POEMAS,  POESÍA,  PROSA COTIDIANA,  PROSA POÉTICA

LA LUNA, SU TESTIGO

La luna iluminó con su blancura brillante 
la ventana desde el azul negruzco 
del cielo anochecido.

El aire devenido en brisa fresca 
acariciaba sus espaldas contiguas 
y sus párpados reposados.

El tiempo se hallaba en la quietud
de ese instante perfecto, 
en el usual anochecer de verano.

El calendario pudo haber marcado 
un lunes o un sábado con la misma calma 
y el mismo instante perfecto.

El sonido tenue de los grillos saltarines
y la luz de esa luna que se marchaba débil 
hasta que a un costado se hizo ausencia.

Las únicas sábanas que los cubrían 
eran las del amor, que se ventilaban
junto al aire rozagante del campo.

 

[El presente poema de mi autoría forma parte de la antología de poesía de Tahiel ediciones, recientemente publicada en Buenos Aires, Argentina]

3 Comentarios

Deja tu comentario, así nos haces grande

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: