PROSA COTIDIANA

La mujer de gris

-Ella odia la luz- La mujer del pelo gris asustó a David con su susurro quedo.

– ¿Qué?¿Quién?

– No me hagas decírtelo chaval, ya sabes quién.

David frunció el gesto y con un ademán de la mano hizo por ignorarla. Ya volvían los sueños, pensaba que estaba curado. Tendría que llamar al pscicoanalista otra vez.

-No, el tiempo;

Se va cuando la ténue luz alumbra la estancia.

Un susurro quedo suspira dentro del corazón de David. El miedo inquieto demora la argucia del tedio.

-Ese cuello torcido joder-

-¿Qué dices David?

– No lo ves cago en dios?

– No. Deliras, es la sensación ostia. Relaja.

David intentó respirar.

Uno,dos,tres…

Hasta siete.

Una vez

Dos

Tres…

Respirar

Acallar el silencio y respirar.

David continuaba mirando.

No conseguía salir de ese trance artificial en el que se había metido el solito.

Ya se lo habían dicho sus amigos aquella tarde.

Deja de meterte tanta mierda, terminarás en el inframundo, arrastrándose de un lado a otro, pidiendo luz.

Y ella te hará compañía siempre, sí, ella. Esa mujer de cabellos grises y tez pálida.

Pero él quería seguir viviendo así, era lo mejor, que maravilloso entrar en trance sin tener que meditar ni esas tontas ideas de los frikis.

Su vida era tediosa pero la realidad es que tenía miedo. Le apresaba y le rodeaba de barrotes se acero que no era capaz de atravesar. Pero la realidad era muy distinta, no quería hacerlo.

Su experiencia vital había sido tan desastrosa que se había quedado entre dos mundos y no era capaz de avanzar, necesitaba un impulso y su amigo estaba dispuesto a provocarlo.

Él sabía, por qué lo había experimentado en algún momento de su vida, que el miedo paraliza, bloquea y pasas a ser un muerto viviente vacío de todo y dónde hasta el silencio te crea mas miedo.

Soledad es la palabra que acompaña pero no vencería esta vez.

Le dio un par de hostias bien fuertes, le metió en el aseo, pues se encontraban en la parte trasera de un garito de mala muerte.

Le metió la cabeza en Water al mismo tiempo que pulsaba el botón que ahora sustituía a la cadena y el gruñó y gimió como un niño perdido en una horrenda pesadilla

Le llevó a casa y se acostó a su verá y le observó en cada uno de sus movimientos, de sus gestos.

Cuando abrió los ojos la estancia estaba llena de luz, un hermoso día de otoño.

Sus primeras palabras fueron. » Ella está conmigo, pero ya no tiene el cabello gris»

Y con ayuda de algunas metódicas y disciplinadas tareas añadidas a su desastrosa vida, caminaría a la luz con ella a su verá. Sería su inspiración o su conciencia.

Su alma había dejado el humo negro, la bestia, en la taza del Water.

Gustavo & Marijose

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