Matrioska

Todo esto forma parte de un sueño…

Estoy en la cocina, siguiendo el ritual de cada mañana: la pequeña cafetera de color verde hierba (aparentemente antigua, pero comprada hace menos de un año en la ferreteria de la esquina) en el fuego; el pan en la tostadora (parece de hace diez años, pero en realidad tiene más de treinta, regalo de mi madre – dios la guarde en su gloria – de una época en que las cosas se hacían para durar).

En la radio tengo puesto ese dial de música de principio de siglo – no de éste, del siglo pasado (que mayor se siente una al decir “del siglo pasado”) – y se escucha la deliciosa canción “Guilty” de All Bowlly. Mucha gente la conoce a raíz de la película Amélie (bonita película; me gustó, pero mi reacción al verla decepcionó a mi hijo pequeño, que es muy fan y se esperaba que me emocionase tanto como a él) pero yo la conozco desde que era pequeña: a mi madre le encantaba escuchar vinilos de música en francés e inglés de los años 30 y 40. Tal vez por eso crecí siendo una niña algo nostálgica y melancólica…

El “clink” del resorte de la tostadora y el silbido de la cafetera me sacan del embelesamiento provocado por la elegante voz de Bowlly. Aparto la cafetera a la parte fría de la vitrocerámica, y aprovecho el rato que tarda en reposar el café para disponer las tostadas en su plato (el de la línea roja fina alrededor, el único que me pude quedar de la vajilla de mi madre cuando vaciamos su casa para llevarla a la residencia).

Son las 7.35 y toca cambiar el dial: en la otra emisora empieza una sección de un programa que me gusta mucho escuchar justo antes de irme a vestir. En ella se hace una reflexión, comentando un libro primero que introduce el tema, y entrevistando después a alguna persona que ha vivido una experiencia relacionada.

Empezamos la sección “Testimonios”. Nuestro tema de hoy es “La inseguridad en las calles”. La referencia bibliográfica que os recomendamos es el relato “El cavall que anà de franc” (“El caballo que fue sin pagar”), escrito por el periodista Arnau Capdevila, en 1905 (aunque no fue publicado hasta 1936, a la muerte del autor). Recientemente ha sido reeditado por Edicions 62 en su versión original, y por Ediciones Pirámide en su traducción al castellano.  

Ambientado en la Barcelona de principios de siglo en la que vivía, el relato de Capdevila nos sumerge en un ambiente de pobreza generalizada, y el clima de inseguridad imperante se respira en cada una de sus páginas. Para muestra un botón: “Al acostarme cada noche no lograba borrar de mi mente esa mirada, la mirada de los niños en las calles, de quién no tiene nada que perder… y sentía miedo.” Tal era la situación que incluso los niños, símbolo de la inocencia,representaban una amenaza para los transeúntes.

El relato de Capdevila tiene algo de universal y por ello sigue teniendo vigencia: en diversas ciudades del mundo como Sao Paulo o Bombay, continúa imperando un clima de inseguridad que encaja perfectamente en el marco psicológico descrito en su relato, superando la distancia temporal, cultural y geográfica de los escenarios.

Paso a presentaros a nuestro testimonio de hoy. Tenemos con nosotros a Gabriel Janús, que lleva viviendo varios años en Sao Paulo, primero como estudiante de intercambio durante la carrera de Derecho, y después trabajando para un bufete. La madre de Gabriel es portuguesa y decidió realizar su intercambio allí por la facilidad para aprender el lenguaje.

Buenos días, Gabriel, y bienvenido al programa.

Muchas gracias, David, por invitarme. Me gusta mucho escuchar los podcasts de vuestro programa desde Brasil.

Después de leerte el relato de Capdevila ¿crees que tiene que ver con la experiencia que has vivido en Sao Paulo?

Pues aunque parezca difícil, así es. Me quedé impactado cuando me lo regaló una prima mía de Barcelona. Ella estudia un Máster en Literatura Comparada, y cuando leyó el relato pensó en las historias que le había contado de mi estancia en Sao Paulo y me lo envió por correo a Brasil, una de las primeras reediciones en catalán, de los años 70.

Fue leerlo y me fascinó sentir de la voz de alguien de un siglo atrás las mismas sensaciones que he vivido caminando por los barrios de Sao Paulo.

Gabriel, ¿Podrías explicarnos alguna situación que hayas vivido, para poder entender por qué te ha conmovido tanto el relato de Capdevila?

Por ponerte un ejemplo,…

¡Uff! Hora de irse a vestir… y a trabajar… ¡¡¡RIIIING!!! Vaya parece que alguien llama a la puerta …

¡¡¡¡¡RIIIIIIIIIIIIING!!!!!!

Suena la alarma del teléfono móvil. La detengo y levanto la persiana. Amanece un nuevo día. He tenido un sueño muy extraño,  pero muy interesante. Voy a apuntármelo en el móvil antes de que lo olvide. Creo que vale la pena como para hacer un escrito. Lo colgaré el lunes que viene en el blog.

 

About Carlos Cercós Pérez

Escritor errático, profesor en prácticas, poeta ocasional, simulacro de economista, eterno aprendiz... Escribo como liberación (ex-presión), como creación, como regalo al mundo. Una voz más en el coro de la humanidad...

1 comentario en “Matrioska

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