La niña-mujer (que no pudo nacer)

La niña

Hoy la madre-corazón golpea una vez más a mi puerta dejando correr esas lágrimas, inundando mis ojos al saberla partir

Miro al cielo como buscando a ese gigante monstruo misterioso e intento comprender cómo es que ese vil y oscuro engendro intangible es capaz de arrebatar de la vida a un ángel de luz

No cabe en todo el celeste del cielo iluminado del sol -ni siquiera en el azul de la noche- toda esa negrura despreciable, no es posible, me niego a creer que sea real

Y (otra vez) me susurra con congoja la madre que me nació dentro pero esta vez desde el pecho fatigado, apretado por la incomprensión

La misma que suele suavizarme con aroma a caramelo y fruta hoy me sugiere el amargo de un veneno letal

La misma amargura que me niega la respiración (aireada y fluida) de siempre

El sinsabor en el pecho me recuerda el frío tajante del invierno más crudo y escarchado

Días pasados el cielo llovía tristeza e incertidumbre, hoy en las alturas salió el sol demasiado temprano, porque al mismo tiempo ella arribaba a las puertas del edén.

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