la oscuridad y soy capaz de ver bultos, el de la persona que está a mi lado, decido no tocarlo más, y me pongo a cuatro patas, rectando salgo de donde estoy, veo una ligera luz en el suelo, es un rendija por lo que parece ser una puerta, me esperanzo y a la vez me angustio, alguien me ha encerrado aquí, y quizás esté justo al otro lado de puerta, aun así llego hasta la puerta y con mucho cuidado coloco la oreja justó allí, me obligo a no respirar, tengo que concentrarme en escuchar, noto unos pasos que se acercan y de pronto se detienen.

– ¿Están ahí? – Pregunta una voz masculina
-Recién traídos para el jefe- contesta una voz estridente, se escucha una risa y yo me aparto de la puerta.

Le he reconocido, es la risa del payaso, empiezo a respirar rápidamente y noto un ahogo en mi pecho, trato con todas mis fuerzas de quitar la atadura de mi boca, y duras penas lo consigo, también consigo quítame las cuerdas de mis pies. Con sigilo vuelvo a la puerta y trato de oír de nuevo.

– Jefe, ¿no se le olvida algo? Son 3000 por la mujer y 2000 por el tío.- Dice el payaso
– ¿Alguna vez no te he pagado? –
-No, siempre lo hace. -risa- La mujer es un bomboncito y el hombre es grande y fuerte, nos costó cogerle, el tío se resistía, tuvimos que ponerle doble de dosis que a la mujer.-

Me toco el cuello, ahora lo recuerdo, me inyectaron algo. Acababa de salir de la gasolinera, era muy de noche, iba a coger mi coche, lo tenía aparcado detrás de la gasolinera, hacía frio, me subí bien la cremallera de la chaqueta, y cuando iba a abrir la puerta del coche escuché un ruido, miré hacia allí, detrás de un árbol me pareció ver algo blanco, era una máscara blanca que parecía volar, pues solo veía moverse esa escabrosa mascara blanca de mueca imposible, era la máscara de screen, grité, pero justo en ese momento alguien me sujeto por detrás y noté el pinchazo, una sensación de escozor me recorrió el cuello y la garganta, después sentí una languidez en piernas y brazos que me hizo dormir.

-Quedarán muy bien en su película jefe- dijo de nuevo el payaso.
-Ya veremos, los últimos murieron demasiado rápido- dijo la horrible voz.

Me asusto mucho, una película dicen, toda clase de escenas terribles pasan por mi cabeza, tengo que salir de allí, me pongo de pie y voy siguiendo el muro a tientas, y encuentro algo, paso las manos alrededor de lo que me parece una pequeña ventana de madera, busco alguna forma de abrirla, encuentro una manivela y tiro con todas mis fuerza, solo me concentro en eso y entonces la ventana chirria y consigo abrirla a pesar del ruido, no paro, me lanzo por la ventana y salgo de allí, no miro hacia atrás, pero oigo ruido tras de mí, son ellos. Salgo corriendo y miro alrededor intentando buscar a alguien, pero allí no hay nada, estoy corriendo a través de un polígono industrial que parece abandonado, oigo que me persiguen y acelero, de pronto cruzo una carretera y me giro, por allí vienen mis perseguidores enmascarados, y a mí se me revuelven las tripas de miedo.

Veo un destello de luz y giro la cabeza, es un coche, no dudo, voy en su dirección corriendo por la carretera y me pongo delante moviendo los brazos para que me vea, el coche para, y me meto dentro y grito que me persiguen, el conductor acelera y yo, expiro lentamente pensando en que me he salvado de una muerte segura.

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