LAS AVENTURAS DE LA PULGUITA COLORADA

Con sus apenas diez centímetros de altura, va por la vida. Con su cabellera extensa, pelirroja y colmada de rastas formadas con la naturalidad del paso de los años, sus largos y minúsculos años de vida. Rescatada de una sección de juguetería de una cadena de supermercados, comenzó su vida en una casa de familia compuesta por una joven pareja independiente sin hijos, sin más responsabilidades que su casa y su trabajo. Ellos la salvaron de terminar encerrada en una caja de cartón como última instancia o, en el mejor de los casos, de que terminara en una casa de familia común como juguete de una nena humana.
*
Esa pareja, deseosa de tener una nena con quien jugar a ser padres no dudó un instante en llevársela de ese frío lugar que por las noches cierra sus puertas y apaga las luces dejando la más triste penumbra a la orden del día. Y ahí habitaba entonces, hasta que emprendieron su rescate. Ella, expectante y muy interesada en ser la hija de alguien o, por lo menos, dejar de ser un ínfimo pedacito de plástico encerrado en una caja. Vestida para la ocasión, aquél verano de fines de 2011, acorde a la época calurosa -propia del verano- lucía un mini vestido sujetado por el cuello. Muy coqueto, blanco liso en la parte de la sisa y repleta de flores en la parte de la pollera. Su cabellera colorada, lacia y muy extensa la llevaba atada con un moño haciendo juego con la vestimenta, formando una larga y prolija cola de caballo –o de pony, si nos remontamos a su contextura-.
*
A lo largo de los años fue recorriendo diversos lugares, varios hogares, suertuda como pocos “niños de mentira” (y como lamentablemente algunos niños reales que no pasan por la mejor situación familiar), gozó de vacaciones de todo tipo. Visitó la playa y el mar, disfrutó de las sierras donde más tarde sería su nuevo hogar, sus diminutos pies tocaron la arena y se remojaron en las aguas cálidas de un lago anfitrión como lo es el de Tandil así como también en las aguas cloradas y frescas de una pileta. Paseos varios, desde un pic-nic en una plaza directamente sentada en contacto con el pasto –lo mismo en las sierras- cumpleaños y reuniones familiares pero en esas ocasiones sentada sobre la mesa ya que su abreviada altura le impediría sentarse a la mesa sobre una silla.
*
Con el correr de los años fue recibiendo, además de mucho amor de sus padres-ficticios-primerizos, juguetes dignos de un ser tan ínfimo como lo es ella. Sin contar el vestuario que fue adquiriendo, según la estación del año. Desde shorts y musculosas para el verano hasta botas y traje de nieve para el gélido invierno. Infaltable un jean de su tamaño –por supuesto-, a pedido de ella misma, ya que veía y admiraba a su padre que habitualmente solía vestir jeans y su deseo de imitarlo hasta en eso la llevó a pedirle a Papá Noel ese regalito hace dos o tres Navidades. Sentada a la mesa, respeta los horarios de desayuno, almuerzo, merienda y cena –obvio- y jamás se pierde su novela favorita. Una que se estrenó en el año 2012 pero como en ese entonces ella era muy chiquitita (de edad) no recuerda haberla visto y ahora, con las maravillas de la tecnología puede disfrutarla viéndola desde la compu-tele. Eso sí, si no termina su porción de la cena, no se puede dar vuelta a ver la novela. Y si no agradece “por la comida tan rica que le hizo mamita” –como ella misma aclama- tampoco. Sus días son tranquilos, porque además de que la mayoría de ellos duerme hasta tarde, tiene la suerte de que todavía no se inventaron los jardines de infantes para muñecos, es así que no va al jardín y tampoco irá al colegio. Igualmente su edad no se lo permitiría jamás ya que sus cinco años de edad actuales van a seguir siéndolo aunque cumpla más años junto con esos dos jóvenes soñadores y con alma pura de niños. Entonces seguirá jugando con ellos a ser hija hasta que ellos tengan sus propios hijos humanos, pero mientras tanto su atención será toda para ella.
*
Casi como un bebé recién nacido –o de pocos meses de nacido- tiene depositada su camita improvisada en la habitación de sus papás. No es sólo que su hogar (como en todas las casas que vivió) sea un dos ambientes, sino que al ser un ser tan diminuto su camita fue ubicada sobre la mesita de luz de mamá. “Cama” podría decirse, pero a simple vista se podría apreciar una mini bolsa de dormir improvisada con un calcetín donado por su madre. Y así duerme tapada todas las noches calentita en ese lecho, al lado de sus papis.
*
Lo más divertido de esta miniatura de “persona” –o personita como les gusta llamarla a sus papis-, es que muchas veces tiene salidas inesperadas, propias de una nena de cinco años por supuesto. Inventa palabras porque a esta edad escucha cosas y como le suena a ella, las repite. Por ejemplo, le encanta comer “papallitos” (lo que sería zapallitos, en este caso es muy fácil entenderla, la palabra suena bastante parecida a la original); otra cosa que podría destacar es que cuando se enteró que la familia se mudaba a “Pampil” se puso tremendamente contenta porque sabía que sus papis querían construir un futuro todos juntos allí y, hasta ella, deseaba y soñaba con el almita propia de una niña mudarse a esa ciudad que los había cautivado a los tres por igual –al punto de que el tiempo que esperaron que este proyecto se concretara, la pequeña hija se plantaba frente a la ventana de su antiguo hogar mirando más allá de la ciudad donde, cerca del río de La Plata se poblaba de árboles y no se veía el horizonte, y como lo confundía con su actual hogar emocionadísima aclamaba “¡parece Pampil!”. No sé por qué extraña razón, ella confunde todas las palabras y cree que empiezan con la letra “P”. Algunas otras simplemente las inventa o pronuncia a su manera, es así que ama el sonido que producen al cantar en pleno vuelo los “chipatos”, más conocidos como chimangos. Ave muy pobladora de su ciudad de residencia.
*
Ella es muy coqueta, como dije antes le encanta cambiar de vestuario y “parecerse a mamá”. Tal es así que hasta hace poco le robaba un poco de perfume para ponérselo y oler igual que ella. Eso sí, a la hora del baño es muy parecida a cualquier chico: no le gusta para nada bañarse y cada vez que sus padres quieren llevarla debajo de la ducha para bañarla ella protesta. Y como son “primerizos” –o ella es “hija única”- terminan siempre negociando con algún “premio” para luego del baño y así lograr que sumerja su pequeño cuerpito bajo el agua. No sé si su resistencia al baño se deba a esa rebeldía infantil o quizás, en el caso particular de ella, sea una cuestión de inmensidad que le significa esa lluvia proveniente de la ducha.
*
Así son los días de esta nena-muñeca, como los de cualquier niño de su edad, a veces también comete la torpeza propia de una nena y dice alguna palabrota que no debería pero escucha por ahí y repite; a veces se pone “protestona” por algo que no le gusta o le parece mal, pero con una charlita con mamá o con papá –o con los dos- logra entender el asunto y se le pasa.
*
Ella es puro amor, siempre tiene una hermosa sonrisa dibujada en su rostro y cuando está contenta y feliz por algún motivo especial le resalta más que otros días; le gusta que la abracen y le gusta abrazar. Cuando escucha alguna canción que le llama la atención, la reproduce –obvio a su manera, con palabras inventadas o dichas como le salen- y les saca unas cuantas carcajadas a sus padres. Cuando está en casa, le gusta hacer vida de oso, es decir mimos y ahora en invierno taparse con algo que oficie de frazada (ya sea un abrigo de papá o de mamá o sus padres mismos teniéndola a upa); cuando salen todos a pasear le encanta admirar el paisaje y observar la hermosura de la naturaleza. A pesar de ser en realidad de plástico, es tierna como un pedacito de algodón y dulce como un caramelito de dulce de leche. Y no se parece a ninguna otra, el resto de las muñequitas de plástico son distintas, artificiales, sin gesto, duras; en cambio ella se mueve y por sus propios medios. Ella es única. Mágica. Especial. Simpática. Adorable. Y por sobre todas las cosas, súper amada.

Deja tu comentario, así nos haces grande

A %d blogueros les gusta esto: