Diario de una Pandemia

Publicado en el libro  Deja que todo el Mundo te cuente lo que pasó (Ed, Lo que no exixte)

Nora Arrieta 2020

Sólo era el inicio de la semana.

Todo corría como cada día, tal vez aburrido y monótono, pero en armonía con lo que pasa cada día.

Yo no acostumbraba leer el diario, ni ver noticieros, ni ver nada que perturbara mi calma; – al fin, lo sepa o no lo sepa, va a pasar – era el diálogo permanente dentro de mi cabeza.

Me presenté a mi trabajo un viernes, gozosa hasta las entrañas por que se presentaba un fin de semana largo; de viernes a martes.  Por lo tanto, hice mis planes y me dispuse a convertirlo en un gran, gran fin de…

 

El sol se clavaba con suavidad sobre mis pies, a través de camino que se abría por mi ventana, cuando escuché el sonido del móvil con una llamada que me obligó a sentarme de súbito.

‒ No hay trabajo mañana.

‒ De hecho reanudamos hasta nuevo aviso

Algo se metió en lo más profundo de mis pensamientos. Inmediatamente prendí la TV y busqué cadenas nacionales e internacionales que dieran claridad a las palabras que acababa de escuchar.

Una pandemia era la causa. Había iniciado hace algunas semanas en Asia y había llegado a unos pocos kilómetros de mi puerta.

Por supuesto, como rezaba mi idea fija, pasan las cosas, sepa yo o no las sepa.

 

Mi cabeza daba vueltas cuestionándose el tiempo, la incertidumbre de la situación económica, el aprendizaje a todo galope de tecnologías que ahora son menester usar para el trabajo.

¡La presencia de la gente!  Cómo vamos a vivir ahora encerrados, cada uno en su rincón.

Me hundí. Queriendo entender y asimilar, sin ayuda. Porque, da la casualidad, que en la TV aparecieron miles de programas acerca de la peste bubónica, la fiebre española, y más; contagiando mi mente con un peor virus.

Así es que, si quería mantener mi mente fuera de ello; era de verdad, casi imposible, era misión de locos.

 

Era de noche, la luna apenas se asomaba riéndose de mí sin dejarme dormir, mas me extendió su mano invitándome a la calma.

Fue entonces, que di un salto dentro de mí.

Hablé conmigo, recordé mi pasado convertido en fotografías dentro de los archivos de mi mente, peleé con mis propios demonios y viví un poco abrazando mi soledad

 

No sé cuándo acabará esto y nadie lo sabe con certeza.

Pero ya estoy de pie junto a mi puerta, queriendo dar vuelta a la perilla.

Llevo puesto un hermoso vestido carmín, un sombrero y la más grande sonrisa que se abre como un paraguas de felicidad. Lista para salir y respirar el aire fresco, para recibir pleno el sol sobre mi piel mientras mis ojos se embelesan con los llamativos colores de las flores, con el olor a lavanda que invade los jardines.

Lista estoy, aún desde aquí adentro, esperando renacer de la misma manera que la tierra hoy lo hace obedeciendo al capricho de mostrarnos su grandeza.

 

A %d blogueros les gusta esto: