Levando anclas

Veo el tiempo pausado a tu alrededor, como el eco se vacía de voz y mudo se presenta entre días de poca luz.

Revierte las sonrisas que indican a los demás que todo va bien, tus ojos indican que la lucha se perpetua entre los anclas de un tiempo que no te hace bien, que la vida se convierte en pesada sin saber donde ir.

Aparca los anclas que a ellos te aferran, permite que el viento de otra vuelta y quizás allí, nazca quien se aparta del ruido y se dedica a ser feliz.

No importa quien quede excluido de ese camino que angosto, representa el tránsito donde unas palabras que quedan sin sentido, a nadie más pertenece la decisión de hacer aquello que libere al ser de sus tormentas, aunque la capa de egoísmo sirva de sayo, aunque el peculiar modo de entregar aquello que somos sea entendido por pocos, siempre será sincero, por que es así como aprendimos a darlo y siempre habrá alguien que lo valore, que no juzgue.

Duele en el alma esa lucha que silenciosa reprime y secuestra entre heridas invisibles en la piel.

Sólo son visibles en un alma rota que clama por volverse a componer.

En una voz que esconde cada una de sus interpretaciones en el teatro de una vida que sigue a trompicones.

Entre pasos alterados que no dejan sumar y más bien parecen dedicados a restar o a dividir, cuando seria más factible multiplicar por un infinito todo y a cuanto hemos sobrevivido, todo y cuanto nos diferencia a otros.

Somos distintos y siempre lo seremos, porque somos seres moldeados de vivencias, somos únicos porque nadie puede ni podrá imaginar a cuantas cosas nos hemos enfrentado, y aquí estamos de pie, con nuestras limitaciones, con nuestras mermas pero continuamos de pie, aunque a veces creemos que vivimos de rodillas.

Aunque a veces la soledad invada parcelas que no le pertenecen.

Mil batallas ya hemos librado y otras mil quedan aún por librar, mil veces hemos acertado otras tantas hemos errado y lo volvemos a intentar.

Pero continuamos de pie, aun luchando con nosotros mismos y aunque sea doloroso hacerlo, lo hacemos para tratar de entendernos, para ser más justos entre lo que recibimos y damos.

Olvidando que somos así y que jamás seremos lo que esperan, ni lo que nosotros mismos esperamos ser.

Continuamos de pie con un orgullo que no mostramos, porque nunca nos enseñaron a estar orgullos de nosotros mismos, sino a esperar que venga el reconocimiento de otros, que jamás lo dirán por no ver que tienen también esas carencias.

Y tal vez nos lleven años, o toda una vida comprender, que no debemos exigirnos tanto a nosotros mismos, que no debemos estar a la altura de nadie, más que aquella a la queramos estar donde seamos nosotros, donde estemos cómodos, donde sentirse libre y aprender que nunca terminamos de ser moldeados por cada circunstancia, por cada hecho, por cada alegría o pena que vamos guardando en el pecho.

Y mientras tanto, vamos levando anclas para para seguir
volando…

 

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