No vivamos en una jaula hecha de miedos

No vivamos en una jaula hecha de miedos

 

No importa qué nombre tiene ella, lo que importa es esta larga lista de miedos, cimentando una jaula,  que han ido poniendo sobre su esplendor.

Al perecer, esto pasa en la Ciudad de México; sin embrago, al entrar en las redes y comentar con personas de otros lugares, ella se fue enterando poco a poco que es un fenómeno que ocurre en todo el mundo.

Es algo que ocurre en muchas ciudades, en muchos pueblos y en muchas casas.

Ella, acostumbra salir a trabajar cada mañana.

Muy temprano tomaba el transporte público y llegaba a su oficina; pero hoy se ha quedado encerrada en una jaula que aprisiona su cuerpo y su corazón.

Es una mujer, que puede ser mexicana, latina, española, es simplemente una mujer que teme salir de su casa y no volver, pues se ha puesto la maldita moda de ver cómo se les va arrancando la vida.

Y ahora están en una jaula, construida con las cadenas del miedo. De ese miedo que es real y de ese que todos van erigiendo alrededor; de ese que se monta en las redes y le causa temor incluso de su misma sombra.

Se encuentra metida y sumida entre el hierro doloroso que arrastra a los hermanos, a los padres, a las madres y a las personas, y eso es lo más triste de cada una de las historias; el gozo de unos cuantos por encerrar al mundo en una jaula de temor.

Justo al amanecer, se encuentra un grupo de gente que lucha por romper las cadenas y derrumbar cada uno de los fierros de la jaula de temores; porque extienden la mano y andan el camino erguidos con la mirada llena de luz bajo el deseo de cobijar a cada alma que se siente en peligro.

Hoy, a través de las sombras que entran en su jaula, ella ha visto que la gente lleva pulseras moradas como símbolo de apoyo; pero eso no la convence a salir de la prisión.

Porque es el miedo el que nos mantiene encerrados. El miedo de ser atacada, el miedo de que nuestra amada no regrese, el miedo a ser nosotras mismas las que no volvamos. Es el miedo lo que más nos acaba.

Y entonces, cada una ve una pequeña luz colándose por una rendija, viene de la ventana y nos aclara los pensamientos; es esa luz que nos lleva a llenarnos de fuerza, la que nos impulsa a seguir y salir cada día y nos va llevando de nuevo a vivir los días.

Es esa fuerza que ha perdurado desde nuestros ancestros, la fuerza de la madre que partió, la de las abuelas y las sabias del pasado.

Es esa fuerza que hoy, no permitirá que ella y todas mueran encerradas dentro de la jaula del miedo; que puede ser mayor que el peligro que con tristeza sabemos, existe en las calles.

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