Navidad a destiempo

Navidad a destiempo

En los días de verano, cualquier excusa era buena para permanecer en casa. La sorpresa llegaría casi al atardecer, cuando durante una semana las temperaturas han oscilado entre 28 y 35 grados, lo esperado es llegar y un buen chapuzón en la piscina, una siesta con el aire acondicionado.

Pero nada puede preverse, y todo acontecería de manera muy diferente a lo programado.

Aquella tarde salíamos de viaje dirección a Galicia, así que en la mochila solo llevamos lo imprescindible. Tres días de trabajo, pues eso, el uniforme y un par de cosillas más por si nos quedaba un huequin en la noche para tomar un chupito en alguna taberna.

Después de conducir tantas horas, el cuerpo necesita un descanso y algo de café, entonces clama sin más hacer un pequeño descanso.

Estábamos muy cerca de la ciudad de León, allí comentan que como en Burgos, sólo hay dos estaciones la del tren y el invierno. Y mira por donde que en esta caso el refrán estaba de lo más acertado.

El frío aire dejo totalmente roja mi nariz, las manos temblequeaban, anda pues sí que estamos bien, y nosotros con ropa de verano. A ver como solucionábamos aquello.

Pasamos la noche allí, a ver qué remedio, las nubes gris oscuro y el gélido viento  anunciaban tormenta.

Pedimos unos sándwiches y café para consumir en la habitación, mientras intentábamos entrar en calor. Los dueños del hotel habían apagado la bomba de calor, y lo único que pudieron ofrecernos fueron excusas y cómodos edredones que seguro nos permitían despertar mañana en mejores condiciones.

Por casualidades del destino, o porque el cansancio y el frío no nos dejaba pensar claramente, debimos olvidar fijar el despertador para salir temprano. No queríamos demorarnos demasiado, queríamos volver pronto a casa, hogar dulce hogar.

Éramos tres los que viajábamos, Laura que era la que normalmente nos acompañaba y se ocupaba de los trámites administrativos, por decirlo de alguna manera, nos ponía fácil el camino. Era sin duda nuestra facilitadora, sinceramente, no creo que pudiéramos apañarnos si ella faltara mucho tiempo o decidiera dejar la empresa, todo se iría al carajo, vamos, lo firmo y lo ratifico.

Menos mal que hoy día las tecnologías nos acercan y las distancias no significan nada.

Cuando abrimos los ojos aquella mañana, nos quedamos todos a cuadros, nevaba, ese no era el problema, nuestra realidad era que había caído una nevada del copón y no podríamos salir de allí en el coche de ninguna manera.

La nieve cubría casi los neumáticos. A dilucidar mentes prodigiosas, como hacer para llegar a nuestro destino sin dejar en el camino nada.

Complicado y mucho, a ver el más antiguo debe tomar una decisión sobre nuestro proceder.

No podemos retroceder, porque la nevada ha alcanzado también la mitad de la península, y si avanzamos podría ser catastrófico, pues el color blanco del cielo, afirmaba que seguiría nevando un tiempo más.

Pero como puede nevar en verano, estamos locos o que.

Luego dicen que no hay ninguna prueba de que esté afectando al clima del mundo el efecto climático.

Y nosotros cerramos los ojos y los oídos y nos dejamos llevar, hasta que empiezan a ocurrir cosas como estas.

Yo tenía planes, sabes, ya que estábamos aquí, querría subir al pie de la cruz, junto al albergue de los peregrinos. Quería cumplir una promesa.

Pero creo que justo allí es donde más virulenta ha sido esta tormenta de nieve, he visto en la televisión mientras desayunaba, imágenes increíblemente hermosas, el Alto de Cerrero, totalmente cubierto, día de descanso para los peregrinos.

Como pueden ocurrir esas cosas, estamos en manga corta y la piel empieza a enrojecer, hay que tomar una decisión de esas a las que siempre escurrimos el bulto, pero esta vez, estamos fastidiados muchachos, o hacemos algo o nos morimos aquí congelados.

El dueño del hotel nos dice, que hay que esperar a que pase el quitanieves, no serán más de dos horas, y que no nos preocupemos por nada, la comida correrá por cuenta del hotel.

El dueño nos miró de arriba abajo un par de veces y nos dijo que esperáramos allí un momento.

Desapareció de nuestra vista y tardo mucho en regresar o eso nos pareció a nosotros.

Cuando Ricardo que así se llamaba retornó, llevaba una bolsa de deportes en las manos, y empezó a sacar ropa de ella y a ofrecérnosla.

Si no se abrigan aunque pase el quitanieves pronto, cogerán al menos una pulmonía, o una congelación en las manos.

Siempre tengo ropa de mi hijo guardada, cuando su trabajo se lo permite, pasa unos días por aquí, para disfrutar de eso que llamamos hogar.

Así que cámbiense y acérquense a la chimenea, que acabamos de conseguir encenderla, los troncos estaban bastante húmedos.

Ahora traerán café y chocolate o infusiones para todos los inquilinos, a ver si con un poco de ese calor humano conseguimos alegrarnos un poco el día.

Esta tarde pondremos las bombas de calor, a ver si podemos subir un poco la temperatura en las habitaciones.

Y con una enorme sonrisa en su rostro marchó a sus quehaceres, la vida continuaba y todas las habitaciones del hotel estaban ocupadas.

Enseguida nos encontramos mejor, Ricardo había transmitido serenidad y calma a todos los que allí estábamos. El crepitar de las piñas en la chimenea hizo el resto.

Gente de lo más peculiar y variada nos encontrábamos allí, unidos por una inclemencia del tiempo. Algo accidental que iba a marcar nuestras vidas sin saberlo para siempre.

La verdad es que a pesar de ser un hotel de carretera era muy acogedor y las personas que allí trabajaban eran encantadoras, tenían un don de gentes y una simpatía que nunca habíamos encontrado en ninguno de nuestros viajes, y créanme eran muchos los realizados.

A través de los grandes ventanales del salón podía contemplarse una bella estampa, a un lado el caos, los coches semiocultos por la nieve y al otro, una hermosa pradera coronada por la cadena montañosa, toda cubierta de una blanca nieve.

Cogí mi teléfono para inmortalizar aquel maravilloso paisaje.

No teníamos cobertura en aquel lugar, con lo cual estábamos totalmente incomunicados,

Nuestro jefe tal vez pensará que ya estábamos en Galicia, casi terminando nuestra tarea programada para aquel día.

La vida es así, todo un mundo de sorpresas, de momentos que quiebran las ramas de los arboles con el peso de la nieve, aunque dos horas antes, fueran las flores las que dan color a la vida.

Algunos de los hospedados cuchicheaban en voz baja, otros solo eran presa de sus pensamientos en su mente, mientras algunos comenzaban a conversar espontáneamente.

Unos muchachos adolescentes se dirigieron a la recepción con una picara mirada en su rostro ¿En que estarían pensando?

En seguida lo supimos, cuando Ricardo llamo a uno de los operarios del hotel y les pidió algo. En breves momentos, aquel señor de unos cincuenta años, apareció con un montón de bolsas de basura y servilletas de tela y bridas y las deposito en uno de los sofás que daban calidez a aquel lugar.

Los muchachos nos miraron y nos invitaron a acercarnos a todos allí.

“La nieve nos retiene, pero por que no divertirnos si es lo que tenemos”. Creo no equivocarme si digo que todos sonreímos y volvimos a ser niños en ese momento.

Nos envolvimos las manos y los zapatos en servilletas, cogimos bolsas de basura de esas blancas que ponen en las papeleras de los baños, las atamos con algunas bridas casi todos salimos a la parte trasera del hotel, aquel paisaje que despertó desde el primer momento los más tiernos recuerdos de la infancia, cuando los inviernos eran tan duros, en el pueblo con mis padres y los abuelos, y la nieve nos mantenía incomunicados mucho, tal vez demasiado tiempo.

Yo entonces era feliz, ahora creo que también, ojos tan distintos los que dan vida a emociones tan dispersas.

Risas, bolas, simplemente paseos, dando rienda suelta a esos niños que aún permanecen en nuestro interior, pero que casi nunca consiguen salir a la luz, a darnos ese brillo en la mirada que reflejada en la nieve ciega, esa sonrisa que embellece nuestro rostro y desprende calma y comodidad al que tenemos al lado o enfrente.

La mañana se hizo mucho más corta así, sin lugar a dudas.

Nos avisaron cuando la comida estuvo preparada, habían convertido ese salón de tertulia, lectura en un comedor de lo más acogedor y unas sopas de migas nos ayudaron a calentar nuestro cuerpo después de ese rato en el exterior, donde la temperatura oscilaba entre 1 y -2 grados.

Todos quedamos creo sorprendidos por aquella rapidez y facilidad en reconvertir espacios, en convertir desastres en momentos agradables.

Café por supuesto y tertulia, ya de nuevo en ese tranquilo salón, vuelto a su forma original.

Nos fuimos conociendo poco a poco, conversando, a veces de cosas simples, otras de la vida, y  aún consigues sorprenderte de encontrar almas gemelas que parecen haber coincidido ya anteriormente.

Empezaron temprano a encender las bombas de calor en las habitaciones, para que pudiéramos pasar la noche.

Pero empezaron los problemas, era demasiado baja la temperatura, y muchas las habitaciones, con lo cual algo con lo que Ricardo no había contado, hizo que tuviera que pensar en otra opción rápidamente.

Los diferenciales se quemaron y el manitas de turno tuvo más trabajo que hacer, pero claramente en las habitaciones no habría calor.

Pasaron rápidamente las horas y nos vimos de nuevo sentados en las mesas deleitando nuestras bocas con una deliciosa crema caliente de calabaza y unos langostinos a la plancha, y por supuesto entrecot o merluza. Sin duda este hotel quedaría registrado en mis anotaciones para ser recomendado o por si viajo cerca.

El electricista consiguió arreglar en diferencial para que funcionara provisionalmente, pero Ricardo tendría que volver a improvisar.

Se sentó con nosotros después de la cena, y nos explicó la situación, para entonces, aún no había pasado el quitanieves, la tormenta estaba siendo más fuerte de lo que los meteorólogos habían pronosticado.

La única opción era ese salón en el que llevábamos más de doce horas haciendo vida.

Ricardo nos comentó que había otra salita un poco más pequeña en la que habían encendido también la chimenea, en la que podríamos pasar el tiempo viendo la televisión, jugando, conversando o leyendo tranquilamente mientras su gente preparaba el lugar donde deberíamos improvisar una especie de campamento, nos tocaría dormir en colchones todos juntos allí.

La verdad es que nadie se quejó, si a alguien le disgusto la idea no hizo ningún comentario al respecto, algo realmente bueno, normalmente en todos los sitios, hay algún pelmazo o persona a la que siempre todo le parece mal.

Nos ofrecieron refrescos o si alguien prefería tomar algo más fuerte, y  yo al menos, quede alucinado con la cantidad de juegos que nos ofrecieron para pasar el tiempo.

Y así, sin darnos cuenta acabamos haciendo grupos de manera espontánea para ponernos a jugar como si fuéramos chiquillos. Aquella experiencia estaba resultando ser muy grata a pesar de que significaría estar fuera de casa más tiempo sin ver a mis niños y a mi mujer.

Ricardo se asomó a la salita para comentarnos que ya estaba preparado todo, que cada cual eligiera su lugar y la hora a la que quería dormir, siempre y cuando no supusiera una molestia para el resto de las personas con las que había que convivir.

Nos asomamos aunque aún era temprano, y nuevamente Ricardo y su gente demostró que estaba totalmente preparado para cualquier imprevisto que pudiera ocurrir y siempre con una sonrisa, un talante tranquilo que sin duda desprendía calma.

El suelo había sido acolchado con edredones, doble colchón para no notar la frialdad del suelo, lo suficientemente retirados de la cristalera, puntos de luz de emergencia en varios rincones para que nos sintiéramos a gusto, pero no molestará nuestro sueño.

Y por supuesto mantas y más edredones para el que lo necesitará.

En la barra de recepción colocaron botellas de agua y ofrecieron leche, infusiones, chocolate para poder abordar mejor la noche.

Y la verdad, es que dormí como un lirón, muy a gusto, la mayoría nos acostamos tarde, pues continuamos disfrutando de esos momentos tan especiales que se habían interpuesto sin más en nuestro camino.

La chimenea había calentado bastante el lugar y una pequeña bomba de calor, que al parecer habían conseguido hacerla funcionar con un pequeño motor de emergencia,  encima de la chimenea terminaron de hacer de aquel lugar de acampada, un agradable y acogedor momento para recordar.

“Gracias amigos ha sido muy agradable sentir que aún la humanidad y la niñez siguen siendo parte de las personas que pueblan el mundo” fue la despedida de Ricardo, a la mañana siguiente, cuando llego el quitanieves, y casi todos pusimos rumbo a nuestros destinos.

Cosas menudas de la vida, que sin darnos cuenta, dejamos pasar cada día, obviándolas, presas de las prisas y los horarios que nos envuelven en el cotidiano devenir y a veces angustiados, agobiados, dejamos de disfrutar de aquello que tenemos cerca y es nuestro.

Luz.- Diciembre 2016

4 comentarios en “Navidad a destiempo

  1. Un precioso relato con un bonito mensaje. Saber disfrutar de las cosas a pesar de las adversidades ya que de una mala situación puede surgir algo bueno, todo es cuestión de la actitud que tomemos al respecto. Besos y abrazos Sombre de luz.

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