Los Lectores Internos

 

 

En la entrada anterior, nos referimos al carácter sinfónico de la personalidad: no somos un yo, sino un coro de voces que alternan entre la armonía y la disonancia; que se elevan a los cielos o descienden a los infiernos. En cada uno de nuestros actos cotidianos, las respectivas conductas de los seres a quienes pertenecen estas voces, entran en concierto y es entonces cuando podemos realizar desde las actividades más simples a las más complicadas; desde cepillarnos los dientes hasta navegar los claroscuros de una difícil relación amorosa.


Es el poeta  quien puede reconocer esta multitud coral que constituye el ser. Por alguna razón su oído interior está  preparado para captar los diferentes matices de esta multiplicidad. 

De los seres que forman la personalidad del vate, los más importantes  son los Lectores Interiores. En los manuales, el concepto es explicado como una referencia lingüística. Para nosotros, tiene un carácter de símbolo, de unidad mítica. Los tratados mencionan un solo lector. En la realidad, son múltiples, pero los reduciremos a dos categorías para una mejor explicación.


 Uno de ellos es el lector Yang o activo. Es el que corrije, desechando versos, modificando la estructura, cambiando tópicos. Las características de este lector van a variar según sus motivaciones. En principio, trabajará el texto teniendo en cuenta exclusivamente los gustos de los lectores externos. Aquí se da la influencia de las redes sociales, cuyos miembros – amigos de Facebook, Twitter o Google ´+ , exigen ciertos requisitos estéticos. El lector interior cambiará términos y giros teniendo en cuenta estas preferencias. 

En nuestra última residencia en Buenos Aires,   fuimos testigos de la influencia de ciertos talleres literarios sobre los jóvenes vates. Al estudiar el material trabajado en esos centros, se podía apreciar que el mismo fragmentaba lo que prometían ser hallazgos expresivos; que cercenaba la originalidad. Los lectores internos de esos poetas, estaban sometidos a los jefes de esos talleres y generaban un texto final de acuerdo a sus exigencias y gustos. Casi nunca tenían que ver con las imágenes sugeridas por el impulso inicial.

 La necesidad de aceptación por parte de un grupo, es decir un afán puramente emocional, suele imponerse sobre las voces interiores que exigen una visión original (en el sentido de instalarse en los “orígenes”) y que va  más allá de la aceptación o el rechazo de determinado grupo.

La madurez poética se adquiere cuando la motivación del Lector Interior Activo apunta a las condiciones internas del poema; cuando se vuelve a las voces interiores y afina el oído para expresar lo que ellas dicen. Es entonces cuando surge la músicalidad o ritmo que no depende de la rima consonante o asonante ni de las condiciones técnicas. El lector interior aprende que todo trabajo poético tiene una música interior y el reconocerla brinda  a su voz un poder creciente.  Es en ese momento cuando abandona los requisitos de cualquier lector externo, y la soledad lo hace más fuerte.

Llamaremos “Ying” al otro tipo de lector interior. Es quien observa todo el proceso creativo, sin intervenir en el mismo en forma directa. Se limita a contemplar con un leve asentimiento el desarrollo de la creación: desde sus inicios hasta el resultado final. No lo llamamos “pasivo”, porque su quietud no implica inmovilidad.. Es el correlato del “Wu Wei” del Taoísmo que se traduce como “hacer no haciendo”. Es el “Observador Testigo” del Hinduísmo y el equivalente al eje que sostiene las ruedas, y que  por permanecer inmóvil las hace girar. 

Cuando el poeta llega a percibir este tipo de lector interior; cuando su conciencia se identifica con él y se observa a sí mismo escribir, crear, corregir; sentirse satisfecho por la obra terminada, es cuando ha adquirido un compromiso profundo con su texto. Cuando empieza a crear con seriedad.

GOCHO VERSOLARI

Poeta argentino residente en Estados Unidos  

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3 comentarios en “Los Lectores Internos

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