Los sueños que nos robaron

Los sueños que nos robaron

LOS SUEÑOS QUE NOS ROBARON

Qué habrá sido de los sueños que tuvimos algún día, aquellos que nos llenaron alguna vez de ilusión. Quizá fue que los perdimos a lo largo del camino, o quizá nos los robaron sin pedirnos ni permiso, sin que nos diéramos cuenta, sin saber que de aquel modo no volveríamos a soñar.

Cuando la añoranza muerde recordando aquellos sueños y nos pilla casi siempre acodados en un bar, a mí me gusta imaginarlos en los sueños de otras gentes, ilusionando la vida de alguien que no soy yo. No quiero pensar en ellos ni muertos ni destrozados, enterrados con desgana en el margen olvidado de alguna cuneta estéril, cubierta de grava y polvo, de una triste y solitaria carretera comarcal. Prefiero pensarlos vivos, aunque sea en mis recuerdos, felices y ya cumplidos, imaginar que sea esa la causa que ha provocado mi incapacidad de soñar.

Y sin sueños aún sonrío, mientras me ahogo en mi copa rellena de soledad. Sonrío y, mientras lo hago, embriago conmigo a la esperanza de que  aún tengan alguna oportunidad los sueños que nos robaron a punta de decepción.

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