Los pliegues de mis manos

Siempre me llamó la atención que mis manos tenían pliegues aún siendo joven. Ahora se que es por que son la señal de mi paso por esta y muchas otras vidas.

Miro detenidamente mis manos y recuerdo las muchas veces que he dicho que me pusieron las que pertenecían a una persona más grande que yo.

Desde hace tantos años con arrugas que guardan las historias cobijadas desde vidas atrás, pliegues que esconden risas, lágrimas, pasiones y la lucha interminable por sobrevivir.

¿De qué hablan las arrugas que llevo en estas manos de unos cuántos soles?

Hablan de historias antiguas.

De aquella emperatriz que secretamente se enamoró del hombre más poderoso del mundo y perdió la cordura a cambio de la locura del amor prometido como eterno; de la pasión estallada en cada una de las entregas que hubo entre él y aquella antigua yo misma.

Veo cada una de las marcas en mis manos y las acerco lentamente a mis oídos mientras me hablan de la sabiduría y la plenitud de la hechicera que un tiempo habitó en mí misma otro cuerpo y ahora vive en el mío; me enamoro, a través de ellas, cada día de la fuerza y la mezcla con la que nací hecha de mis propias experiencias y de lo que vi pasar.

Mira tú, esas manos que pertenecen al cuerpo que tomaste en este plano, recuerda aquellas historias que escribiste en el pasado y hónralas a partir de acariciarlas y pasarlas por tu cara en actitud de remembranza y agradecimiento.

Hoy me sucede, que tomo mis manos, una con otra y recuerdo mi propia novela.

Veo a aquella mujer que vive en tierras del norte y termina su vida sin más compañía que unas cuántas vacas y los árboles que la acarician, la que vive entre paredes de piedra y es terrenalmente tan pobre que se desarrolla y vive entre mantas sucias de pieles curtidas para la comodidad de alguien más y no para ella. Ella, que vestida con gruesas telas negras de lana tejida sin estilo ni formas elegantes, murió sola teniendo la experiencia celestial pacífica que todos quisieran tener.

 

Mis manos, con arrugas desde los quince años, que cuentan la historia de Ana que caminando de la mano de su amado es abandonada por el sin detenerse a mirar el corazón que le convertía en añicos.

Ana que ante aquel desfalco amoroso vio su corazón en mil pedazos y se dejó caer sobre la acera en dolorosa posición de ovillo desvalido, ella que en ese momento prometió no volver a amar a nadie de esa manera ni llorar una sola lágrima por un hombre que no supiera amarla hasta “los huesos” como ella lo hacía.

Mis manos que de nuevo me hablan de una visionaria que se enfrentó a las grandes sociedades para luchar por los derechos de la gente “de color”, de la emoción indecible de encontrarse ante las masas luchando con las palabras para reconocer la valía e igualdad de todas y cada una de las personas. La que, de nuevo muere sola en la paz de su lecho, la que me regaló la luz de la vida que contemplo hoy.

Y por supuesto, que me hablan de lo que soy hoy. De la fuerza que corre por este cuerpo, de la magia con que riego este mundo cada día, de los amores vividos y perdidos, de la vida que regalé a dos almas, del simple gozo de vivir cada día.

Doy gracias a estas manos pre- arrugadas que no pertenecieron a alguien más, sino a la grandeza de mi paso por el universo.

A la luz que ponen en este mundo al escribir, abrazar, coser, amar, expresar al canto de la vida, meditar y simplemente vivir día con día.

Observa tus manos, mira y ama sus pliegues y recuerda tu vida y tu fuerza a través de la historia que has escrito durante tantas y tantas lunas.

About Nora Arrieta

“Me llamo Nora, vivo en la ciudad de León en México y tengo 51 años.
Desde siempre me ha encantado leer y crecí con historias de cuentos y hadas en las que los sueños se hacen realidad.
Me encanta la novela histórica y la poesía.
En mi juventud escribí y publiqué algunas obras y abandoné las letras para retomarlas apenas hace un año, disfrutando muchísimo pintar en pliegos mi vida y las que me puedo robar en mi andar diario.
¡Gracias por leerme y sentir mis palabras en tu ser!.

1 comentario en “Los pliegues de mis manos

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