Mis palabras y sus lazos

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Las palabras fluyen mientras ves un atardecer  con cielo arrebolado, con esos colores maravillosos que envuelven la mirada y te llevan a soñar con aquello que deseas; mas pueden fluir al alucinar con la sonrisa y los ojos que te cautivan, aquello que llegó para quedarse habitando en cada porción del ser. 

Incluso pueden surgir a partir de las tristezas, cuando sientes que se te oprime el pecho de la angustia, te falta el aire hasta casi sentir asfixia y todo va cediendo mientras resbalan gotas por las mejillas en las que vas lavando la herida que te ha carcomido por dentro… Sí de esto se puede escribir muy fácil.

Hay dolores más profundos que deseas no hablarlos, los sellas en tu cuerpo produciendo un dolor mientras circula  la sangre por las venas. Poco a poco sientes que te quemas o tal vez te enfrías hasta paralizarte, con ello el dolor va desgarrando cada parte de tus entrañas hasta que el padecimiento se adormece y te quedas totalmente anulado…

Ese tipo de infortunio, es mejor callarlo y que nadie te vea que lo padeces, pues comenzarán a preguntarte, te asediarán por la preocupación que despiertas en quienes están más cerca o en quienes, a través del tiempo, con sólo leerte han ido mirando tu alma y son capaces de percibir el misterio que ocultas… Es increíble cómo las palabras que se generan, si bien, no muestran tus vivencias, de igual forma van delatando el fondo que sigilosamente guardas.

Hoy, agradezco a la vida la bendita gracia que en estos dedos ha caído, con ellos he ido forjando lazos mágicos con personas que tan sólo me han leído.

Las letras que aquí he compartido sólo reflejan  lo que leen, no hay nada más detrás de ellas.

 

 

Viviana Lizana Urbina

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