Mi nena y su tarareo

No peinaba mis cabellos, peinaba sentimientos, y ella no sabía, pero mientras masajeaba con sus dedos, mientras deslizaba el peine sobre cada mechón imperfecto, eran mis lágrimas las que se deslizaban por mi mejilla, de inmensa felicidad, porque ahí estaba yo, alguien que no se creía nadie, alguien que amaba siempre con sentimientos verdaderos, que lo daba todo, en todo momento. Y la sensación continua de no sentirse amada, me invadió el alma durante toda mi adolescencia y no me dejó dormir, no me dejó  mirar más allá de un continuo pesar.

Si, a día de hoy, peina mis cabellos, mi hija, piel de mi piel, sangre de mi sangre, todo mi ser.
La ilusión hecha realidad y mi máximo sueño, cumplido.
Mi vida puesta en ella, aunque haya quien no lo crea, aunque haya quien vea que soy dura y realmente lo soy, y lo seguiré siendo, para que la vida no la coma, para que lo entienda, que no fuí una amiga más, ni una compañera de vida, soy su madre, su todo y su nada, la sombra que estará allí siempre acechando, protegiendo su calma.

Mi nena y su tarareo

Son sus dedos los que masajean nuestra alma, sus palabras ahora mismo las que nos llenan, y su tarareo, el que necesitamos oir, día a día. Toda la vida.

Y no hay más.

About Miriam Giménez

Adoro escribir y contar desde mi punto de vista, que la vida es todo lo bonita que nosotros la queramos vivir.

4 comentarios en “Mi nena y su tarareo

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