LOS WINCHESTER

LOS WINCHESTER

 

 

En el Barranco de los cincuenta, tener unos Winchester era no sólo estar a la moda, sino ser alguien diferente y poder dar vueltas por el parque, sorteando a los guardianes que trataban de impedir que las losetas rojas sufrieran deterioros imaginarios.

 

Los Winchester eran sinónimo de patines.

 

De metal, adaptables al zapato, con talonera, uñas de ajuste delanteras y correas de sujeción para los tobillos.  Una llave los hacía alargarse lo necesario de acuerdo al tamaño del pie.

 

Sus cuatro ruedas con billas interiores aseguraban velocidad y una cierta suavidad en el deslizarse sobre el pavimento. Los guardianes del parque de Barranco intuían que aquellos artefactos metálicos rodantes usados por chicos y no tan chicos, romperían las losetas rojas que estaban sembradas por las flores resbalosas y lilas que los árboles del  Jacarandá dejaban caer.

 

Recuerdo claramente haber recibido una Navidad como regalo el par de patines: mis Winchester. Un esfuerzo para mis padres seguramente, cuya economía era la de cualquier familia de clase media y casa alquilada. Todos tenían patines y ése verano yo sería uno más de los acróbatas escurridizos del parque.

 

Me veo colocándolos con dificultad, fuera ya de su caja roja, olorosos a nuevo: a metal y aceite. Estoy en la terraza de abajo en la casa de la calle Ayacucho, sentado sobre las losetas  un 25 de diciembre. Soy torpe y no puedo ajustarlos bien. Al tratar de levantarme  caigo y los pantalones cortos no protegen mis rodillas. Estoy solo, porque los Winchester son míos, son un reto y son una especie de pasaje a la aceptación.

 

Por más que lo intento, no consigo ajustarlos debidamente y cuando logro levantarme en equilibrio y subo un pie, el patín se desprende y caigo sentado con el orgullo más magullado que el trasero.

 

No recuerdo claramente más. Debo habérmelos aprendido a calzar o algún amigo misericordioso lo hizo por mí; como cuando Pedro Alfonso Labarthe a los cinco años, me enseñó como atar los pasadores de los zapatos en la gondolita de carrocería de madera que nos llevaba desde Barranco hasta el colegio en Petit Thouars, Miraflores.

 

Lo que viene a continuación son imágenes donde un amigo en bicicleta –puede ser Eduardo Balta o Lucho Peirano-  me jala y yo ruedo ignominiosamente detrás con los Winchester puestos. Ignominiosamente digo, porque el sueño de acróbata del parque se estrelló siempre con mi inutilidad para poder patinar de veras y solo.

 

Los Winchester pasaron a formar parte de aquellos objetos deseados, obtenidos y olvidados. Pocos en realidad, porque  un juguete que no se usa, se regala –ley inmutable en casa- y yo no guardo memoria de otro que no fuera ése par de patines que reflejaron en un momento la moda, la libertad y el desenvolvimiento para mí.

 

En esta tarde del 25 de diciembre, tantos años después, escucho que los vecinos pequeños están probando sus patines nuevos, acompañados de su padre que les da instrucciones. No los veo, pero deben ser patines de botín, probablemente con ruedas en línea y con conos para frenar puestos delante. Estoy seguro que ni siquiera el papá –un hombre joven- conoció los famosos Winchester de purito metal, que ni freno tenían. Que me demostraron que las acrobacias y piruetas no eran lo mío y que era preferible montar en bicicleta o leer imaginando que las terrazas de la casa azul desde las que se llegaba a escuchar el mar, eran las cubiertas de un navío pirata.

 

Imagen: www.ebay.com (foto referencial).

 

 

 

 

 

 

Manolo Echegaray (Lima, Perú)
Publicista desde 1969; profesor en 8 universidades e institutos de educación superior en el Perú y 1 en Bolivia (Técnicas de razonamiento creativo, Estrategia publicitaria, Comunicación intercultural, Comunicación de gobierno); cerca de 16,000 ex alumnos; publicidad para 2 campañas presidenciales (Perú); asesor de comunicación de una Presidencia de la República y seis ministros de Estado; escenógrafo, sonidista, actor y diseñador de vestuario de teatro; artista gráfico; escritor a ratos. 70 años.

5 comentarios en “LOS WINCHESTER”

  1. Me encanta, yo usaba esos patines Manolo. Gracias por esos hermosos recuerdos, no se por qué hay personas que se empeñan en hacer que los recuerdos deben ser tristes.

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