y llueve mientras nos quedamos ciegos

 

y llueve

 

Y llueve

y se caen los silencios de los árboles

y el agua se desparrama por el folio en blanco

el silencio del mundo se hace charco

las palabras se transforman en voces

Y llueve

y regresamos al otoño de las esquinas rotas

los corazones del poeta se empañan

con la ausencia prolongada de paraísos.

Y llueve

y el niño tatuado en la piel de cera

mira como el tren atraviesa la ventana

llevándose trozos de sueños entre los dientes.

Y llueve

y la fraternidad se esconde tras el diálogo de ciegos.

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