Aunque te muestre indiferencia,
siente cómo mis manos tiemblan en estas hojas por las ansias de recorrer tu perfecta espalda…
Concéntrate en el silencio y oirás cómo se intensifican los latidos de este terco corazón…
No declines tu interés sobre esa mesa, no podré mantener la arrogancia y me veré sumido en la perdición de esa tela…
Así, mantente erguida, imagino el paisaje desnudo sobre mis sábanas…
¡Basta!
No puedo resistir, susurra con tu aliento el deseo que te inquieta, prometo extender el paseo sobre tu piel…

Soy tuya, no te detengas, despierta de la espera eterna, ni copas, ni papel; sólo necesitamos este fuego, tus caricias y mi piel.

Viviana Lizana Urbina