Los aquellos días

 

Al compás de un reloj de péndulo, del burbujeo del agua para la sopa, se adviene la música más hermosa y celestial que jamás se habrá podido escuchar. Quizás la Callas con su magnífica y trepidante voz, quizás el retorno de los aquellos días, que no se borrarán de la memoria. (Lo bello no muere).

Ella se mira en el espejo, y sonríe, sonríe porque es ella, aún en su madurez, aún con los años que le han quitado el esplendor de la juventud. Está viva para recordar, para seguir un perturbador camino, el de la vida. Ella no lleva máscara, no lleva un vestido elegante, ni joyas, simplemente es una mujer libre, con alas tan grandes que puede surcar otro cielo.

Ella descansa  descalza, en el diván de siempre, y relee poemas, escucha un mundo silencioso que, sin embargo, estalla en sus oídos (Palabras, charlas, idas y venidas, y vino rojo, antros, la noche)…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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