Mares

 

“He dejado la ventana abierta
A un requiebro,
A un destiempo;
Donde no cesa la hiedra
En su empeño por escapar
Del olvido. Esencia de la huida.
Locura, fuego, despedida.

Una luz tenue queda
En la perenne habitación oscura
Que aloja mi ser,
En las ascuas de la duda.

¿Qué me han contado los abetos?
¿Que de sus migajas ya no visten nidos?
Que los pajarillos se les olvidan,
Que ya no escuchan su trino.
Que las hojas se les despoblan.
Que se dejan caer
Como lágrimas marchitas
Entre almizcle y algodón,
Empañando los cristales
De su alma y la mía al nacer,
Como cada amanecer.

No me tiente el acertijo
Que no sabe de rutinas,
Dando alojo al desalojo.
Al que siempre nace cuando vive,
Al que muere alguna vez,
Al que siempre vuelve ,
De entre los despojos…




 

Al que encumbra nitidez
A la venda de mis ojos,
Sólo le llegan
Ilusiones fingidas
Y cantos de cisne.

Al sonar la música,
Un redoble de tambor llora.
Los cántaros se rompen
Por el agrietado suelo,
Buscando un atisbo de consuelo
En el techo al mirar.

Y nada queda en el tintero
Vacío de cada lagrimal
Y vino a mi la noche,
Como cada noche
Lloviendo mares;
Mares de vino tinto
Galopando risueños por mis venas.

Pero no hay nada más cierto, no:

La sangre con la que te escribo
No hay virgen, ni cristo
Que me la pueda comprar.

Que el beso que le di al aire
No fue de cualquier manera,
Llegó a tiempo de encontrarte
Y subir al peaje de tu boca.




Pero el tiempo pasa incansable…

 

Arrugados al pasar del minutero
Uno a uno van cayendo todos;
Como clavos ardiendo en el pecho
De unos versos descompuestos.

Esperando queda el regocijo
Que le prohibieron tus piernas.”

5 comentarios en “Mares

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