PROSA COTIDIANA

La oscura comodidad de la locura

Recuerdo de una loca que prefirió permanecer en la oscura comodidad de la locura

Iniciaste como un destello creciente que acabó invadiendo mis sueños, presentándote cada noche sin razón dentro de mi cordura.

Desde siempre, has sido tú.

La llama eterna, el fuego infinito que fue llenando mi mente de falsos e interminables pecados; de esos pecados impuros que se cometen tan sólo por el acto de vivir.

Siempre fuiste esa chispa que me arrojaba al infierno y las palabras que se quedaron marcadas en mi alma y en mi ser, calcinando cada deseo, cada paso, cada destello de vida.

 

Sin piedad, te aparecías en mis sueños, matando todo lo que en mí vivía, transformándolo todo en dudas y en grises angustias que morían cada noche y revivían con extrema fuerza al amanecer.

Así, invadías mi cama y mi cuarto también; llenabas mis días y hasta mi propia respiración que con el tiempo fue respondiendo a un ritmo ansioso cargada del fétido olor a dolor.

 

Y era tanto lo que yo temía que me abrazó el pánico por saberte siempre presente, acechando cada instante de mi mente; abrasando cada micra de mi ser.

 

Y no conforme con invadir mi habitación, te reías de mi al asomarme temerosa a mi ventana.

-¡Que miedo!

Que eterno e irremediable miedo saber que vives dentro de mí. Porque con las palabras hirientes que el mundo me daba, con la soledad impuesta por la gente que me rodeaba; te hiciste cada día más fuerte.

Hoy, sola. Estoy sola, sentada en medio de esta densa oscuridad; rodeada de mil locos igual que yo.

Porque el temor que me dejaste me obligó a elegir separarme del mundo; aunque siga cada instante amenazada por ti.

 

No entiendo aún cómo puedo llevarte tan dentro, a pesar de estar aquí sola entre gruesas cortinas en donde la nívea negra se convierte siempre en ti. Siempre en tus palabras agonizantes haciendo que de nada sirva la decisión de apartarme del mundo para refugiarme en esta dolorosa inconsciencia que me convierte en una loca.

Loca, ni siquiera de atar, que dejó de vivir para latir hasta siempre encerrada en la falsa paz de la locura adoptada en donde, sin remedio, siempre acechas tú.

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