REFLEXIONES

Muere Madrid

Al hilo de hace 90 años (y con perdón por la utilización de una frase que normalmente utiliza mi querida @Ballesterada)  nos hemos quedado sin una de las tiendas más emblemáticas de Madrid. Los Almacenes Cobián en la Plaza de Marqués Viudo de Pontejos número dos, han muerto. ¡Descansen en paz!

Cuando vuelvo atrás en mi memoria no me cuesta nada imaginar a las mujeres de mi familia que siempre han sido my dadas a eso que en su día se llamaron “labores”, a la luz del atardecer pegadas a la ventana, en sillas bajas de anea, bien haciendo ganchillo, punto, zurciendo, o hilvanando las telas recién cortadas bajo los patrones de papel de seda.

Es lo que tiene ser hija de una modista, que desde pequeña quiso aprender todo lo que tuviera que ver con los alfileres y las agujas, los jaboncillos y la regla. La magia de las curvas y las rectas que bajo la mano experta se convierten por arte de magia en una prenda de vestir.

Aprender siempre, desde muy pequeña, todo lo que se cruzaba por mi camino. Hasta convertirme en fiel ayudante de la modista, mi madre. Su aprendiz a mucha honra.

Desde que tengo uso de razón me apasionaban dos tipos de establecimientos, las papelerías donde me quedaba de pasta de boniato contemplando cualquier artilugio e intentando adivinar mentalmente su uso. Aún hoy siguen siendo un lugar de culto para mí. Por otro lado las mercerías. Si ya sé que la mayor parte de la gente de hoy en día no sabe ni lo que significa esa palabra, pero para mí fueron siempre un rincón en el que hacer volar mi imaginación y construir contrastes de colores en los hilos que resaltaran la belleza innata de una tela. Los abalorios que una vez colocados van a marcar la diferencia entre una prenda vulgar y una de excelente calidad.

No puedo recordar la primera vez que entré en los Almacenes Cobián, donde ya antes habían sido buenas clientes, mi madre y por supuesto mi abuela. Entre sus bobinas de colores, los hilos de seda para bordados, las lanas y los algodones para tejer he pasado casi toda mi vida. Como aprendiz de mi madre era la recadera encargada de elegir hilos y cremalleras, botones y cintas bordadas o encajes. Años después para confeccionar el ajuar de muchos bebés, incluidos los míos. Nunca encontré mejor regalo para mis amigas y amigos que regalar ajuares de bebé confeccionados y bordados a mano. Disfraces para las fiestas de los colegios. Y finalmente trajes de graduaciones.

Por eso ayer me encontré con una sorpresa que me rompió el alma. Caminé hacia el centro para comprar unos hilos. La semana pasada habían cerrado la tienda y yo, tonta de mí, pensé que estarían de reformas. Cuál no sería mi sorpresa al pisar la pequeña alfombra roja colocada en la entrada que avisaba de la nueva inauguración de la tienda. Cuando traspasé la puerta todo había cambiado, no podía dejar de mirar aquellas estanterías llenas de cosas extrañas que nada tenían que ver con lo que yo esperaba encontrar. En la caja cercana a la puerta una señorita oriental al ver el terror en mi mirada, saltó: “Solplesa” y entonces fue cuando me di cuenta. Pensaba que los rotuladores de colores que había cerca de la entrada habían cambiado su lugar en el sótano, y obviamente eran los rotuladores textiles, pero esos ojos rasgados me sorprendieron con algo mucho más sórdido… La mercería de las modistas madrileñas ya no era tal, se ha convertido en un “chino”, con la sorpresa éramos muchas en la calle. No podíamos salir del shock…

Desde 1913 Almacenes Cobián había sido la mejor y más antigua mercería de Madrid, y ahora simplemente no existe. También ha desaparecido otra en la misma calle. Sólo quedan 2, en una plaza que nos recordaba a la organización del viejo Madrid de los Austrias donde los oficios se reunían en una calle. Hilanderas, bordadores, relatores, y de siempre la plaza de Pontejos hacía honor a las modistas y modistillas de la capital.

No sé a quién se le ha escapado que nuestro pasado es algo muy importante para la ciudad, y que los lugares emblemáticos debieran conservarse para las generaciones venideras. Ya no me había sentido cómoda con la reforma que del local se había hecho hace unos diez años. Pero que desapareciera no lo habría imaginado ni en la peor de mis pesadillas.

Las Mercerías están en peligro de extinción y nadie está haciendo nada por remediarlo, para los modistos y modistas esto no deja de ser una puñalada trapera, además de una gran putada. ¿Donde compraremos ahora?

Qué pena que nuestra historia sea pisoteada por nuevos sitios. Con el cierre de los Almacenes Cobián, y la otra mercería en la misma calle, la desaparición de dos de las tres tiendas de telas que había allí también, y el cierre del Teatro Albéniz, la de Pontejos se ha convertido en el cementerio de la historia y la cultura de Madrid. Menos mal que justo enfrente está el edificio que alberga las oficinas de la Comunidad de Madrid para vigilar la historia de los madrileños.

Qué vergüenza dan aquellos que no saben mantener lo que merece la pena en una ciudad, su alma, que en el fondo no son más que todos estos emblemas vivientes de un pasado que sin duda fue muchísimo mejor. Qué pena que ya no puedan alegrar nuestros ojos los colores de su tienda, y que pena no poder enseñar a mis nietas ese hermoso lugar en el que compraron las mujeres de su familia desde siempre.

Una parte de la historia de Madrid ha muerto con Almacenes Cobián, nos la han robado. Ya no podrán las modistillas llevar al santo, a la Ermita de San Antonio alfileres para que les salga novio. Los alfileres que ahora se venden son romos y de mala calidad, vienen del otro lado del mundo y no entienden de lo castizo de un mantón, que esos si originariamente procedían de allí y un chotis bien bailao.

@carlaestasola

En Madrid, que ya es menos Madrid sin estos lugares que un día fueron su alma.

4 Comentarios

  • Tamara

    A mí también me dio mucha pena cuando pasé por allí hace unos meses y vi que ya no tenía mi sitio favorito donde comprar mis cosillas para coser…

  • Anónimo

    Perdona que te corrija, pero no. La mítica, la de 1913, está abierta. La que ha cerrado es la de enfrente, que era de los años 70. Ahora es un chino, sí, pero siguen teniendo muchos de los artículos que tenían antes, cremalleras por metros, cintas de algodón y poliester… y en autoservicio, no como la d enfrente, que después de esperar media hora, siempre te puedes esperar la respuesta “eso en el mostrador de enfrente”, y vuelta a esperar…..

    • Carla

      Los artículos de merceria que tienen son calidad china, o sea horrible, es posible que internet se equivoque sobre el emplazamiento, pero no los usuarios que la visitamos desde hace más de medio siglo. Mi madre y mi abuela compraban allí.

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