Leyenda en el Monasterio de Piedra

Como no tener el Monasterio de Piedra,un lugar tan hermoso y placentero una leyenda que contar.

¿Oyes?

¿Me parece a mí o la cascada La Caprichosa está cantando?

Está cantando algo, pero sólo distingo la palabra “quiero“…

Se llamaba Jimena, una niña con doce años ayudaba en el monasterio con labores de cocina y huerto.

Tenía 2 peculiaridades, a Jimena le gustaba caminar por el parque y que era una niña muy curiosa y utilizaba la palabra “Quiero” para encontrar significado a todo aquello que no entendía o que desconocía.

“Quiero ver dónde se hunde el Sol cada noche”, “quiero saber por qué lloran las estrellas en verano”, “quiero que la Luna me diga de qué se asombra”, “quiero sentir el viento de las alas de un ángel”, “quiero ver el mundo como lo hacen los árboles, o las rocas”, “quiero bailar en el fondo de las pozas”

Soñaba con que algún día se cumplirían todos sus deseos, no entendían la llamaran “Caprichosa”

En uno de sus paseos, se topo en un cruce con un paraje que nunca antes había visto. Un gran precipicio se encontró a sus pies.

El sol daba un brillo especial al agua que en cascada caía como si fuera el cabello de una muchacha, precipitándose al vacío en un calmo embalse de agua.

Como si una hechicera la hubiera embrujado, se quedo muda, sin darse cuenta del tiempo transcurrido.

Un gran estruendo se escucho a su espalda y al volverse contemplo que el agua corría hacia ella y en ese preciso momento se cumplieron sus deseos: vio el mundo como los árboles, el viento en las alas de un ángel y bailar en el fondo de las pozas.

Quien podría en un breve momento abrir los ojos de repente y sentir que la luz se hace camino frente a ella, dejando volar ese ángel de alas mojadas a bailar  por el universo con cuidado de no enredarse entre los árboles de los frondosos bosques.

Marijose.

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