Mi tiempo

 

 

Serán cosas de la edad, me digo a mi misma, porque ya hace algún tiempo que dejé atrás la juventud, en cuanto a edad cronológica porque en el fondo de mi corazón aún habita una niña y a veces se manifiesta como si lo fuera.

  Hoy, ya me encuentro en la madurez y pienso en el tiempo, en una especie de cuenta atrás o hacia adelante, no sé, ¿un día más o un día menos? de camino hacia la muerte, hacia el abandono de la parte física que conduce a traspasar el umbral hacia el otro lado, que, por cierto, aunque tengo mucha curiosidad por saber con qué me encontraré cuando llegue debo decir que no tengo prisa alguna en averiguarlo.

Será cosa de la edad porque pienso en la importancia del tiempo, tiempo para mí porque ya la familia que formé, los hijos, cada cual ha construido su propio nido y ha tomado las riendas de su vida, aunque las madres siempre permanecemos ahí para cuando ellos nos necesitan, esto es así. La cuestión es que tengan la edad que tengan saben que siempre podrán contar con nuestro apoyo, ya no digo amor porque ese es un amor incondicional y permanece y prevalece ante todo y por siempre, normalmente es así, a excepción de casos muy concretos en los que el vínculo madre-hij@ no ha seguido la evolución que debiera y han habido carencias afectivas durante mucho tiempo. Esos son, como digo, casos excepcionales, pero se dan y existen.

Yo quiero hablar de mi tiempo, mi tiempo que es un gran tesoro para mi, mi tiempo de vida, mi despertar de cada día y saber que estoy viva y sigo respirando y doy gracias al Universo en cada nuevo amanecer, en cada desperezarme, en cada movimiento mientras me levanto de la cama, en cada desayuno y en todo lo que se genera durante ese día, en el que realmente hay cabida para todo, para llorar, para reír, para gritar, disfrutar o maldecir, pero mientras lo estoy haciendo estoy viviendo, estoy sintiendo que mi sangre fluye y después se disipan los malos humores y vuelve una nueva emoción, una nueva sensación, un nuevo pálpito que acelera la respiración con las cosas menos previsibles, acontecimientos que llegan sin ir a buscarlos, personas que van entrando en mi vida, acompañándome en este nuevo estado de estar sola, en una nueva localidad, en un nuevo ambiente al que llegué con un baúl repleto de miedos, de pánicos ante el cambio tan radical que supone convivir a vivir en soledad y de asuntos sin resolver. Esa es mi montaña a la que cada día he ido ascendiendo con el propósito de llegar poco a poco a la cima si es posible pero de momento me conformo con ir subiendo e ir dejando atrás muchos de los tramos que creía insalvables…

Aquí, hoy, estoy con mi tiempo, dando gracias continuamente a la vida, dando gracias al Universo por todo lo que recibo, porque entender la grandeza y el regalo que supone VIVIR, que no me refiero al acto de respirar, sino sentir, palpar y percibir con los cinco sentidos, saborear cada segundo, sea como sea, abierta a las experiencias, tanto buenas como las no tan buenas y aceptarlas cada día con un poco más de convencimiento del gran aprendizaje que suponen. Parece sencillo pero no lo es, por lo menos para mí. Aprender día a día en este tiempo a vivir sola ha sido un trayecto lleno de múltiples baches en los que ha habido momentos que he creído que no llegaría a superar, pero aquí estoy, viva y contenta de seguir recorriendo  este camino, esperando llegar al final del sendero llena de gratitud por lo vivido hasta el momento.

Aquí estoy con mi tiempo, sin prisa y con las manos abiertas a lo que me depare el día, aquí, hoy, en este instante, en este momento estoy escribiendo estos pensamientos que pueblan mi mente. El ahora es mío, es mi tiempo, para mí. Un nuevo replanteamiento de vida con otra visión y nuevas ilusiones y esperanzas para seguir escalando la montaña, para seguir dando gracias porque en mi ahora estoy viva, aquí, conmigo viviendo.

 

Imagen de la red

2 comentarios en “Mi tiempo

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