EL PODER DE LAS LETRAS,  MICRORRELATOS

Llevo así varios días

Tomo de nuevo el teléfono, ya perdí la cuenta de cuántas veces lo he abierto y cerrado en tan sólo 40 minutos.

Como ha pasado los últimos días, camino, tomo un libro y no puedo avanzar de las primeras páginas, trato de ocupar mi mente en otra cosa; pero no. Imposible invades mi espacio, llenas mi obsesión con tu mirada y el recuerdo de lo que fuimos en el pasado.

Ahí está la tribulación: De lo que fuimos en el pasado.

-¿Qué tal si estás últimas palabras transforman todo?

Tal vez sean las últimas que necesito decir para que el universo decida si tú y yo somos una historia o somos dos separadas en tiempos y espacios.

Necesito otro café, no he podido decidirme. Necesito un baño caliente y un vaso de vino, y tal vez otro café.

Temo tu respuesta, temo que al escribirte o al llamarte seas indiferente y puedas morir en mi interior. A fin de cuentas sin ella, queda un halo de esperanza, casi transparente al que logro asirme cada mañana al despertar. Y qué será de mi existir si me otorgas un silencio.

-No. Eso bastaría para clavarme una daga dentro del corazón.

Es una espera eterna, tomar de nuevo el teléfono, abrirlo, cerrarlo e imaginar que suena por ti y sólo por ti.

Amado lejano y cruel; te llamaré  y no esperes un suplicante te amo. Te hablaré claro – Te quiero en mi vida, ayúdame a tenerte en ella con una respuesta clara y sencilla saliendo desde tus entrañas.

Marco, cuelgo y vuelvo a marcar.

¡Eres tú al otro lado!

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