Mi bandera

Mi bandera

 

 

Él es hermoso desde cualquiera de sus versiones.

Me gusta cuando su inacabable sombra repta el suelo hasta el infinito,

diluyéndose en el agua de las fuentes,

hasta llegar al áureo brillo de la arena.

 

Su silueta entre las piedras, al rubor de las olas

se hace mar mezclándose al proyectarse con la espuma salada.

 

Nada es tan eterno como sus piernas,

autovías cerradas a la libre circulación,

debido a la nieve acumulada.

Fronteras infranqueables de una vetusta fortaleza deshabitada.

 

Él, soledad cálida, una vez atraviesas sus muros,

y su prosa te arropa, donde sólo la inteligencia

avala esa verbigracia con la que te arrulla

y te seduce muy lento.

 

Él, hoguera de toda vanidad,

se recrea en el fuego de mi leña seca,

almacenada en la antigua leñera durante tanto tiempo.

 

A veces húmeda tarda en hacer ascuas,

pero siempre consigue prender la llama,

por ininflamable que se dibuje,

Él castillo construido al abrigo del viento,

a la boca de la chimenea.

 

Él humo irreverente que inunda toda estancia,

termina elevándose por el canal de la chimenea,

alcanzando en su ciclo la salida por la tolvera.

 

Él, viento que se mezcla con el cielo,

sea a la penumbra o la luz que lo alimenta,

vuela de nuevo,

limpiando su hollín al vapor

de las partículas de oxígeno y nitrógeno.

 

Él, volátil y ligero, disperso y estudioso de los fenómenos naturales.

Apasionado de las ciencias, de las letras,

de las artes, de las aceras,

de las aguas, de las veredas.

 

Él, sabio, se aleja porque nada le une a la tierra.

Sus raíces son mocasines de marrón almendra,

que no atienden a germinar en ninguna maceta.

 

A Él solo le importa sentir, conquistar,

aproximarse hasta estar tan cerca que se come la vida en cada inhalar,

que bebe en toda fuente que encuentra.

 

Él, insaciable, tarda un segundo en prender,

más su calor, ese abrazo que te ofrece y te condena,

se queda pegado a tu cuerpo para no irse jamás.

 

Él, caminante con huellas,

con pilones crea estelas.

Él, ese al que siempre recuerdas.

 

Él mi luna, mi sol, mi nuble, mi estrella.

Mi mar, mi arena, mi roca,

mi peine, mi espejo…

Él, mi única bandera.

 

@carlaestasola

En Madrid,  año de nieves, de olas de frío polar, y mi ventana sin embargo, sigue abierta.

 

Música:  Schubert, Trio op. 100 – Andante con moto

 

Ella
Carla Duque es el pseudónimo de una mujer que no creía en sí misma. Aprendió a integrar en su vida cotidiana todos los grandes adelantos de la tecnología desde hace tanto que no alcanza a recordar, lidiando con todo tipo de engendros con teclados. Sobrevivió al cambio de siglo adaptándose a su entorno, no sin esfuerzo. Fue acusada en juicio sumarísimo de huir de la realidad con este personaje, no sabían sus jueces que nada había más lejos de su realidad que la vida real.

Yo
Soy en la medida en que me dejo llevar por las teclas, procuro con toda la torpeza comprensible en una advenediza, enlazar sílabas, componer palabras que se asocien entre sí expresando todo aquello que mí día a día no me permite expresar.

Desde niña me desahogué ante un folio y traté de asesinar mis recuerdos, más todo acababa siempre en una papelera, una hoguera, o en un cubo de basura, siempre hecho añicos.

Llego al mundo bloguero y monto mi primer blog en el año 2008. Luego, mi inconstancia me llevó al olvido. Volvía en el 2011 con otro, y otro blog… Pero no fue hasta el 2013 cuando surgió “La Mala Rosa”, le siguió “Subversión Labial”. No fue hasta mi colaboración para “El Poder de las Letras” desde hace dos años al que debo mi recién estrenado metodismo. He conseguido a regañadientes sentarme con periodicidad a escribir para mi cita de los viernes con los lectores.

Y hasta aquí puedo escribir, el futuro es incierto, sigo sin creer en mí misma, pero no cejo en el empeño de conseguirlo algún día.

2 comentarios en “Mi bandera”

    • Gracias querida no te olvides que la belleza de un poema está en gran parte en los ojos del que mira. No se va aquel que desaparece, sino le olvidamos sigue vivo. ?

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