La leyenda del hombre que flotaba sentado sobre las aguas

La leyenda del hombre que flotaba sentado sobre las aguas

 

 

 

En mi pueblo vive Juan, un hombre sencillo. Pasa aquí grandes temporadas ya que ahora está jubilado, después de trabajar durante casi toda su vida para uno de esos cuerpos de seguridad del estado.

Tiene una afición que le apasiona, la pesca. Junto a su grupo de amigos pasan horas pescando en el pequeño pantano que se encuentra en mi querida dehesa.

Para obtener los mejores resultados suelen madrugar mucho, tanto que aun es de noche cuando puedes verles colocando sus sillas plegables  y cañas de pescar para pasar el rato hasta que salga el sol primero, y luego hasta que el calor comienza a arreciar. Quizás esa sea la única manera para que los días no resulten tan largos en este verano aciago y extremo de Extremadura, tan agobiante a veces.

Aquella mañana, como cualquier otra Juan cogió su coche y recorrió los escasos tres kilómetros que separan el pueblo de la Dehesa, o sea de el pantano. Como siempre era de noche y por causalidades de la vida, esa mañana había llegado el primero así es que tendría asegurado el mejor sitio, en primera línea. Procuró acercar el coche lo máximo que le era posible al pantano, pero con la oscuridad y el leve desnivel hacia la orilla, su coche quedó atascado en la capa de lodo del descenso hacia el borde del agua. El desnivel era aún mayor visto desde allí, de lo que él había calculado. Pensó que de no hacer algo rápido terminaría volcando su coche y fue entonces cuando entre los nervios y la noche, viendo como se adentraba aun más en el agua debido a la pendiente. Juan se puso muy tenso, tanto que en lugar de apretar a fondo el freno, apretó el acelerador.

El vehículo se precipitó a toda máquina hacia el centro del pantano. No es que cubra mucho el lugar en cuestión, pero si lo suficiente como para hacer desaparecer un coche.

Juan se armó de toda la templanza de que fue capaz y espero a que su coche se llenara de agua. Sólo cuando estuvo totalmente sumergido, abrió la ventanilla del conductor y agarrándose al techo logró encaramarse, no sin dificultad, debido a su avanzada edad. Consiguió subir y comprobó que se encontraba en medio del agua. De nuevo y por segunda vez, fue consciente de que sus piernas seguramente debido a los nervios, y al susto no le iban a responder apropiadamente para llevarle hasta la orilla nadando. Sabía que en breve alguno de sus amigos haría acto de presencia y decidió con toda su sabiduría esperar.  Estaba cansado, el agua apenas le cubría los pies, por lo que se sentó sobre el techo de su coche a esperar la deseada ayuda.

Cuando uno de sus compañeros de pesca llegó y lo vio allí, primero naturalmente se rió, luego llamó a la Guardia Civil para que hicieran lo pertinente con su amigo. Los de la benemérita no entendían muy bien la situación que el amigo intentaba explicarles, así es que le pidieron que tomara una foto y se la enviara, y así lo hizo. De hecho es la que encabeza esta historia, la auténtica, esa que corrió como la pólvora por los guasap del pueblo. No me preguntéis cómo llegó a mi, es un secreto bien guardado. Espero que no me denuncie el autor, que seguro no leerá nunca este blog.

Sigo mi relato…

Naturalmente no fue la única llamada que hizo su amigo. Bueno él y los otros pescadores que fueron llegando paulatinamente al lugar de los hechos. Unos llamaron a sus familias, otros a los bomberos, otros al Alcalde… En fin que allí empezó a aparecer tanta gente que en lugar de un rescate parecía una verbena. Todos los curiosos querían contemplar el milagro del hombre sentado sobre las aguas.

La mofa popular que se ceba con estos temas dio buena cuenta del infortunio de Juan.

Desde la humildad de esta aprendiz de contadora de historias, que con el permiso de Juan no puede desaprovechar esta estupenda ocasión para contarla, quiero reconocer mi admiración por este hombre, expresar mi reconocimiento a su sabiduría, paciencia y valentía. Ya que seguramente este hecho hubiera terminado en desgracia si estas cualidades de Juan no se hubieran reunido. Estoy segura de que muchos de los que se rieron y reirán con su historia no habrían salido igual de airosos de este mal trago.

Por ello os pido que tengamos la sensatez de no juzgar los hechos, sino los resultados, y felicitar a Juan por su sangre fría, por tener esos amigos en los que se puede confiar. Pero sobre todo por conocer mejor que nadie lo que había que hacer en esa situación y dónde estaban sus límites como ser humano. Es una gran lección la que nos ha enseñado Juan, “El Hombre Sentado Sobre Las Aguas”.

Gracias Juan, que disfrutes de tu pesca muchos años, y que pueda seguir viéndote con tu caña cuando camino por esa Dehesa que ambos adoramos.

@carlaestasola

Pasó y se escribió este verano en un lugar de Extremadura.

Ella
Carla Duque es el pseudónimo de una mujer que no creía en sí misma. Aprendió a integrar en su vida cotidiana todos los grandes adelantos de la tecnología desde hace tanto que no alcanza a recordar, lidiando con todo tipo de engendros con teclados. Sobrevivió al cambio de siglo adaptándose a su entorno, no sin esfuerzo. Fue acusada en juicio sumarísimo de huir de la realidad con este personaje, no sabían sus jueces que nada había más lejos de su realidad que la vida real.

Yo
Soy en la medida en que me dejo llevar por las teclas, procuro con toda la torpeza comprensible en una advenediza, enlazar sílabas, componer palabras que se asocien entre sí expresando todo aquello que mí día a día no me permite expresar.

Desde niña me desahogué ante un folio y traté de asesinar mis recuerdos, más todo acababa siempre en una papelera, una hoguera, o en un cubo de basura, siempre hecho añicos.

Llego al mundo bloguero y monto mi primer blog en el año 2008. Luego, mi inconstancia me llevó al olvido. Volvía en el 2011 con otro, y otro blog… Pero no fue hasta el 2013 cuando surgió “La Mala Rosa”, le siguió “Subversión Labial”. No fue hasta mi colaboración para “El Poder de las Letras” desde hace dos años al que debo mi recién estrenado metodismo. He conseguido a regañadientes sentarme con periodicidad a escribir para mi cita de los viernes con los lectores.

Y hasta aquí puedo escribir, el futuro es incierto, sigo sin creer en mí misma, pero no cejo en el empeño de conseguirlo algún día.

2 comentarios en “La leyenda del hombre que flotaba sentado sobre las aguas

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