Un lugar para la primavera

UN LUGAR PARA LA PRIMAVERA

Yo era un hermoso jardín lleno de flores, que vivía en una eterna primavera. Me gustaba brillar con el rocío de la mañana, lanzar destellos bajo la luz del sol, impresionar con mi vertiginosa armonía. Mis flores emitían un embriagador aroma que hipnotizaba a las personas que se encontraban junto a mí. Todas ellas se sentían felices cuando mis flores les acompañaban. Ellas convivían con risas, sonrisas, carcajadas, sol, luz, lluvia… Era feliz, en toda mi plenitud.

De pronto llegaste tú, arrasando como verano caluroso y seco. Fuiste como un huracán de energía arrolladora que se adentró en mi jardín. Llegaste a las profundidades más ocultas, hasta lo más hondo de mí. Y fuiste asolando todo a tu paso. Las flores se marchitaban, precisas de una lluvia que no caía en aquel aciago verano. Se acabaron las risas y las sonrisas en rededor. Tu calor me abrasó, envolviéndome con sus llamas de puro fuego. Encendida como estaba, no tuve tiempo de apreciar que mis flores se habían ido consumiendo poco a poco, que ya no me envolvían con su aroma, ahora convertidas en tristes cenizas que nadie quería pisar. Me volví un jardín carbonizado, aislado de todo lo demás.

El calor de tu verano fue dando paso, sin que apenas pudiera darme cuenta, a la rutina melancólica de un otoño dorado, de tu otoño. Mis flores ya no estaban, quemadas como habían sido por el huracán veraniego. Y mis árboles comenzaron a perder sus hojas, llenando mi suelo de una gran alfombra con la que arrullarme, ante la precipitada falta de calor. Ya no estaba encendida, sino que la melancolía del otoño se fue apoderando poco a poco de mí, envolviéndome en una sutil niebla que aún mantenía mis ojos cerrados. Pero aún así, en la oscuridad de mi ceguera, podía sentir la ausencia de risas alrededor de mí. Un jardín vacío, sin compañía, en medio de un otoño embaucador. Y tú, mi querido otoño, no hacías nada por remediarlo.

El otoño que había cubierto mi jardín de hojarasca dio paso a un frío invierno, sin que yo pudiese hacer nada por evitarlo. Frío y solitario, mi jardín vio cómo el hielo y las nieves cubrían todo. Cubrían las antaño hermosas flores asoladas por tu verano. Cubrían la alfombra de hojas secas que me invadió con la llegada de tu otoño. Mis llantos se manifestaron en forma de oscuras nubes que descargaban lluvia sobre mí, intentando hacer desaparecer el manto blanco que me cubría. Pero no fue suficiente. Tu invierno acabó con todo, dejando mi bello jardín congelado, frío y ausente.

Hoy que puedo vislumbrar un pequeño rayo de luz proveniente del sol primaveral, te digo adiós. Desaparecerás de mi vida como si jamás hubieses pasado por ella. No permanecerás si quiera en los recuerdos de este torpe jardín que no se supo cuidar por sí mismo. Abriré mis cielos al sol primaveral. Mis plantas y árboles volverán a brotar. Volverán las risas y la alegría alrededor de mí cuando todas mis flores renazcan con mayor esplendor. Y a partir de ahí, en mi jardín solo vivirá una eterna primavera. Vete con tus veranos que me queman, con tus otoños que me marchitan y con tus inviernos que me congelan. Aquí solo queda sitio para la primavera. Soy un lugar para la primavera.

About Ana Centellas

Soy Ana profesional de los números,apasionada del mundo de la letras,iniciando mi aventura literaria, aprendiendo un poquito más cada día y compartiendo mi sueño con una familia genial.

2 comentarios en “Un lugar para la primavera

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