La magia de la Navidad

¡Feliz Navidad!

Jaime esperaba ansioso la llegada de la Navidad. Desde varios días antes andaba diciendo a todo el mundo que le había pedido a Papá Noel lo que más ilusión le hacía, una bicicleta.

Sus padres, Juan y María, pasaban por una racha de grandes dificultades económicas desde que María se quedase sin trabajo meses atrás. Juan era ya un parado de larga duración, llevaba más de dos años en paro desde que la empresa en la que trabajaba quebró por culpa de la crisis. Sus esfuerzos para llegar a fin de mes eran demasiados, estirando de aquí y de allá para poder pagar las facturas y la hipoteca de la casa.

Jaime, con seis añitos recién cumplidos, era totalmente ajeno a la realidad que se estaba viviendo en su casa. Estaba como loco de alegría desde que el fin de semana anterior se hubiese subido a las rodillas de Papá Noel en el centro comercial. Este le había preguntado qué quería de regalo y le contestó con gran firmeza que sí cuando Jaime le dijo que una bicicleta. María por poco no le arranca las barbas en el mismo sitio, pero mantuvo el tipo con su mejor sonrisa y se despidió de aquel inoportuno Santa Claus tirando del brazo de su hijo. En menudo aprieto le había metido. A ver ahora cómo le contaba a su hijo que no iba a poder ser.

Mientras, Jaime era el niño más feliz del mundo. No paraba de hablar de lo bien que lo iba a pasar con su bicicleta nueva.

– Hijo -, le dijo con dulzura María -. A lo mejor Papá Noel no puede traerte el regalo. Él está ya muy mayor y tiene que repartir regalos por todo el mundo, a lo mejor no le da tiempo a llegar aquí, o no tiene fuerzas para traer un regalo tan grande. ¿Por qué no pides algo más pequeñito?

María intentaba por todos los medios quitarle a su hijo esa idea de la cabeza, al igual que Juan, pero Jaime ya estaba convencido.

– Pero mamá, si el otro día me dijo que sí. ¡Por fin voy a tener mi bici!

Un par de días antes de Nochebuena, como el pequeño ya estaba de vacaciones, María le llevó consigo al mercado para hacer la compra de su modesta cena para Navidad. Estaban en la cola de la frutería, donde habían coincidido con Paula, una de las amigas de María. Tras un poco de charla entre ellas, esta le preguntó al pequeño con toda su buena intención qué le había pedido a Papá Noel. Jaime, entusiasmado, le respondió que una bicicleta. A Paula no se le escapó la cara de tristeza que puso María ante aquel diálogo. Para infundirle ánimo, le dijo, dándole un codazo: “¡Anímate María, que es Navidad! Y en Navidad todo es posible…”

María recibió el comentario de su amiga con una media sonrisa prefabricada en su rostro e intentó salir del atolladero lo antes posible. Lo que no sabía era que a Paula se le había encendido una bombillita.

Así, la tarde de Nochebuena se esforzaba María por que la humilde cena que iba a poder ofrecer a su familia fuese lo más vistosa posible. Estaba organizando la única tableta de turrón que se permitió comprar en una bandejita, cuando su amiga le llamó por teléfono. Juan y Jaime jugaban en el salón mientras los villancicos sonaban a todo volumen.

Un grito de júbilo se escapó de la garganta de María cuando su amiga le contó lo que tenían que hacer. Así que convenció, no sin esfuerzo, a los chicos para que salieran a dar un paseo por el parque que había a las espaldas de su casa, con la excusa de que le diera el aire al pequeño. Mientras ellos estaban fuera, Paula subió a casa de María. Llevaba en sus manos una bicicleta preciosa. Entre el grupo de amigos de la pareja, habían aportado el dinero suficiente para que Jaime tuviese la mejor bicicleta posible. Venía engalanada con un precioso lazo rojo.

María se deshacía en agradecimientos hacia su amiga, que con rapidez pasó a restarle importancia. Sabía que en cualquier momento podría ser alguno de ellos el que se encontrase en su misma situación, y que María no dudaría en hacer lo que estuviese en sus manos por ayudarles. Era lo menos que podían hacer por sus amigos.

En la mañana de Navidad, Jaime corría al dormitorio de sus padres con lágrimas en los ojos. Junto al pequeño árbol de Navidad que con tanta ilusión habían decorado, no estaba la bicicleta que le había prometido Papá Noel. La decepción en los ojos del chiquillo inundó a Juan y María de un auténtico sentimiento de ternura, a la vez que de culpabilidad, por lo que presurosos se levantaron y le guiaron hacia el árbol de nuevo.

– Mira, Jaime. Ahí entre sus ramas parece haber un sobre escondido, ¿no? – le dijo su padre -. Corre, ábrelo a ver qué pone.

El chiquillo aún hipaba cuando cogió el sobre de entre las ramas del árbol. Lo abrió con cuidado y leyó en voz alta el contenido de la nota que había en su interior:

Querido Jaime,

Papá Noel nunca rompe sus promesas. Sal a la terraza para ver el regalo que he dejado para ti. Espero que te guste.

Jo, jo, jo.

El pequeño Jaime salió corriendo, en pijama, hacia la terraza. Allí estaba, ataviada con su gran lazo rojo, la bicicleta más bonita que jamás había podido imaginar. Ahora, las lágrimas que saltaban juguetonas de sus ojos eran de emoción.

Al mirar hacia abajo, María vio con admiración cómo todas sus amistades esperaban apostadas bajo su balcón para asistir a tan ansiado momento. Y todos ellos comenzaron a aplaudir y vitorear a Jaime.

Sin duda, la generosidad de sus amigos había conseguido devolver la magia a la Navidad de su familia.

About Ana Centellas

Soy Ana profesional de los números,apasionada del mundo de la letras,iniciando mi aventura literaria, aprendiendo un poquito más cada día y compartiendo mi sueño con una familia genial.

11 comentarios en “La magia de la Navidad

  1. Ana nos brinda un texto amable y optimista, como siempre con su prosa fluida y clara.
    En el que destaco la gracia que me ha hecho imaginar a María lanzándose sobre el Papá Noel del centro comercial. Por bocas 😀

  2. Muy emotivo Ana…Un gran relato, la solidaridad de la verdadera amistad hace posible que la magia no se vea alterada en navidad. Un gran abrazo y FELIZ NAVIDAD!!!!

  3. Usted ha contado una historia de Navidad de una manera maravillosa, Ana, con un pequeño giro cerca del final para mostrar el verdadero espíritu de la Navidad. Damos a otros nuestros pequeños regalos imperfectos para conmemorar el regalo perfecto que el Padre nos ha dado. Recordemos hacer eso todos los días del año, en pequeñas y grandes maneras. Por qué no? ¡Feliz Navidad, Ana! Feliz Navidad a todos!

Deja tu comentario, así nos haces grande

A %d blogueros les gusta esto: