Me han robado la primavera 7 (La Furia)

Son las tres de la mañana, la hora perfecta para encontrarse entre los brazos placenteros de Morfeo; pero yo permanezco despierta mirando por la ventana como golpean las gotas contra el vidrio.

Aprecio la lluvia y me dejo llevar por el ritmo acelerado de su caída.

No. No es una lluvia normal, parece un fragmento arrancado del ojo de un huracán que despiadadamente azota todo a su paso; incluso mi razón que se deja llevar por su corriente, mientras pasan unos segundos y ya, me encuentro atrapada navegando dentro de la furia de este mini huracán que acierta en sacar la misma furia que llevo dentro.

-Es la lluvia del verano- me digo, en claro enojo

Y, ¿Cómo no enojarme? Si he sido ultrajada. Si he sido de nuevo robada.

Hace unas lunas me robaron la primavera y hoy, me doy cuenta; arrastrada por la fuerza de la tormenta que también me han robado el verano.

Me han robado el gozo de salir y bañarme de sol, de apreciar el cielo, de sentir la brisa que acaricia el alma y te hace sentir cobijada como una madre amorosa. -¡Me han robado también el verano! – y con él, la esperanza.

Soy ese viento que atrapa la lluvia y la convierte en látigos, soy la tormenta que sigue golpeando mi ventana, soy la furia de la naturaleza golpeando mi propia paciencia.

Normalmente, después de la tormenta llega la calma.

Pero hoy en lamentable desgracia, no veo esa calma.

Al paso de los días aumenta mi furia y no bastan lo discursos de aliento, no bastan los recurrentes ejercicios de respiración, no bastan las letras de aliento; sólo quiero salir, al igual que la tormenta, a arrasar la inconsciencia, la necedad y a todo aquello que me encuentre al paso.

La lluvia no cesa.

De la misma manera que no cesa el placer que me representa ser parte de ella, siendo su poder, su furia y su devastación.

 

 

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